Los 10 mejores chistes del Ejército ruso

Estilo de vida
ÍGOR ROZIN
¿Quién dijo que lo militar no puede ser gracioso?

1. Un oficial llama a uno de sus soldados:

“Petrov, ¿crees en la vida después de la muerte?”

“¿Señor?”

“Tu abuela te espera en el puesto de control, aunque fuiste a su funeral hace dos semanas”.

2. Un hombre captura un pez de oro que le dice:

“Cumpliré todos tus deseos”.

El hombre responde:

“Quiero convertirme en Héroe de la Unión Soviética”.

Parpadea... y entonces se ve a sí mismo con dos granadas en las manos y frente a cinco tanques...

3. Sargento, vuelve a revisar el expediente personal del recluta Petrov. Después de cada práctica de tiro, limpia sus huellas dactilares del arma.

4. Dormía bien antes de alistarme en el Ejército, porque sabía que me custodiaban. Mientras servía, dormía mal porque yo mismo era el que hacía guardia. Después de servir, no puedo dormir porque sé qué tipo de “guardia” es.

5. Viacheslav tenía la novia más guapa del distrito, así que el día que se unió a filas todo el barrio fue a despedirse de él.

6. Un médico militar preguntan a un sargento sobre las condiciones sanitarias de su unidad.

“¿Cómo se prepara el agua potable?”

“Bueno, primero la filtramos”.

“¿Y después?”

“La hervimos”.

“¿Y qué hacéis luego?”

“Bueno, para estar seguros, en su lugar, pues bebemos cerveza”.

7. El agente secreto Petrov, que habla cinco idiomas a la perfección, quedó en evidencia en el extranjero cuando alguien le pisó el pie en el metro...

8. “Hola, estoy llamando por mi granero”.

“Perdón, pero esto es una base militar. Te has equivocado”.

“M***, sois vosotros los que os habéis equivocado”.

9. Hay un viejo dicho que dice que la mejor manera de probar que no hay chicas poco atractivas es después de una botella de vodka... Sería más exacto decir, después de un año en los barracones.

10.  Dos soldados deciden gastarle una broma a su suboficial. Se le acercan y le preguntan:

“Camarada suboficial, ¿qué es más pesado, un kilogramo de hierro o un kilogramo de algodón?”

“¡Qué pregunta tan estúpida! Un kilogramo de hierro, por supuesto”.

“No, señor, son exactamente iguales”.

“En ese caso, probemos tu teoría. Vamos a golpearte primero en la cabeza con un kilogramo de algodón y luego con un kilogramo de hierro”.

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