Cuando el pueblo soviético descubrió un mundo nuevo

Vladimir Savostyanov/TASS
La primera visita de Fidel Castro a la URSS en 1963 supuso un gran impulso a las relaciones entre ambos países. Muchas personas recuerdan todavía la calurosa bienvenida que recibió el joven comandante de 36 años, tanto por parte de las autoridades soviéticas, como del pueblo entero. RBTH habla sobre aquella primera toma de contacto con un especialista en la materia. ¿Qué impresión se llevó Castro de la URSS? ¿Cuáles fueron los primeros intercambios entre ambas naciones?

Aleksandr Sizonenko, investigador asociado principal del Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de Rusia y doctor en Ciencias Históricas, recuerda cómo se fue recibido con gran entusiasmo al líder cubano en la avenida Léninski, mientras se desplazaba en una limusina descubierta desde el aeropuerto Vnúkovo al Kremlin.

“La estancia de casi 40 días de Fidel Castro en la URSS se convirtió en un hito en el establecimiento de relaciones entre ambos países y pueblos — relató a RBTH este experto en estudios latinoamericanos—. A principios de los años 60 en la URSS se observaba una fuerte tendencia al acercamiento con la “Isla de la Libertad”. Todos hablaban del legendario líder de la revolución cubana. Con Cuba el pueblo soviético descubrió un continente nuevo, un mundo nuevo”.

¿Qué sabes de Cuba, tovarisch?

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Claro que sería erróneo pensar que en la Unión Soviética no se sabía nada de Cuba, señaló Sizonenko. “Sí que estaban al tanto, y también del famoso ajedrecista José Raúl Capablanca, y sobre la solidaridad del pueblo cubano para con el soviético durante los años de la guerra con la Alemania fascista. Sin embargo, tras el cese de las relaciones diplomáticas con la URSS en 1952 por parte de junta reaccionaria de la Habana, la cooperación entre ambos países se llegó a suspender casi por completo. Solo tras la victoria de la revolución cubana resurgió el interés entre ambas partes” — relató Sizonenko.

Es cierto que justo después de la crisis del Caribe, las relaciones entre la URSS y Cuba se enfriaron notablemente. Amenazados por la Tercera Guerra Mundial, los líderes de la URSS y EE.UU. acordaron la retirada de los misiles soviéticos de Cuba. Asimismo, el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista Soviético, Nikita Jruschov, no solo no se interesó por la opinión de la Habana, sino que incluso no informó de su decisión a Castro. Este averiguó que se planeaba la retirada de los misiles de la isla a través del redactor del periódico “Revolución”. Según relatan los testigos, el comandante no intentó esconder su ira contra Jruschov.

Una importante visita

 “Para romper el hielo de las relaciones entre ambos países, Jruschov invitó a Castro a la Unión Soviética — aclaró Sizonenko —. Había que dar prueba de una amistad incondicional, dar una bienvenida que nadie de la Unión Soviética hubiera dado hasta entonces”.

Según los documentos hechos públicos, al final de la visita el líder soviético le regaló a Castro un automóvil ZIL-111 con el suelo de porcelana con una imagen del primer astronauta Yuri Gagarin, un receptor de radio “Festival”, un álbum de fotos sobre su estancia en la URSS y un mosaico con imágenes de Fidel hecho con piedras preciosas de los Urales.

El presidente también le hizo entrega de otros regalos estrella: una escopeta de caza MTS-11 hecha por artesanos de Tula, 10 botellas de vino y varias docenas de latas de caviar negro.

Nueva etapa de relaciones

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Según afirma Sizonenko, el encuentro de Moscú se convirtió en el principio de una nueva etapa en las relaciones entre la URSS y Cuba. Además de proporcionarle una gran cantidad de asistencia militar en forma de tanques, a Cuba se le prometió ayuda económica, y esa misma primavera las universidades soviéticas empezaron a acoger en masa a estudiantes cubanos.

Al comentar la importancia de la visita de Castro para la URSS, Sizonenko señaló, primeramente, que sirvió para normalizar rápidamente las relaciones entre su país y Brasil, Uruguay y Chile; segundo, que también fue notable que la Habana confirmara hacer entregas regulares a la URSS de al menos 1 millón de toneladas de azúcar al año, lo cual resultó realmente “apetecible” a los soviéticos dada la condición de déficit que sufrían. Al poco tiempo se empezaron a llevar otros productos cubanos a la URSS: tabaco, frutas y níquel.

 “Asimismo, la exportación de coches soviéticos y maquinaria a Cuba respondía no solo a las necesidades de la isla, sino a intereses industriales soviéticos, que encontraron en la isla un mercado provechoso y con perspectiva —subrayó el experto—. Como cabe esperar, en cinco años el volumen de intercambio entre nuestros países aumentó más del cuádruple: de 160 millones de rublos (2.162.000 €) en 1960, a 646 millones (8.729.000 €) en 1965”.

Cada año las relaciones entre ambos países se volvían más profundas y amplias. Sin embargo, el fundamento de las mismas se estableció en 1963, cuando Fidel se convirtió en un Héroe de la Unión Soviética. Pasados muchos años, el comandante diría que fue justo entonces cuando empezó a entender a los rusos y se dio cuenta de que no hay personas más amistosas.

Yuri Paníev es observador del diario Nezavísimaya Gazeta.

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