‘Los austriacos creen que Moscú es un lugar peligroso’: mi vida como cantante de ópera rusa en Viena

Archivo personal, Christoph Sammer/flickr
Ekaterina Nésterova se licenció en lingüística en Moscú, pero después de haber visitado Viena, capital mundial de la música clásica, se enamoró de la ópera, se mudó allí y empezó a cantar profesionalmente. Nos ha contado cómo se matriculó en el Conservatorio de Viena y por qué los austríacos tienen miedo de visitar Rusia.

Estudié música en la escuela e incluso pensé en hacer artes vocales en la universidad, pero al final seguí los pasos de mi madre y entré en la Universidad Estatal de Lingüística de Moscú. Siempre me ha gustado mucho el alemán.

En mi primer año en la universidad, fui a Austria a estudiar y, simplemente, ¡me enamoré de la ópera! Fue entonces cuando me fijé el objetivo de estudiar en el Conservatorio de Viena. Fue una decisión un poco loca, pero estaba convencida de que lo conseguiría.

En 2008, dejé la universidad y me mudé a Viena. Mis padres no estaban precisamente encantados, pero yo estaba tan desesperada por venir aquí que incluso me apoyaron económicamente, aunque también tuve que esforzarme desde que llegué. Tenía talento para la música, pero sólo pude entrar en el conservatorio al tercer intento: la competencia era enorme.

Entre los exámenes de ingreso tomé clases particulares de canto y estudié en la Universidad de Viena, donde obtuve un título en filología alemana. Tuve que empezar desde cero, ya que el título que había estudiado en Moscú no coincidía del todo.

Canto en la Ópera Estatal de Viena, en el llamado coro adicional: uno selecciona las producciones en las que le gustaría participar y participo en audiciones para ellas. Y de las 15 personas que participan en una audición, sólo una pareja puede ser seleccionada.

También he actuado en pequeños teatros de ópera en Austria y Alemania y he viajado prácticamente por todas las zonas de habla alemana de Europa. Me encanta Turandot, La Traviata y La Flauta Mágica. Por supuesto, me gustaría tener un contrato permanente en un teatro de ópera y estoy dispuesta a mudarme: envío mi currículum a todo el mundo y viajo para realizar audiciones, incluso a Moscú.

Los austríacos y los rusos tienen mentalidades muy diferentes. Aquí hay mucha menos espontaneidad. Sólo para quedar en un café, la gente fija aquí la fecha con casi dos semanas de antelación. Un ensayo termina exactamente a la hora acordada y durante el mismo no se puede charlar ni beber té.

Aquí existe el estereotipo de que las jóvenes de Rusia tienden a ser frívolas, usando todo el rato excesivo maquillaje de noche, faldas cortas y tacones altos.

Muchos austríacos piensan que Rusia es un país dirigido por la mafia, donde sólo hay gente muy rica y muy pobre, y todos sueñan con emigrar, preferiblemente a Austria. Según ellos, Moscú es un lugar peligroso, a los pasajeros de los aviones rusos se les sirve vodka en vasos de papel, todos los rusos tienen miedo de Putin, hablan de política en casa en voz baja y sueñan con traer de vuelta a la Unión Soviética.

Muchos austríacos de anteriores generaciones visitaron la URSS para asistir los Juegos Olímpicos de 1980, y es imposible hacerles entender que la Rusia de hoy es un país completamente diferente.

Lo que echo de menos en Viena son las luces de Moscú, la sensación de estar en una ciudad vibrante, donde a cualquier hora del día o de la noche sales y algo está sucediendo, o puedes ir a una tienda de comestibles a las tres de la mañana si tienes un deseo repentino de comer mango. Aquí, todas las tiendas cierran a las 7 y a las 9 las calles están vacías y oscuras, porque todo el mundo está en casa. Dicho esto, es una espléndida ciudad imperial y tiene una cultura del café especial que no he visto en ningún otro lugar del mundo, y puedes pasar una encantadora noche de domingo en un café, leyendo un libro.

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