El primer yogui soviético

El yoga, práctica prohibida en la URSS.

El yoga, práctica prohibida en la URSS.

Itar-Tass
Las autoridades soviéticas no permitían la práctica del yoga, aunque una serie de personas desafió esta prohibición. Vasili Brodov fue uno de los pioneros más destacados. En la actualidad está de moda y decenas de miles de personas practican yoga en Rusia.

¿Quiénes son los yoguis? “Ermitaños hindúes que pueden tumbarse sobre camas llenas de clavos, hacer nudos con sus cuerpos y levantarse sobre sus cabezas”. Esto es lo que hubiera respondido un ruso hace 20 años. Pero ya nadie los describiría de modo tan exótico, pero en la actualidad el yoga es chic y cada vez más jóvenes rusos se sienten atraídos por esta práctica que implica autodisciplina, tanto del cuerpo como de la mente. Todo gimnasio de moda en Moscú u otras grandes ciudades cuenta con un instructor de yoga.

Prohibido durante la era soviética, en la actualidad existen al menos 100.000 personas que lo practican con regularidad solamente en Moscú y San Petersburgo, según la versión rusa del Yoga Journal. Incluso el primer ministro Dimitri Medvédev declaró hace años que lo practica.

A veces puede resultar difícil imaginar que durante la época soviética los practicantes de yoga fueron perseguidos hasta, incluso, poder llegar a perder su empleo. Pocos recordarán a los pioneros como el profesor Vasili Brodov, el primer presidente de la Asociación de Yoga de la URSS, quien se animó a desafiar a las autoridades.

Nacido en Moscú en 1912, Brodov estudió Filosofía en el Instituto Moscovita de Filosofía, Literatura e Historia y se graduó en 1938, aunque nunca imaginó que India se convertiría en su gran pasión. Incansable intelectual, participó en reuniones de “disidentes”, el joven profesor de filosofía pronto sería objeto de la cólera de las autoridades al comienzo de la Segunda Guerra Mundial y pasó un tiempo en el gulag. Brodov pediría constantemente ser enviado al frente de batalla. Más adelante, Brodov, junto con otros prisioneros, fue enviado al frente en los batallones penitenciarios y fue desde Ucrania hasta Berlín en una unidad de artillería. Sobrevivió de milagro.

Catalogado como “sospechoso" por las autoridades se convirtió en profesor del Departamento de Materialismo Dialéctico e Histórico de la Oficina de Ciencias Naturales de la Universidad Estatal de Moscú entre los años 1962-1966. Fue allí donde se acercó a India y escribió su tesis doctoral: "Pensamiento progresivo, social y filosófico en India en la Nueva Era (1850-1917)”, que constituyó un avance significativo no sólo en la indología soviética, sino que también tuvo reconocimiento en el extranjero como la primera investigación sistemática de la historia de la filosofía india de fines del siglo XIX y comienzos del XX.

En los años 60 Brodov conoció a hindúes sobresalientes que dispararían su pasión por la filosofía india y el yoga. El encuentro más curioso fue el que mantuvo con el gurú hindú Dhirendra Brahmachari, cuando fue invitado a la URSS para dictar clases teóricas y prácticas, en sesiones privadas, a los cosmonautas. La interacción con el gurú, que dominaba a la perfección las asanas y pranayama, hizo milagros en la salud de los pioneros del espacio.

El vínculo de Brodov con el yoga estaba sellado, y desde ese momento promovería incansablemente lo que él llamaba “el fruto del genio creativo del pueblo hindú", a pesar de la desaprobación oficial.

“Vasili Brodov se encontraba en una lucha por tener una oportunidad oficial, aunque indirecta, para estudiar y difundir el yoga en la Unión Soviética", afirma Viktor Boiko, actual director de la Escuela de Yoga Clásico de Moscú.

Boiko, creador de un popular sitio web en ruso dedicado al yoga, recuerda haber escrito "Las enseñanzas de los yoguis hindúes y la salud humana bajo la luz de la ciencia moderna", en el año 1962 con la aprobación del departamento ideológico del Comité Central del Partido Comunista. Fue la primera publicación oficial acerca del yoga desde la muerte de Stalin y bajo el régimen soviético en general.

Esto también abrió las puertas a un sinnúmero de artículos acerca de los yoguis hindúes en reconocidas publicaciones. Brodov luego coproduciría el documental “Los yoguis hindúes: ¿quiénes son?”, distribuido en la URSS en 1970, lo cual provocó un gran interés por el yoga y la India.

Sin embargo, la filmación no fue aprobada por las autoridades y estuvo prohibida durante años. “La postura oficial era que el yoga, desde el punto de vista filosófico, representaba a la religión y el misticismo y, que en la práctica era una mezcla de charlatanería, conjuros y acrobacia", escribió Brodov, y añadió que los funcionarios superiores llamaban al yoga la "propaganda política del idealismo y la religión".

A principios de los años 60, un grupo de científicos y figuras públicas, incluido Brodov, escribió una carta abierta a Leonid Brezhnev, secretario general del Comité Central del Partido Comunista, y a Alexéi Kosiguin, presidente del Consejo de Ministros, en la que solicitaban la legalización del yoga y la creación de un instituto de investigación científica sobre esta práctica, pero la iniciativa no recibió apoyos.

“Sin embargo, no toda la población compartía esta opinión", recuerda Brodov que fue presidente de la primera asociación de yoga creada en la URSS en 1989, en plena perestroika. “Mucha gente practicaba hatha yoga por su cuenta, en su casa u otro ámbito privado. Las traducciones de literatura extranjera, conocida como samizdat (publicación clandestina), sirvieron como aliciente educativo. Después de la perestroika comenzaron a surgir grupos de yoga por todos lados. “Los líderes de estos grupos se convirtieron en verdaderos profesores y gurúes”.

Las narraciones en primera persona de Brodov sirvieron para que muchos escépticos se acercasen a esta milenaria tradición. Su testimonio resulta de lo más revelador:

“El yoga es un sistema de autorregulación y mejoramiento de la personalidad y para ello puedo referirme a mi propia experiencia. Regresé herido y enfermo de la línea de frente en el año 1945. El doctor que me atendió aseguró que me quedaban entre diez y quince años de vida. Desafortunadamente, su medicación era muy poco efectiva. Las dolencias eran cada vez más agudas: insuficiencia cardíaca, radiculitis, acumulación de sal, piedras en los riñones y muchas dificultades más, que me forzaron a introducirme en el mundo del hatha yoga. El haber tenido la posibilidad de estudiar las fuentes primarias y consultar a expertos hindúes me ayudó a dominar los elementos de esta terapia física”.

“El resultado fue que todos los dolores que me aquejaban desaparecieron sin la ayuda de ningún doctor o medicamento. Hoy en día, a los 78 años, agradezco de todo corazón y brindo mi más sincero respeto al gran pueblo hindú, por haber ofrecido el yoga a la humanidad".

En la actualidad, millones de defensores del yoga en Rusia y en todo el mundo estarían de acuerdo con Brodov.

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