Empresario ruso se forra con un museo sobre dulces del siglo XIX

Yegor Aléiev/TASS
Descubrió una receta de una piruleta, creada especialmente para el zar Alejandro II. Decidió entonces crear un museo privado con el que obtiene más de un millón de rublos (15.000 dólares) al mes.

¿Sabías que los rusos tienen sus propios chupa-chups? Durante siglos una piruleta en forma de gallo llamada ledenets ha sido popular y se ha consolidado en la cultura culinaria local junto con el pan de jengibre de Tula y el pastilá de Kolomna.

Hecho a base de ingredientes bastante sencillos: azúcar, agua y miel, el caramelo ha tenido numerosas variaciones, incluyendo una creada especialmente para el emperador Alejandro II. Este exclusivo dulce, redescubierto hace no mucho tiempo por el empresario ruso Ígor Yevsiujin, ha inspirado a la creación de un museo en Riazán (200 km al este de Moscú).

Ígor Yevsiujin.

El museo se ha fundado en un momento en el que hay un creciente turismo interno además de un mayor interés por conocer el patrimonio nacional. Cada mes cientos de turistas llegan hasta aquí para aprender más sobre la historia y para “saborear el pasado lejano”.

¿Cómo llegó Yevsiujin a abrir su propio museo privado y cuáles son los secretos de su éxito?

Receta del siglo XIX

En 2016 Yevsiujin, empresario residente en Riazán, conoció la receta del ledenets de Riazán. La vio en un libro de 1845 titulado El Comité de los Cocineros del Azúcar. La receta se remonta a 1837, cuando Riazán esperaba la visita del príncipe Alexánder Nikoláievich Romanov, que finalmente se fue el zar Alejandro II. Para la visita real se organizó una exposición de logros locales y se creó el ledenets.

Este hallazgo único inspiró a Yevsiujin a abrir un museo dedicado a la piruleta de Riazán. Quería mostrar a los visitantes cómo se hacían estos dulces hace dos siglos y ofrecerles la oportunidad de probarlos. Se puso en contacto con las autoridades locales para pedirles apoyo y le dieron la opción de contar con un local de 250 m² en un edificio en el centro de la ciudad. Necesitaba hacer reformas pero era un lugar con muchas oportunidades. “La ubicación era una gran ventaja: si un museo de este tipo se hubiera abierto en los suburbios, no habría funcionado”, admite Yevsiujin.

El empresario alquiló el local durante diez años por 15.000 rublos (224 dólares) mensuales, invirtió 9,5 millones de rublos (142.400 dólares) de sus ahorros personales para reparar el lugar, y en septiembre del año pasado abrió el Museo de Historia de la Piruleta de Riazán.

Para diversificar los ingresos abrió también el café Cháinaia, en el propio museo. Está decorado con un estilo del siglo XIX, y ofrece la oportunidad de celebrar una fiesta del té tradicional con un auténtico samovar y platos locales, como los bliní karavaitsi.

Ingresos

A pesar de que Riazán no es un destino turístico muy popular, el nuevo museo ha tenido más de 18.000 visitantes en su primer año. Debido a que muchos rusos carecen de dinero para viajar al extranjero, están creciendo los viajes nacionales y los que visitan Riazán suelen terminar en el museo.
Los precios de la entrada son asequibles: las piruletas cuestan 20 rublos (0,3 dólares), mientras que la entrada es de 200 rublos (3 dólares) para los adultos y 150 rublos (2,2 dólares) para los niños. Hay una audioguía en inglés por 150 rublos (2,2 dólares).

El negocio de Yevsiujin tiene alrededor de un millón de rublos (15.000 dólares) al mes en ingresos: El 50% proviene de la venta de entradas, el 30% del café y el 20% de la venta de piruletas hechas a mano. 
Actualmente las piruletas de Riazán se venden a gran cantidad de minoristas en toda Rusia. “Lo más importante es que todos los ingredientes –agua, azúcar, jarabe y miel– se producen aquí, en la región de Riazán”, explica el empresario.

Los secretos del éxito

El único museo de Rusia dedicado al azúcar cuenta con tres salas en las que se explica cómo se creó  la receta de los ledenets de Riazán, la historia del azúcar en Rusia y cómo se fabricaban dulces en el país en el siglo XIX. También hay actividades lúdicas, como talleres para hacer piruletas.

“Muchos asocian los museos con las obras científicas. Lo que tenemos aquí es, más bien, un moderno centro de ocio familiar dedicado a la historia”, dice el fundador. “Aquí es posible viajar en el tiempo, visitar el siglo XIX y llegar hasta el XXI, mientras que uno es testigo del proceso de producción”.

Según Yevsiujin, la cuidada selección de las exposiciones, el personal, las atractivas visitas guiadas  y el llamativo interior son las bases del éxito del museo.

“Para abrir un museo de este tipo hay que contar con una buena historia o una figura histórica, y si está vinculada a algún tipo de producción, todavía mejor”, explica. “Además, es importante encontrar una buena ubicación, ese es uno de los factores clave del éxito”.

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