Mijaíl Grachov (1916-2011) fue una de las estrellas de la fotografía soviética. Era conocido sobre todo por sus instantáneas de estilo callejero, como se diría actualmente. Se dedicó a hacer una crónica de la vida cotidiana del pueblo soviético. Hizo muchas imágenes de niños por lo que ofrece una visión única de las vidas de los más pequeños de la URSS.
Mijaíl Grachov/MAMM/MDF
“¡Gracias, camarada Stalin, por nuestra feliz infancia!” Esta frase de un desfile de atletismo en la Plaza Roja en 1936 se convirtió en un eslogan propagandístico.
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Se estampaba en carteles, vallas publicitarias, postales y sellos postales. Estaba en las escuelas, los campamentos, los jardines de infancia, los parques y muchos otros lugares. Mientras tanto, las fotos tomadas por Grachov, entre otros, se convirtieron en una ilustración vívida de la veracidad del eslogan.
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Los niños podían ir a la guardería a los dos-tres meses y luego al jardín de infancia. Las mujeres soviéticas tenían que trabajar “por el bien del país” y no podían tomar una larga baja de maternidad. Las bajas se limitaron inicialmente a seis meses, pero aumentaron a 18 meses en los años 60. Actualmente dura oficialmente tres años aunque las mujeres tienen derecho a reincorporarse antes al trabajo.
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Los niños comenzaban la escuela a los seis-siete años y se unían a los pioneros a los nueve. Ser un pionero era considerado un honor (aunque casi todos se convirtieron en uno, con raras excepciones). Tenían sus propias leyes: era obligatorio mostrar devoción por la Patria y ser honestos, además de valientes y buenos camaradas.
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Durante las vacaciones escolares de verano muchos niños iban a los campamentos de pioneros. Los más afortunados podían ir a uno junto al mar, pero también había muchos cerca de las ciudades. A menudo había ríos o lagos cerca, pero no siempre.
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A los niños soviéticos se les enseñó a ser inquisitivos. Había un gran número de actividades extracurriculares para ellos. Entre los más populares se encontraban los grupos de estudio para jóvenes naturalistas, donde los niños aprendían sobre la flora y la fauna de su región local, y asistían a clases en la naturaleza. En 1928, se publicó por primera vez la revista de divulgación científica Joven naturalista, que se mantiene impresa hasta el día de hoy.
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Otra forma común de entretenimiento era el juego de guerra conocido como zarnitsa (relámpago de calor), que simulaba operaciones militares. No era muy diferente a las actividades organizadas para los boy scouts.
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Los niños tenían que aprender a orientarse, a trabajar en equipo y a seguir las órdenes de sus comandantes. Los juegos de guerra fomentaban el espíritu competitivo y, por supuesto, el patriotismo.
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Después de la Segunda Guerra Mundial, muchos niños jugaban desde muy pequeños a los juegos de guerra. Disparaban a supuestos nazis con tirachinas y rifles imaginarios. Estaban ansiosos por empezar la escuela y participar en los juegos de guerra tan pronto como pudieran.
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La educación física era una de las principales asignaturas del plan de estudios. A los niños se les inculcaba el deporte y se les animaba a participar en competiciones y a alcanzar determinados grados deportivos. Atletismo, gimnasia, fútbol, voleibol, deportes de tiro y esquí de fondo eran muy populares.
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Para los menos deportistas, había clubes más sedentarios, como el de ajedrez o el de costura. El modelado de aviones y otras actividades de ingeniería eran también muy populares. Los niños soviéticos no sólo desarrollaron una destreza excelente, sino que también se interesaban por hacer una carrera en tecnología; después de todo, la Unión Soviética necesitaba ingenieros.
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Los pioneros se organizaban de tal manera que cada niño tenía un camarada mayor cuyo trabajo era guiarlo por el camino de la virtud y corregir cualquier comportamiento incompatible con el espíritu de la organización.
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También se enseñaba a los niños a ser autosuficientes. Las escuelas, por ejemplo, organizaban los días de autogestión. Además, había organizaciones enteras orientadas a una determinada carrera en las que los niños estaban a cargo de todo. Por ejemplo, los ferrocarriles para niños.
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Aquí los niños trabajaban como conductores de trenes. El viaje era abierto para todos los visitantes. El fotógrafo Mijaíl Grachov hizo un reportaje fotográfico completo sobre un ferrocarril de este tipo en Kratovo, en la región de Moscú, que, por cierto, sigue funcionando.
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Las representaciones de aficionados también florecieron en la URSS. Los escolares a menudo escenificaban sus propias producciones en los días festivos y se cosían sus disfraces.
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Después de la clase, los niños ordenaron el aula ellos mismos.
¿Por qué la educación soviética fue una de las mejores del mundo?