Lev Tolstói y las religiones orientales

Fuente: Lori / Legion Media

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Cuando Lev Tolstói tenía 19 años, fue ingresado en un hospital de Kazán por un pequeño problema de salud. Allí conoció y se hizo amigo de un monje budista que se recuperaba tras ser asaltado violentamente por un ladrón. El joven Tolstói se quedó anonadado por el hecho de que el monje no opusiera resistencia, ya que seguía el principio budista de la no violencia. Esta temprana experiencia marcó al escritor, que mantuvo su interés por el budismo y otras religiones orientales durante toda su vida.

Una gran mente en busca de sentido

Al igual que la mayoría de la gente nacida en la Rusia del XIX, Lev Tolstói fue bautizado en la Iglesia Ortodoxa rusa. Sin embargo, la religión no tuvo un gran papel en su juventud, y fue solo tras acabar su obra maestra “Anna Karénina” cuando Tolstói empezó a sentir lo que él mismo describió como una crisis existencial. Vida, humanidad y Universo: todo le parecía vano y sin significado.

Tolstói describió detalladamente esta crisis en “Confesión”, un relato autobiográfico de sus luchas internas. Escrito en 1879-80, cuando Tolstói tenía unos 55 años, el libro explora su desilusión infantil con la religión, su control sobre su voluntad y cómo consiguió riqueza, fama y estatus solo para sentir que su vida no tenía sentido.

Al principio, Tolstói se sintió atraído por la Iglesia Ortodoxa Rusa, pero pronto decidió que todas las iglesias cristianas estaban corrompidas y falsificaban el mensaje de Cristo. Creyó haber entendido el verdadero mensaje y comenzó a predicar una nueva fe. Aunque esta fe no era abiertamente budista, muchos expertos la ven como el inicio del acercamiento del escritor a las filosofías y religiones orientales. Tolstói menciona directamente el budismo en “Lo que creo” (1883), “Confesión” (1884) y “Qué debemos hacer” (1886), incluyendo a Buda junto a figuras espirituales y filosóficas como Moisés, Mahoma, Sócrates y Zaratustra y Cristo.

El escritor se centró más para su ensayo de 1889: “Siddartha, llamado el Buda, el sagrado: su vida y enseñanzas” y comenzó a expresar ideas budistas en su correspondencia. El autor James Hilgendorf cita el siguiente pasaje de una carta que Tolstói en 1892 contestando a preguntas sobre el budismo y el karma. “Igual que soñamos mil sueños en esta vida nuestra, esta vida es solo una de las miles de vidas iguales a las que llegamos desde otra forma de vida más real y verdadera, donde volvemos una vez que morimos”.

Tolstói siguió publicando sobre el budismo hacia el final de sus días, lo que incluye trabajos como un artículo llamado “El Buda” para su antología “El círculo de la lectura” y una traducción de “Karma”, escrita por el estadounidense Paul Carus. Se hizo vegetariano, se convirtió en un adalid de la no violencia y en general trató de vivir una vida sencilla, elecciones que concuerdan con la práctica budista. Sin embargo, esta no fue la única religión oriental que influyó en las creencias de Tolstói: también estuvo activamente interesado en el hinduismo.

Textos e historias hindúes

Según el investigador sobre inglés y sánscrito Bruce Wilkinson, “Tolstói solía leer la 'Revista Védica' en su casa de campo de Yásnaya Poliana”. Explica que “se encuentran fragmentos de los Vedas y Upanishads (antiguos textos en sánscrito) en el 'Círculo de lectura'. Tolstói también leyó los dos grandes poemas épicos, el “Ramayana” y el “Mahabharata”, que se han convertido en la piedra angular de la identidad de varios países del sudeste asiático.

Su aprecio por el taoísmo

Tolstói también sintió fascinación por los filósofos chinos, en particular por Lao-Tsé, fundador del taoísmo.

Según el ensayo “Tolstói: una vida rusa” de Rosamund Bartlett, el seguidor de Tolstói Yevgueni Popov tradujo el “Dào Dé Jing” (El camino y el poder) del alemán al ruso. El original se remonta al siglo VI a.C. pero Victor von Strauss realizó una traducción al alemán en 1870.

Tolstói corrigió la traducción y escribió una introducción explicando que las enseñanzas básicas del libro de Lao-Tsé eran las mismas en todas las religiones. Barlett escribe que Tolstói se sintió atraído por “las lapidarias intuiciones de Lao-Tsé, que coincidían en gran medida con las creencias adquiridas con tanto esfuerzo”. La clave de este sistema de pensamiento es la idea de vivir una vida en armonía y basada en unos principios, que es el punto central de la religión china.

No está claro exactamente cuándo descubrió Tolstói el taoísmo, pero “Guerra y Paz” (1869) contiene elementos de esta filosofía. El libro describe cómo el destino controla la historia y qué poco control tienen las personas en la sucesión de acontecimientos mientras desempeñan su pequeño papel en el inmenso plan de la historia. Pero, según el principio taoísta, todos pueden dominar sus mentes, completamente y en toda circunstancia.

En “Guerra y Paz”, Tolstói muestra que la capacidad de los grandes personajes de controlar las circunstancias se desvanece cuando van adquiriendo más importancia. Así, Napoleón no podía dominar al ejército francés en Rusia después de un determinado momento. El Emperador está atrapado en la falsa creencia de su propia importancia; en contraste, un hombre como Pierre es realmente libre porque, a pesar de estar encarcelado físicamente por el ejército de Napoleón, tiene control sobre su propia mente y no trata de controlar completamente a los demás.

Se puede debatir exactamente cuánta influencia tuvieron el budismo, el hinduismo y el taoísmo sobre Tolstói, pero sin duda sus principios están presentes en la filosofía que creó, conocida como tolstovstvo. Sus conceptos básicos son que la Humanidad debe vivir en paz, armonía y unidad, un ideal muy budista. Lo mismo se puede decir de su rechazo a la lujuria y su postura contraria a la explotación de los campesinos. Sin embargo, también compartía la idea de rendirse ante el inevitable fluir de los eventos predestinados de la vida, un concepto familiar para cualquiera que haya leído “Dào Dé Jing”. Como todos los grandes pensadores, Tolstói fue capaz de asimilar estas influencias y crear una filosofía única y propia.