Una sorprendente guía de Robinson Crusoe y Daniel Defoe para conocer Siberia

Ekaterina Lobánova
En 1719, el inglés Daniel Defoe publicó su legendaria novela, “Robinson Crusoe”, que fue seguida por la secuela menos famosa, “Nuevas Aventuras de Robinson Crusoe”, una continuación de los viajes del famoso naufrago, pero esta vez a un lugar aún más exótico: Siberia. ¿Cómo veía Defoe esta distante región de Rusia?

Salvaje

La novela de Defoe da una imagen impresionante de Rusia. El escritor nunca estuvo en esta parte del mundo, y basó las aventuras del protagonista en los relatos de viajeros como Notas sobre la Misión Diplomática rusa a China (1692-1695) de Isbran Ides y Adam Brand, que habían viajado desde Moscú a Pekín.

Crusoe llega a Siberia desde China en abril de 1703, y compara a Moscovia con China: "... y no era inconcebiblemente grande la distancia [de China], desde Moscovia, y ese imperio de una manera tan grosera, impotente y mal gobernada como ellos, el Zar de Moscovia podría fácilmente expulsarlos a todos de su país y conquistarlos en una campaña".

Más comprensible que Oriente

Defoe era un clérigo en contra de la xenofobia, sin embargo, Robinson es intolerante con los paganos, incluidos los chinos, los tártaros y los pueblos indígenas de Siberia. Entendió a los rusos principalmente como hermanos cristianos: "Creo que la primera ciudad o fortaleza, como quiera que llame, que pertenecía al Zar, se llamaba Arguna, estando en el lado oeste del río Arguna. No podía dejar de sentir gran satisfacción de haber llegado a un país gobernado por cristianos; porque aunque los moscovitas sí lo hacen, en mi opinión, merecen el nombre de cristianos, y además pretenden serlo y son muy devotos, a su manera".

Pagana

El protagonista a menudo enfatiza que la población local permanece fiel a sus religiones y costumbres, y que en muchos lugares y mentes el paganismo y el cristianismo viven pared con pared: "La gente es en su mayoría pagana; sus casas y pueblos están llenos de ídolos; y su forma de vivir es totalmente bárbara, excepto en las ciudades y pueblos cercanos a ellos, donde son cristianos, como se llaman a sí mismos, de la Iglesia griega: pero su religión se ha mezclado con tanta superstición, que es muy difícil diferenciarla en algunos lugares con la mera hechicería y la brujería".

Evenki, antiguamente denominados tungús, son un pueblo indígena originario de la zona norte de Siberia en Rusia.

Bárbara

Al carecer de un interés etnográfico en la población local, Crusoe solo ve sangre y sacrificio en los rituales paganos. Incluso organiza una incursión con un amigo para quemar un ídolo pagano.

No tiene una buena imagen de los pueblos indígenas, aunque es precisamente a estos a los que encuentra en el camino de China a Tobolsk (a 2.300 km al este de Moscú). Así es como Robinson describe el territorio bárbaro de Tunguska: "Todos están vestidos con pieles de bestias, y sus casas están construidas de la misma manera; no reconoces a un hombre de una mujer, ni por la rudeza de sus semblantes ni por su ropa; y en el invierno, cuando el suelo está cubierto de nieve, viven bajo tierra en bóvedas, unidas por cavidades que van de una a otra".

Frío

Obviamente, una historia sobre Siberia no estaría completa sin descripciones de las heladas. Robinson pasa más de medio año en Tobolsk, desde septiembre de 1703 hasta junio de 1704, porque la navegación en el Mar Blanco dependía de la temporada. Según la novela, aquel invierno, el mar se congeló. "Estuve aquí ocho meses, y un invierno oscuro y terrible Piénsenlo; un frío tan intenso que ni siquiera podía salir a dar un vistazo al exterior sin envolverme en pieles y cubrir mi rostro con una especie de máscara, con solo un agujero para respirar, y dos para ver: la pequeña luz del día que teníamos fue, durante tres meses, no más de cinco horas al día, y seis como máximo; con la nieve cubriendo el suelo continuamente, y cuando el clima está despejado, nunca oscurecía del todo".

Tobolsk.

Educados

La única impresión positiva de Crusoe sobre Siberia está relacionada con la nobleza exiliada en Tobolsk: "Lo más maravilloso de todo fue que aquí es posible encontrarse con buena compañía, en un país tan bárbaro como este, una de las partes más septentrionales de Europa. Pero como este es el país a donde los criminales estatales de Moscovia, como he comentado antes, son desterrados, la ciudad estaba llena de nobles, caballeros, soldados y cortesanos rusos".

Crusoe era particularmente aficionado a un príncipe, al que sugirió escapar a Inglaterra. Sin embargo, el príncipe rechazó la invitación con dignidad.

La ley de derechos de autor de la Federación de Rusia prohíbe estrictamente copiar completa o parcialmente los materiales de Russia Beyond sin haber obtenido previamente permiso por escrito y sin incluir el link al texto original.

Lea más