Góticos, ‘emos’ y otras tribus urbanas juveniles: ¿qué pasó con ellos en Rusia?

Anastasía Markélova/TASS
A lo largo de los años noventa, Rusia fue testigo del auge de las subculturas juveniles formadas por los milénicos. Góticos, punks, ‘emos’, ‘grungers’, metaleros y amantes del anime. Pero ¿dónde están ahora?

Vestidos de negro: góticos

A mediados del 2000 Timur era un gótico. Después de terminar sus estudios en una pequeña ciudad de provincias, comenzó a buscar el tener un aspecto diferente. Facebook, VK e Instagram no existían por aquel entonces (estas redes sociales aparecieron en Rusia en 2006), por lo que sólo podía charlar con gente nueva en foros y reunirse con ellos en lugares discretos que tuvieran una especie de “vibración” especial, fábricas abandonadas o en cementerios antiguos, por ejemplo.

“Una vez estábamos hablando en un cementerio a altas horas de la noche, cuando oímos que alguien se nos acercaba. Resultó que eran dos adolescentes. Dudaron un rato y se agarraron de las mangas porque ambos estaban demasiado asustados para hablar. De pronto, uno de ellos preguntó:

“Tíos, ¿sois góticos?”.

“Sí”.

“¿Y cuál es tu criterio para convertirte en un gótico?”.

Nunca antes me habían hecho una pregunta tan rara.

Timur cuando era un gótico.

Alrededor de esta época circulaban por Internet “reglas góticas” para definir lo que un gótico debía y no debía hacer, pero sólo los más jóvenes se tomaban en serio estas webs. Esto empezó a suceder también en los clubes. Las expectativas intelectuales y culturales de los grupos y sus líderes determinaban si alguien sería aceptado o no. En algunos grupos había que escuchar música de HIM o de The Rasmus para convertirse en gótico”, mientras que en otros grupos una persona que hiciese esto era expulsada y humillada. Los distintos grupos no se ponían de acuerdo en lo que era realmente ser gótico.

“Había estado viviendo en un barrio bastante malo todo el año, pero por alguna razón inexplicable los chicos locales no se atrevían a tocarme. Más tarde descubrí que me llamaban ‘Batman’. No me molestaba que pensasen que era extraño y era mejor no meterse con los raros”, explica Timur.

El movimiento gótico terminó abruptamente en 2010.

“Todo desapareció de repente y a nadie le importó. Los antiguos góticos se hicieron adultos y se adaptaron a la vida cotidiana. Menos gente asistía a eventos góticos. La cosa se puso tan mal que la gente que acudía a los eventos para ver góticos se iba desilusionada. Los góticos simplemente dejaron de venir”, recuerda Timur.

Timur en la actualidad.

Timur, de 30 años de edad, es ahora un propietario de un centro de educación psicológica. Todavía recuerda con cariño sus años góticos, en particular sus grupos favoritos Lacrimosa y Sopor Aeternus, su amor por Edgar Allan Poe y sus botas de suela gruesa.

“Cada generación tiene sus propias tendencias. Esta era una subcultura para los milénicos rusos y no me arrepiento de haber sido ser parte de ella”, añade.

‘Sería mejor ver porno’: amantes del anime

“Mis padres llevan cinco años considerando la posibilidad de romper mi computadora. Antes eran los videojuegos, ahora es el anime. Hasta el momento sólo han conseguido romper mi pantalla una vez. El ochenta por ciento de mis amigos piensan que mi obsesión por el anime es anormal. Sólo tengo un amigo al que le gusta el anime, pero se ha unido al ejército. Todo el mundo ha hecho todo lo posible por luchar contra mi adicción, pero nada me ha detenido. La única crisis que tuve fue cuando mi madre me pilló viendo hentai (anime porno). Esto le causó una gran conmoción y estaba dispuesta a llevarme a un psicólogo”, escribió en un foro un usuario anónimo en 2007.

La cultura del anime llegó a Rusia a finales de los años ochenta junto con las películas piratas.

Nikolái Novitski en 2012.

“Grabadoras de VHS fueron traídas de Japón y los Estados Unidos y a menudo los ‘piratas’ creaban una serie basada en una película. Por ejemplo, después de ver la película americana Cobra, protagonizada por Sylvester Stallone (1986), crearon toda una serie titulada El Puño de la Estrella del Norte”,revela Nikolái Novitski, de 38 años.

Su obsesión por el anime no se ha agotado. Sigue yendo a festivales de anime, donde ayuda e incluso organiza eventos.

Nikolái en la actualidad.

“Me parezco más a un personaje de anime hoy que hace 20 años. Hasta hace un par de semanas tenía una cresta y el pelo verde. No necesito trabajar, así que estoy en casa en este momento”, dice. Antes de esto, Nikolái trabajaba como gerente de logística para un pequeño almacén.

‘Era extraño ser un don nadie’: ‘emo’ y ‘rock’ alternativo

“Nos extendimos las orejas, nos perforamos los labios, la lengua y hasta las mejillas. Nos teñimos el pelo y en los conciertos saltábamos desde el escenario hacia la multitud”, recuerda Edward, de 26 años.

Hicieron casi todo lo que se consideraría emo o “alternativo”, subculturas que carecen de límites claros y que combinan el heavy metal, el punk y el rap.

Edward en 2018.

“Recuerdo cómo nos reuníamos alrededor de 50 personas para escuchar canciones, beber blazer (un refresco alcohólico que no cuesta más que un cartón de jugo de frutas y cortarnos las venas”, dice mientras se ríe. “De acuerdo, lo de las venas es broma. Realmente me molesta que la gente piense que los emos siempre están llorando y cortándose las venas. Sólo ciertos individuos que no pensaban con demasiada claridad hicieron eso. En realidad, todos éramos muy introvertidos, llenos de energía y amor, y siempre estábamos juntos”.

Ahora afirma ser un artista que hace videos. “Cuando era niño, trabajaba en obras de construcción. Más tarde trabajé como camarero y barman. Y entonces me di cuenta de que esos trabajos no eran para mí. Tampoco podía soportar la idea de tener un trabajo de oficina”, dice Edward.

Edward en 2018.

“Era muy extraño ser un don nadie sin legado que dejar”, recuerda Karina, una exalternativa de 26 años. En 2007 tuvo su propia banda. “Pagábamos150 rublos (6 dólares) por hora para tocar en un estudio de cartón lleno de humo, donde los micrófonos y los amplificadores de la guitarra podían darte una descarga eléctrica”, comenta mientras ríe.

“En aquel momento, el uso de Internet estaba racionado. Tenías que comprar, en un quiosco donde también vendían periódicos, una tarjeta para acceder a Internet durante un máximo de cuatro horas. Utilizábamos Internet para imprimir letras de canciones en inglés, de modo que pudiéramos entenderlas y pronunciarlas correctamente. Adorábamos a bandas como Linkin Park y Limp Bizkit”, recuerda Karina. Durante mucho tiempo después de la disolución de su grupo, trabajó como fotógrafa. Ahora es maquilladora. “Obviamente no he olvidado cómo tocar la guitarra, pero ya no canto ni toco para nadie porque me da vergüenza”.

Ígor Kapránov, el exsolista de Amatory, uno de los grupos de metal más populares de principios de los años 2000, sufrió una transformación radical.

Ígor Kapránov.

Todavía tiene un agujero de extensor en la oreja, recuerdo de sus años como estrella de rock, pero ahora canta en un coro de iglesia. Cree que encontrar a Dios lo salvó de la depresión y las drogas, que plagaban su vida cuando era músico.

Ígor Kapránov (a la izquierda) en la actualidad.

Culto de 2007

Existe la teoría de que las subculturas juveniles, en el sentido ordinario de la palabra, han desaparecido y que los voluntarios y los activistas por los derechos de los animales han reemplazado a los góticos y a los emos. En Rusia, los milénicos están preocupados por otros asuntos. “Hablamos de roles de género, xenofobia, patriotismo (Crimea) y el estilo de vida saludable. Esto último es particularmente importante”, concluye Elena Omélchenko, que investigó subculturas en la Escuela Superior de Economía.

“También existe la teoría de que estas subculturas nunca se extinguieron. Simplemente nos olvidamos de ellas. Aunque es posible que sean menos populares, sus representantes aún están entre nosotros. Es como decir que cuando la demanda de una carne en particular disminuye, dejamos de comerla por completo”, dice Nikolái.

“Fui a un concierto de Jane Air en Moscú (un grupo de rock ruso popular entre los emos) con mi amigo John en enero de 2016, y justo al lado se estaba celebrando una fiesta emo. ¡Una de verdad, llena de los mismos tipos de piercings, flequillos largos, pelos coloridos y schmattes! Incluso las canciones eran las mismas. Era una especie de culto al 2007. La única diferencia era que John y yo no éramos iguales, pero a pesar de ello disfrutamos del concierto de Jane Air como en los viejos tiempos”, concluye Edward.

Otra famosa tribu urbana fue la de los hippies. Si quieres saber como eran en Rusia, pincha aquí.

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