Cómo un niño judío soviético se convirtió en la “mascota” de un batallón de las SS

AFP
Como “el nazi más joven del Reich”, Alex Kurzem era el favorito de la propaganda alemana. Sin embargo, pocas personas sabían quién era realmente.

“Tuve que esconderme toda mi vida. Tenía que asegurarme de que nadie supiera que era un chico judío entre los nazis.” Estas palabras fueron pronunciadas por el australiano Alex Kurzem, alias Iliá Galperin, medio siglo después del final de la Segunda Guerra Mundial. Durante muchos años, nadie entre sus amigos e incluso parientes cercanos supo que a pesar de ser judío de nacimiento, había sido el “hijo adoptivo” y mascota de una unidad de las SS.

El huérfano

Un día de octubre de 1941, Iliá, de cinco años, fue testigo de una escena terrible: En su ciudad natal de Dzerzhinsk, cerca de Minsk, junto a cientos de otros judíos, los nazis ejecutaron a su madre, hermano y hermana. Se escondió en el bosque y escapó del mismo destino pero, al encontrarse solo, se vio obligado a vagar por este.

Iliá vagaba sin rumbo por el bosque, comiendo bayas, pasando noches en los árboles para evadir a los lobos y protegiéndose del frío poniéndose la ropa de abrigo de los soldados muertos.

Llamaba a las puertas de las casas y a veces conseguía comida y refugio, pero nadie quería acoger al niño por mucho tiempo.

Esta vida llegó a su fin cuando, en una aldea, Iliá se encontró con un campesino que lo reconoció como un judío fugitivo. El hombre golpeó al chico, lo llevó al edificio de la escuela local y lo entregó a una unidad alemana estacionada allí. La unidad era el 18º Batallón de Policía de Kurzeme de Letonia, que participaba en operaciones antipartisanas y en atrocidades contra la población judía en el área de Minsk.

Preparándose para morir, Iliá se acercó a un soldado que estaba a su lado: “Antes de matarme, ¿puedes darme un poco de pan?” El cabo Jekabs Kulis escudriñó al muchacho de cerca, luego lo llevó aparte y le dijo que si quería seguir vivo debía olvidar para siempre que era judío y hacerse pasar por un huérfano ruso. Y como tal, el niño fue “adoptado” por el batallón.

La senda del combatiente

Los letones pensaron en un nuevo nombre para el chico: Alex Kurzem (el batallón recibía su nombre por la región letona occidental de Kurzeme). Como no podía recordar su fecha de nacimiento, se le “asignó” una: el 18 de noviembre (el día de 1918 en que Letonia obtuvo la independencia por primera vez en su historia).

En el batallón, Iliá-Alex se ocupaba principalmente de las tareas domésticas: Pulía las botas de los soldados, encendía hogueras y traía agua. Al recibir un uniforme, un pequeño rifle y una pequeña pistola, se convertió en un verdadero “hijo del regimiento", hijo adoptivo y la mascota de la unidad.

Alex recorrió toda la república socialista soviética bielorrusa junto con su batallón, presenciando ejecuciones en masa y brutales atrocidades. “Sólo podía ver lo que estaba sucediendo”, recordó Kurzem. “No podía detener la guerra. Fui tomado por un igual a los que cometían estas matanzas. No había nada que pudiera hacer, nada. Sabía que estaba mal. Lloré... A veces deseaba que me dispararan y poder así reunirme con mi madre”.

Sin embargo, el pequeño Alex también tuvo que involucrarse alguna manera en las acciones criminales del batallón. Para calmar a los judíos que eran cargados en vagones de tren para ser luego transportados a los campos de concentración, repartía chocolates en el andén antes de que embarcasen.

El 1 de junio de 1943, el 18º Batallón de Policía se incorporó a la Legión de Voluntarios de las SS de Letonia y Kurzem cambió su uniforme por uno nuevo. “El nazi más joven del Reich” apareció frecuentemente en los periódicos y en los noticieros.

Una nueva vida

Cuando la suerte de la guerra se volvió contra Alemania y los hombres de las SS letones pasaron de las atrocidades a la participación en enfrentamientos armados con el Ejército Rojo, Alex fue enviado a la retaguardia, a Riga. Allí, fue acogido por la familia del director de la fábrica local de chocolate, Jekabs Dzenis. Con esta familia, primero viajó a Alemania y luego, en 1949, a Australia.

Durante muchos años, Alex Kurzem mantuvo la historia de su vida en secreto. Le dijo a su propia familia que, como huérfano desarraigado, había sido acogido y adoptado por una familia letona.

Cuando, en 1997, Alex reveló los detalles desagradables de su infancia, algunos de sus amigos lo repudiaron. Fue severamente criticado por los miembros de la comunidad judía de Melbourne: Le reprocharon el hecho de que hubiese sido voluntario de las SS, y también su falta de odio hacia los nazis”.

“El odio no me sirve para nada”, respondió Kurzem-Galperin. “Soy lo que soy... Nací judío, fui criado por nazis y letones y me casé por la Iglesia Católica.”

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