“El hombre sin sombra”, el espía que descubrió la operación Barbarroja

Fragmento de la película soviética "Diecisiete instantes de una primavera".

Fragmento de la película soviética "Diecisiete instantes de una primavera".

kinopoisk.ru
Yan Cherniak nació en el Imperio astrohúngaro y en 1941 entregó a las autoridades soviéticas el plan nazi para atacar la URSS. RBTH revela su historia.

En 1995 un antiguo traductor de la agencia TASS y espía soviético en la Alemania nazi recibió en el hospital la Estrella del Héroe de la Federación Rusa de manos de dos generales: el jefe del Estado Mayor General y el jefe del Departamento Central de Inteligencia. Yan Cherniak salió de su ensimismamiento, tomó en sus manos la más alta condecoración de Rusia y susurró en voz baja: “Me alegro de que no haya sido a título póstumo”.

A los diez días falleció.

Juventud y alistamiento en los servicios de inteligencia soviéticos

Espía sovíéticoYan Cherniak

 El legendario espía soviético Yan Cherniak, del que nunca se supo nada hasta su fallecimiento en febrero de 1995, nació en 1909 en Bucovina del Norte, que entonces formaba parte del Imperio austrohúngaro. Sus padres, un comerciante judío pobre y un ama de casa húngara, desaparecieron durante la Primera Guerra Mundial, por lo que el joven Cherniak creció en un orfanato.

Pero gracias a unas extraordinarias aptitudes innatas, con apenas 16 años hablaba a la perfección seis idiomas. Su lengua materna era el alemán y dominaba el yiddish, el húngaro, el rumano, el checo y el eslovaco. Tras terminar la escuela con notas brillantes, entró en el Instituto Técnico Superior de Praga, donde se licenció en 1931. Allí aprendió por su cuenta francés e inglés y se convirtió en ingeniero.

Estando en la universidad fue reclutado por los servicios soviéticos de inteligencia militar, tras lo cual fue enviado al ejército rumano, desde el que comenzó a hacer llegar a Moscú información secreta. Más tarde volvió a Alemania, donde creó una red de espías llamada “Krona”.

La actividad de la red espía “Krona”

Entre los agentes de la red de Cherniak se contaban un importante banquero, el secretario de un ministro, el director del departamento de investigación de un despacho de ingeniería aeronáutica, la hija del director de un despacho de diseño de tanques y varios militares de rangos elevados. Además, recientemente se ha revelado que las actrices favoritas de Hitler, Marika Rökk y Olga Chéjova, eran también agentes de Cherniak.

Los informantes de Cherniak lograron hacerse en 1941 con una copia del plan Barbarroja, de ataque a la URSS, y en 1943 consiguieron el plan de operaciones de la ofensiva alemana en Kursk. Y si en el primero de estos casos Moscú no prestó la atención debida a estos importantes documentos enviados por el espía, en el 43 sus largos informes sirvieron de apoyo para la preparación de la derrota de las huestes nazis en Bélgorod y Kursk y para conseguir dar la vuelta al curso de los acontecimientos durante la Gran Guerra Patria.

Además, Cherniak envió a la URSS valiosa información técnica sobre los tanques alemanes Tiger y Panther y sobre sus cañones de artillería, así como sobre armamento nuclear, sobre los misiles V-1 y V-2, sobre los diseños de armamento químico y sobre sistemas radioelectrónicos.

Los veteranos del Departamento Central de Inteligencia aseguran que la red de espionaje de Cherniak fue una de las mejores de la historia: durante los 15 años de su actividad en el extranjero no tuvo ni un solo fracaso.

Armamento nuclear, traición y huida a la URSS

Cherniak hizo una gran contribución a la producción de armamento nuclear soviético. La información sobre este tipo de desarrollos la obtuvo en Gran Bretaña y más tarde en Canadá y EE UU, adonde viajó por orden de sus superiores. Durante este viaje envió a la Unión Soviética miles de documentos sobre armamento nuclear estadounidense, e incluso varios miligramos de uranio-235, uno de los componentes de la bomba atómica.

Curiosamente, los nazis lograron (no sin fallos por parte de los rusos) descubrir, desenmascarar y detener a todos los miembros de una red de espionaje soviética a la que la Gestapo llamaba “La capilla roja”, así como eliminar a los agentes de otra red de espionaje llamada “La troika roja”. Sin embargo, no lograron dar con ninguno de los informantes de “Krona”.

Tampoco fueron capaces de identificar a su jefe, Yan Cherniak, a quien llamaban “el hombre sin sombra”. Cherniak nunca dejó huellas tras de sí. Según dicen, jamás dormía dos veces en el mismo lugar. Se desplazaba constantemente por Europa y solo se ponía en contacto con sus agentes cuando estos le solicitaban un encuentro.

Cherniak habría seguido trabajando en el extranjero, pero de la sede militar soviética en Ottawa huyó un criptógrafo que poseía cierta información sobre él, por lo que hubo que evacuar urgentemente y en secreto a Cherniak hacia la Unión soviética.

Yan Cherniak recibió el pasaporte de ciudadano de la URSS en mayo de 1946. Entonces comenzó también a estudiar ruso. Su autobiografía, escrita mientras trabajaba en el departamento de personal de TASS, no tiene una sola falta de ortografía. Nadie en la agencia de información ni fuera de ella, incluida su esposa, supo nunca quién era realmente Yan Cherniak ni conoció su contribución a la victoria sobre los invasores nazis y a la producción de armamento nuclear soviético. No fue hasta el momento en que le entregaron la Estrella del Héroe de Rusia que su secreto comenzó a desvelarse poco a poco. Y esto no es todo, ni mucho menos.

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