Cuando cubanos ricos y pobres escribían cartas a Lev Tolstói

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Le contaban sus penas, le pedían autógrafos, consejos y ayuda. Es más, le escribían incluso desde la cárcel...

Hace 130 años, en 1888, aparecieron las primeras traducciones al español de las obras del escritor ruso, Lev Tolstói. Poco después este clásico ruso se convirtió en el escritor más popular. Todas las clases sociales de América Latina leían sus novelas y sus cuentos. Los críticos literarios alababan sus obras, los lectores le enviaban cartas en las que pedían apoyo y consejo…

En el Museo Estatal de Tolstói en Moscú se guardan más de 9.000 cartas. Se sabe que 150 de ellas llegaron desde América Latina.

Sin embargo, según el historiador, escritor y diplomático cubano, Blas Nabel Pérez, había muchas más misivas. Lev Tolstói mantenía una correspondencia activa con muchos cubanos. Aquí ofrecemos algunos comentarios de este historiador.

“Hace 130 años, en 1888, las editoriales más prestigiosas del mundo hispanohablante, Sempere, Sopena y Maucci, empezaron a llenar los países de Iberoamérica con las obras de Lev Tolstói. Y sus obras despertaron mucho interés allí.

El 16 de agosto de 1898, hace 120 años, el famoso ya en todo el mundo Lev Tolstói, afirmó desde Yásnaia Poliana que la guerra hispano-estadounidense servía para que unos matasen a otros, para decidir cómo y con ayuda de quién iban a gobernar los terceros”. Aquellos días Tolstói comentó en el mismo artículo que hace poco había recibido una carta del estado Colorado (EE UU) en la que un tal Jessie Goldwyn le pedía su opinión acerca de la noble misión de la nación norteamericana y el heroísmo de sus soldados y marinos en esta guerra. En respuesta, Tolstói escribió que estaba seguro de que coincidía con la mayoría del pueblo estadounidense, en que la misión de EE UU en esa guerra consistía en matar a miles de personas desarmadas. Por no hablar de los horribles crímenes que los españoles cometieron en Cuba durante mucho tiempo y que sirvieron de excusa para desencadenar esta misma guerra.

[...]

Las cartas que llegaron al escritor ruso desde Cuba, venían en su mayoría de dos grupos de personas: los más ricos y los más pobres. Aunque también le escribían los representantes de la élite intelectual de la isla. […] Las cartas del primer grupo las escribían, en general, mujeres de las familias ricas y poderosas… Pedían al conde Tolstói que les mandase un autógrafo. Solían ser postales con paisajes de Cuba: unas en español, otras en francés y muchas en inglés, lo que confirma que las autoras de estas cartas estudiaron en los colegios estadounidenses. Las cartas de un contenido más interesante provenían de la gente simple, los obreros que sufrían y luchaban en las condiciones coloniales en las que se encontraba nuestra isla, donde la dominación española fue sustituida por la estadounidense. El estilo y la letra de estas cartas dicen mucho de la pobreza y un nivel bajo de educación de sus autores, pero lo interesante es que la gente leía a Tolstói en estas condiciones y lo percibían como un líder revolucionario, como un patriarca sabio y fuerte.

El 25 de enero de 1904 los prisioneros de la cárcel de La Habana mandaron una carta a Tolstói. Estaba firmada por A. Juvenat, y todo hace pensar que este autor ya había escrito antes a Tolstói e incluso le pidió consejos […].

“He recibido tu carta del 20 de septiembre del año pasado, -escribe Juvenat. - La hemos leído en grupo y nos impresionó muchísimo… No pude responder antes por la huelga de la que te hablé en la carta anterior. La huelga empezó de forma maravillosa. Casi todos los obreros de La Habana y sus alrededores respondieron a la primera llamada. Si no fuera por el abuso de las autoridades y la intervención de la policía, la huelga se habría expandido por toda la isla e incluso habría llegado a Florida. Allí ya estaba todo listo. El 24 de noviembre del año pasado La Habana se convirtió en un  campo de batalla entre el pueblo y la policía. Cinco obreros fueron asesinados, más de 150 de ellos heridos, las autoridades enviaron a los hospitales solo a 112. 87 de nuestros compañeros fueron detenidos: dejaron en libertad a 40, pero el resto… unos acabaron en el hospital, otros en la cárcel. Debido a la huelga se prepara un proceso judicial contra 40 personas. Se les acusa de lo siguiente: rebelión, inducción al cambio del orden actual, insultos y agresión contra los representantes del poder. Entre los acusados hay un miembro del consejo de la ciudad y el alcalde. Los compañeros S.A., J.P., K. y yo estamos en prisión por la misma acusación. Esta razón y el hecho de que antes estaba muy ocupado me impidieron responder a tiempo…

Un saludo y los mejores deseos.

Juvenat. Prisión de La Habana, el 25 de enero de 1904”.

Y, por supuesto, Tolstói recibía cartas en las que le pedían ayuda. Aquí está una de ellas.

“Señor Lev Tolstói:

Hace un tiempo leí en una de las revistas publicadas en Cuba que cuando el señor Carnegie le pidió  consejo sobre lo que debía hacer con su dinero, usted le aconsejó entregárselo a los pobres. Debido a que yo pertenezco a la gente muy pobre, le escribí a este señor con la esperanza de que Dios me ayude a que me responda. Pero probablemente este señor recibe miles de cartas con la misma petición a diario y está claro que, por muy piadoso que sea, no puede dar dinero a todos los que lo piden, además desde lejos no se puede valorar si todos los que lo piden son realmente pobres.

Yo escribí que podría acudir al cónsul de su país para que este testificara quién soy y confirmara que soy la mujer de un mecánico que gana poco y no puede alimentarse ni a sí mismo ni a nuestros cinco hijos. Yo sé, señor, que usted es clemente y le ruego por las personas que más quiere en el mundo que me preste un poco de atención y escriba sobre mí al señor Carnegie. Me llamo la señora K. Amable, vivo en Jesús del Monte, 129 (a), La Habana. Esto culminaría mis sueños porque sé que no le va a decir que no y yo les bendeciré a los dos.

Algo del más allá me ha inspirado a escribir esta carta. La estoy escribiendo con la esperanza de recibir la ayuda que nos salve porque antes trabajaba mucho ayudando a mi marido. Ahora también trabajo pero me es difícil porque tengo los pulmones enfermos…

K. Amable, Jesús del Monte, 129 (a), La Habana, el 31 de julio de 1909”.

Este texto es un fragmento del artículo Lev Tolstói y los cubanos publicado por la revista Mezhdunaródnaia zhizn (Vida internacional) en ruso.

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