Cuando la Unión Soviética descubrió los vaqueros y el ‘rock and roll’

Valentín Jujláiev/MAMM
Occidente y la Unión Soviética tuvieron la oportunidad de estudiarse mutuamente en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en Moscú en 1957. Allí, no sólo los soviéticos se descubrieron las bondades de la civilización occidental, sino que los estadounidenses y europeos también vieron que detrás de la Cortina de Hierro vivían personas comunes y corrientes, y no ‘demonios rojos’.

El Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en Moscú en 1957, no fue el primero de su tipo, pero sí el más importante. Abrió el mundo a la cerrada Unión Soviética y viceversa.

Organizados por varias organizaciones juveniles internacionales de izquierda, los Festivales de la Juventud y los Estudiantes se habían celebrado desde 1947, principalmente en los países del Bloque Oriental. Cuando el sexto festival llegó a la capital soviética 10 años después, fue el más grande realizado hasta el momento, con 34.000 participantes de 131 países representados.

Durante dos semanas, del 28 de julio al 11 de agosto, Moscú fue testigo de innumerables conciertos y espectáculos, proyecciones de películas, exposiciones de arte, seminarios científicos y culturales, conferencias y reuniones, concursos intelectuales y competiciones deportivas. Jóvenes especialistas, desde arquitectos hasta criadores de animales, se reunieron para compartir experiencias. Incluso hubo un encuentro de jóvenes cristianos en el monasterio más importante de Rusia: el de la Trinidad de San Sergio, no lejos de Moscú.

El festival, que se celebró bajo el lema “Por la Paz y la Amistad”, no sólo contó con la participación de jóvenes de países de Europa del Este, africanos y asiáticos amigos de la Unión Soviética. Los moscovitas también recibieron a químicos franceses, una banda de música inglesa, jazzistas estadounidenses, músicos belgas y españoles, actores finlandeses, suecos, holandeses y muchos otros representantes del “mundo capitalista”.

El famoso músico de jazz, Alexéi Kozlov, recordó en 1997: “Es inútil hoy en día explicar a la nueva generación lo que significaba la palabra ‘extranjero’ en aquellos tiempos. La permanente propaganda, dirigida a la creación de odio hacia todo lo extranjero, hacía que esta palabra produjese en los ciudadanos soviéticos sentimientos encontrados de miedo y admiración. La Unión Soviética no sabía nada de turistas ni de hombres de negocios; los diplomáticos y periodistas no caminaban por las calles. Por eso, cuando vimos a miles de extranjeros en las calles de Moscú y pudimos hablar con ellos, nos sentimos abrumados por la euforia”.

“Recuerdo perfectamente esos sentimientos: la hermandad, el conocer a estudiantes extranjeros, jóvenes de todo el mundo”, dice otro participante, Oleg Kuznetsov.

A veces las relaciones entre los moscovitas y los extranjeros fueron demasiado cercanas. El festival preparó el escenario para la aparición, nueve meses después, de la primera generación de numerosos niños mestizos, los llamados “niños del festival”. La siguiente ola de este tipo ocurrió después de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980.

El festival tuvo una gran influencia en la cultura, la sociedad y el estilo de vida soviético. Por primera vez, los ciudadanos soviéticos aprendieron lo que eran las zapatillas de deporte, el bádminton, los vaqueros y el rock ’n’ roll. Y si las dos primeras cosas pronto fueron algo normal en la Unión Soviética, estas últimas modas tuvieron una historia más problemática. Consideradas por las autoridades como “enfermedades capitalistas”, aunque no prohibidas, no fueron bien recibidas en este país de obreros y campesinos. Sin embargo, pronto se convirtieron en objeto de culto. Un culto que se mantendría fuerte mucho tiempo después de que la propia URSS desapareciera.

Entre las numerosas canciones dedicadas al festival, una de ellas, Noches de Moscú, se hizo tan popular que aún hoy es probablemente la canción rusa más conocida en el extranjero. Fue traducida a muchos idiomas, incluyendo inglés, italiano, chino y hebreo.

Uno de los programas más populares de la televisión soviética, el concurso de humor estudiantil KVN (“Club de la gente divertida e inventiva”), lanzado en 1957, se inspiró en el Festival de la Juventud. Hoy en día es un proyecto comercial extremadamente rentable, que mantiene su éxito en la Rusia moderna.

La tradición de celebrar Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes no murió con el colapso del Bloque Oriental. Todavía se organizan en todo el mundo. Aunque algunos de ellos son eventos importantes, ninguno puede superar al Festival de 1957, tanto en números como en importancia política y social.

¿Sabías que en Rusia existe un festival dedicado a las campanas? Pincha aquí para leer sobre él.

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