El mortero portátil: la poderosa arma de los artilleros rusos

Una de las armas más utilizadas en el siglo XX fue rechazada durante la época zarista. Fuente: wikipedia

Una de las armas más utilizadas en el siglo XX fue rechazada durante la época zarista. Fuente: wikipedia

Al principio fue rechazada por los mandos del Ejército ruso, aunque posteriormente se ha convertido en una de las armas más utilizadas en todo el mundo, ya que se puede adaptar a cualquier terreno.

"Este sustituto de la artillería no merece una atención especial", esa fue la valoración que hizo el Estado Mayor ruso en 1913 del nuevo arma diseñado por oficiales del ejército ruso ocho años antes y que fue probada en combate por primera vez contra los japoneses durante el asedio a Port Arthur (hoy en día Lushunkou en el noreste de China). 

Ni las piezas de artillería ni los anteriores morteros fijos gigantes, tenían nada en común con este nuevo diseño de cañón. Se montaba con un tubo de hierro sobre una plataforma de madera y en lugar de los proyectiles convencionales lanzaba minas con estabilizadores en un ángulo de 45-65 grados. 

Sin embargo, debido a que el montaje del arma demostró ser inestable durante las pruebas y su precisión era cuestionable, los jefes militares del Zar decidieron poner el lanzador de minas en un armario.

En víspera de la Primera Guerra Mundial, nadie podía haber imaginado que este arma, que fue rechazada de forma tan sumaria por el Estado Mayor, se convertiría en una de las armas más utilizadas en el siglo XX. 

Hoy en día se utilizan los morteros en los ejércitos regulares y en las guerras de guerrillas y aunque son conocidos con diferentes nombres en diferentes idiomas, su mortal potencia de fuego es indiscutible. Poca gente, sin embargo, es consciente de que este arma se originó en Rusia. 

Como ha sucedido con muchas innovaciones rusas, el mortero fue diseñado como resultado de unas circunstancias extremas. En 1904 Rusia entró en guerra con Japón, pero la lucha trajo consigo resultados dispares. Para el verano de 1904 la principal base de la flota rusa en el Pacífico, Port Arthur, fue rodeada y asediada por los japoneses. 

Mientras que la ciudad estaba protegida por una poderosa guarnición, no resultó decisiva en la defensa de la fortaleza que se encontraba en las montañas de las afueras. Port Arthur estaba armada con armas pesadas de fuego directo pero su efectividad se veía gravemente limitada en posiciones de fuego cercanas o restringidas. 

La situación se solucionó con el viejo método ruso: unas armas de bronce obsoletas se convirtieron en pequeños morteros portátiles, sus cañones se reforzaron y se montaron sobre plataformas de madera para lanzar minas en lugar de proyectiles. 

Los defensores de la fortaleza también utilizaron lanza minas que sacaron de los barcos de guerra y, utilizando combinaciones modificadas de este equipo, un grupo de oficiales del Ejército y la Marina bajo las órdenes del capitán Leonid Gobiato, construyeron un prototipo del moderno mortero.

La lluvia de descargas produjo efectos devastadores mientras ocho armas destruían sistemáticamente las fortificaciones de campo de los japoneses. 

"En cuanto vimos que los japoneses estaban cavando una trinchera lanzamos algunas minas y les obligamos a abandonar los trabajos", recordó posteriormente Gobiato. 

Fue gracias al uso de las minas como munición para el arma del capitán, que esta recibió el nombre de minomet, o lanzaminas. 

Aunque Port Arthur eventualmente cayó ante los japoneses, pero su defensa no había sido en vano. Entre 1905 y 1914, Gobiato trabajó hasta conseguir que se produjera en masa, pero sus esfuerzos no dieron fruto hasta la Primera Guerra Mundial. 

La burocracia militar de la Rusia imperial seguía viviendo en la época de los cañones y los inmensos y engorrosos morteros y no fue hasta que estallaron las hostilidades en Europa, que los generales se vieron obligados a regresar a la idea del mortero portátil. 

Las peculiaridades de la guerra de trincheras demostraron una vez más que la infantería no podía operar sin armas móviles. 

Así que la experiencia del capitán Gobiato en este ámbito fue sacada del armario a toda prisa y se comenzaron a producir morteros en masa. El modelo más extensamente utilizado, desarrollado en 1917, fue el mortero del capitán Yevgueni Lijonin, que disparaba proyectiles de 16, 28 y 36 kilos. 

Pero los morteros no permitieron al Imperio ruso ganar la guerra de trincheras y se usaron poco en la Guerra Civil, mucho más móvil. 

Tan solo en vísperas de la Segunda Guerra Mundial un grupo de ingenieros soviéticos diseñaron y fabricaron el primer mortero de fabricación rusa. Sin embargo Gobiato no sobrevivió para ver el día ya que había caído en combate en 1915. 

A pesar de lo cual sigue siendo reconocido como el inventor de una de las armas más eficaces de la edad moderna.

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