Cómo algunos internos de campos de prisioneros crearon las mejores armas soviéticas (Fotos)

МАММ/МDF/russiainphoto.ru; NKVD Archive; Bundesarchiv 28
Las autoridades soviéticas encarcelaron a cientos de científicos, pero les permitieron seguir trabajando entre rejas por el bien del país. Gracias sus proyectos más exitosos, más de uno de estos científicos-convictos fue incluso nominado para las más importantes condecoraciones soviéticas.

En la década de 1930, en la Unión Soviética sucedió algo inimaginable: El trabajo de diseñar las armas más modernas para el Ejército Rojo fue asignado a... convictos. Durante el período de represión masiva, cuando la gente terminaba en prisión o en campos de trabajos forzados en base a meras denuncias (a menudo escritas por colegas envidiosos), cientos de científicos, diseñadores e ingenieros se encontraron entre rejas. Según el aviador Mijaíl Gromov: "Personas fueron arrestada porque algunos diseñadores de aviones escribieron denuncias en contra de otros, cada uno alabando su propio avión y tratando de arruinar las carreras de los demás”.

Declarados “enemigos del pueblo” y condenados por traición, espionaje o sabotaje contra el Estado soviético, los científicos condenados poseían, sin embargo, demasiados conocimientos valiosos y experiencia profesional como para ser simplemente desterrados y obligados a talar árboles en Siberia.

Así fue como aparecieron en la URSS las “oficinas especiales de diseño” o “oficinas técnicas especiales”, conocidas como sharashkas en la jerga de las prisiones. Dentro de ellas, tras una cerca de alambre de espino y bajo la supervisión de guardias de la NKVD [policía secreta] armados con metralletas, los científicos condenados “expiaron su culpa” trabajando en la defensa del país.

Sharashka en el distrito de Marfino, Moscú

Las condiciones de vida en las sharashkas eran, sin embargo, mucho mejores que en las prisiones ordinarias: Los internos tenían ropa de cama blanca y limpia, duchas, bibliotecas, cigarrillos, pasteles y galletas para el té y, por supuesto, las instalaciones que necesitaban para su trabajo. Los científicos condenados fueron relevados de las tareas de limpieza y se contrató personal externo para estos fines. Sin embargo, estas instituciones no eran centros de salud y a menudo el personal de la NKVD trataba a los científicos de forma deliberadamente brutal, para que no olvidaran que eran “enemigos de los trabajadores”.

Docenas de los mejores especialistas del país pasaron por estas oficinas de diseño especial: Serguéi Koroliov, “el padre de la cosmonaútica soviética”, que mandaría al espacio a Yuri Gagarin en 1961; Vladimir Petliakov, diseñador del Pe-2, el bombardero soviético de mayor producción en masa de la historia; Nikolái Polikarpov, creador de los principales aviones de combate soviéticos, el I-15bis, el I-16 y el I-153; y muchos otros diseñadores de aviones, tanques, sistemas de artillería y submarinos, así como químicos, arquitectos, matemátvicos, ingenieros de minas, etc.

Serguei Koroliov en 1940.

En las oficinas de diseño especial se desarrollaron los principales bombarderos soviéticos Pe-2 y Tu-2, se mejoró el cañón antitanque de 45 mm y se diseñó el tanque anfibio T-37, el obús autopropulsado Su-152 y muchas otras armas. Pero la lista de logros no se limitó al armamento. Las sharashkas también trabajaron en proyectos como el diseño de interiores de las oficinas del Comisario del Pueblo para Asuntos Internos [responsable del NKVD], salas de conferencias en el Kremlin de Moscú y dachas del gobierno en la isla Kameni en Leningrado.

Su-152 capturado por las tropas alemanas.

Estos encargos llegaban tanto del Kremlin como de las autoridades regionales. Por ejemplo, se recibieron instrucciones del Comité Central del Partido Comunista de Abjasia para diseñar interiores para el barco de vapor “Sebastopol”, así como para veleros y torpederos G-4 para el NKVD, y las estas tareas se llevaron a cabo con éxito.

Torpedero G-5

Surgió una situación paradójica en la que un nuevo caza para la Fuerza Aérea Soviética podía ser desarrollado simultáneamente por varias oficinas de diseño, una de las cuales estaba formada por “enemigos del pueblo” que vivían y trabajaban entre rejas. A menudo estos equipos de convictos lograban más éxito que sus colegas en el exterior.

Pe-2, el bombardero soviético

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, empezaron a aparecer sharashkas para los especialistas alemanes, ubicados bien en la zona de ocupación soviética en Alemania, bien en el interior de la URSS (en su mayor parte, se especializaron en la construcción de motores y en el desarrollo de misiles balísticos y armas nucleares). Algunos de estos hombres fueron captados entre los prisioneros de guerra, mientras que otros llegaron voluntariamente para trabajar para su antiguo enemigo. Allí encontraron buenas condiciones de vida (para los estándares soviéticos) y buenos salarios. Sin embargo, su libertad estaba muy restringida: los científicos tenían que pasar todas sus vacaciones exclusivamente en los asentamientos en los que vivían, y la NKVD se aseguraba de que se cumpliera la norma.

МАММ/МDF/russiainphoto.ru

Un proyecto exitoso desarrollado en prisión a menudo conducía al perdón y proporcionaba un boleto a la libertad a un científico y sus colegas. A los especialistas liberados de la prisión se les borraban las condenas de sus expedientes (hubo excepciones, por ejemplo, Vladímir Petliakov, que fue liberado en 1940 y murió trágicamente dos años después, siendo absuelto totalmente a título póstumo solo en 1953) se les restituían sus derechos y recuperaban sus empleos. Además, por sus logros, los ex convictos recibieron a veces uno de los más altos galardones soviéticos, el Premio Stalin, con lo que pasaron esencialmente de ser “enemigos del pueblo” a ser héroes nacionales.

Vladímir Petliakov

La historia de las sharashkas terminó con la muerte de Stalin. Después de 1953, todas las instituciones de este tipo fueron cerradas. Muchas de ellas se convirtieron en institutos normales de investigación científica y existen aún hoy en día.

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