Cómo un bolchevique acabó convertido en un nazi de alto rango

Historia
BORIS EGOROV
Hitler llamaba ‘bolchevique’ a Roland Freisler, pero aun así le encargó la ejecución de los principales opositores políticos del Tercer Reich.

El presidente del Tribunal Popular del Tercer Reich, Roland Freisler, fue, en palabras del historiador estadounidense William L. Shirer, “quizá el nazi más siniestro y sanguinario del Tercer Reich después de Heydrich”. Sin embargo, antes de convertirse en un fanático seguidor de Hitler, había mantenido opiniones diametralmente opuestas.

El comunista

Al estallar la Primera Guerra Mundial, Roland Freisler, natural de Celle, en la Baja Sajonia, se alistó como voluntario en el frente. Tras haber mostrado una valentía extraordinaria en el campo de batalla, fue condecorado con la Cruz de Hierro de 1ª y 2ª clase.

Pero la trayectoria de combate de Freisler no fue larga: en 1915 fue capturado por los rusos. Cuando estaba en un campo de prisioneros de guerra tuvo lugar la Revolución Rusa de 1917 y los bolcheviques llegaron al poder en Rusia.

Roland Freisler se vio profundamente influenciado por las ideas comunistas, leyó las obras de Marx y Engels y aprendió a hablar ruso bastante bien. En 1918, los prisioneros alemanes empezaron a regresar a casa en masa, pero Freisler se quedó en una Rusia sumida en la Guerra Civil.

Poco se sabe de este periodo de la vida de Roland Freisler. Según una versión, tras afiliarse al Partido Bolchevique, fue nombrado comisario de alimentación y se encargó de conseguir los suministros de alimentos para el Estado. Según otra versión, llegó a trabajar en la organización de seguridad del Estado, la VChK, comúnmente conocida como la Cheka.

El nazi

Roland Freisler regresó a Alemania en 1920 y se dedicó a la abogacía. Cambió por completo sus opiniones políticas y en 1925 se afilió al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

Freisler pasó toda su vida tratando de relegar al olvido su pasado bolchevique, demostrando una fanática devoción personal por Hitler y describiéndose a sí mismo como el “soldado político” del Führer.

Pero el líder del Tercer Reich siempre recordaba este incómodo hecho sobre el pasado de su secuaz y se refería medio en broma a Freisler como “nuestro bolchevique”. Hitler descartó su candidatura a ministro de Justicia, pero en 1942 dio el visto bueno para que ocupara la presidencia del Tribunal Popular.

El verdugo

Creado en 1934, el Tribunal Popular del Tercer Reich era la máxima autoridad judicial especial de la Alemania nazi y examinaba los casos de traición, espionaje y otros delitos políticos. Era prácticamente imposible eludir la pena de muerte en este tribunal. Alguien podía acabar ejecutado incluso por soltar por descuido “la guerra está perdida” o “el Führer está enfermo”. Sólo unos pocos de estos individuos tuvieron la “suerte” de acabar en los campos de concentración.

Como presidente del tribunal entre 1942 y 1945, Freisler envió a la muerte a 4.951 personas. En los ocho años de existencia anteriores a su nombramiento, sólo se habían dictado 292 sentencias de muerte.

Gracias a los esfuerzos de Roland Freisler, fueron enviados a la guillotina los líderes del grupo de resistencia clandestina ‘Rosa Blanca’ y también Elfriede Scholz, la hermana del famoso escritor Erich Maria Remarque (fue acusada de “propaganda sediciosa mendaz a favor del enemigo” y de “socavar la capacidad de defensa del país”). “Su hermano está desgraciadamente fuera de nuestro alcance. Usted, sin embargo, no se nos escapará”, le dijo en el transcurso del juicio.

El caso más destacado de Freisler fue el atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944. El presidente del tribunal no tuvo pelos en la lengua y llamó a los organizadores del complot burros, idiotas y escoria. A juzgar por las actas del proceso, habló cuatro veces más que los acusados, los abogados y los fiscales juntos.

Ronald Freisler se habría encontrado sin duda en el banquillo de los acusados de Nuremberg si el destino no hubiera marcado lo contrario. El 3 de febrero de 1945 fue herido de muerte en un ataque aéreo estadounidense sobre Berlín. En su último día de vida, había conseguido condenar a muerte a cuatro personas.

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