Cuando la Unión Soviética planeó aplastar a la OTAN en una semana

La Flota del mar Negro durante ejercicios militares.

La Flota del mar Negro durante ejercicios militares.

Mijaíl Kujtariov/Sputnik
Moscú estaba seguro de poder doblegar a su principal enemigo y evitar el estallido de un apocalipsis nuclear a gran escala.

Durante la época de la Guerra Fría, las dos superpotencias rivales (la URSS y Estados Unidos) estuvieron listas en cualquier momento para el estallido de una guerra caliente entre ellas. Todo el mundo estaba seguro de que la Tercera Guerra Mundial sería nuclear y aseguraría una destrucción mutua asegurada (MAD).

Desfile militar en la Plaza Roja para celebrar el 55º aniversario de la Revolución de Octubre.

Sin embargo, en 1979, los soviéticos desarrollaron un plan sobre cómo aplastar a su enemigo más acérrimo, evitando además el apocalipsis nuclear general. El plan “Siete días hasta el río Rin” preveía que las fuerzas de la OTAN en Europa serían aplastadas en sólo una semana.

Una respuesta a la agresión

Moscú creía que la OTAN atacaría primero. Según el plan, la alianza bombardearía 25 objetos en Polonia a lo largo del río Vístula con bombas nucleares, convirtiendo el país en una zona contaminada y devastada, y aislando efectivamente a las tropas soviéticas en Alemania Oriental, Hungría y Checoslovaquia de sus principales bases en la URSS.
Esto, sin embargo, desencadenaría inmediatamente la acción del Pacto de Varsovia. Las fuerzas nucleares soviéticas atacarían Alemania, Bélgica, Países Bajos, Dinamarca y el norte de Italia. Así, la sede de la OTAN en Bruselas sería destruida.

Ejercicios de combate de los paracaidistas de la Guardia.

Al no bombardear a Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, los soviéticos querían crear una división entre los aliados occidentales. Sabían que no el mando general de la OTAN, sino los dirigentes estadounidenses, franceses y británicos decidían por separado cómo y cuándo utilizar sus armas nucleares. Con esta maniobra, la URSS les daría una difícil elección: utilizar sus armas nucleares contra los soviéticos y ser obviamente bombardeados a cambio, luchar sin utilizar las capacidades nucleares o incluso quedar fuera del conflicto. Con las complicadas relaciones de Francia con la OTAN, que abandonó en 1966 (aunque siguió cooperando con ella), esa perspectiva no era del todo increíble.

Una vez realizados los ataques nucleares, los ejércitos soviético y checoslovaco planeaban romper las líneas enemigas en dirección al río Rin. Dado que, en tanques, superaban en número a la alianza varias veces, estaban seguros del éxito. Al mismo tiempo, la neutral, pero estratégicamente importante Austria, debía ser también atacada y ocupada por los húngaros.

Mientras que los grupos de despliegue soviéticos capturarían importantes puentes sobre los ríos, la aviación del Pacto de Varsovia estaba destinada a acabar con los aeródromos y las bases militares europeas de la OTAN.
Una importante misión fue encomendada a la marina soviética. Su tarea era nada menos que cortar todas las comunicaciones entre Estados Unidos y Europa en el Atlántico e impedir que los estadounidenses enviaran refuerzos a sus aliados. Los submarinos soviéticos perseguirían y destruirían la principal fuerza estadounidense: los grupos de ataque de portaaviones. Mientras tanto, los submarinos nucleares soviéticos en el Océano Ártico debían estar preparados para responder a un posible ataque nuclear de Estados Unidos.

Plan ingenuo

Moscú creía que, si todo iba según el plan, las principales fuerzas de la OTAN en Europa serían aplastadas en el transcurso de siete días. En caso necesario, el ejército soviético continuaría su avance hacia Francia. Los dirigentes de los países occidentales, sorprendidos y distraídos, no tendrían más remedio que sentarse a la mesa de negociaciones y se podría evitar la guerra nuclear a gran escala.

Ejercicios de combate de los paracaidistas de la Guardia.

El mando soviético, al confeccionar este atrevido plan, ignoró por completo la doctrina de defensa colectiva de la OTAN, proclamada en el Tratado del Atlántico Norte de 1949, que establecía que el ataque a un miembro de la alianza era un ataque a todos ellos. La OTAN estaba dispuesta a intensificar la guerra nuclear a gran escala en caso de que un solo estado miembro fuera atacado con armas nucleares, sin importar si poseía sus propias armas nucleares o no.

Incluso los aliados soviéticos más cercanos del Pacto de Varsovia consideraban el plan ‘Siete días hasta el río Rin’ demasiado optimista y casi imposible de llevar a cabo. Aun así, los soviéticos realizaron durante 10 años simulacros secretos basados en este plan, hasta finales de la década de 1980.

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