160 años del inicio de la guerra de Crimea

A principios de 1854 desembarcaron en la península tropas francesas, inglesas y turcas. Fuente: vostock-photo

A principios de 1854 desembarcaron en la península tropas francesas, inglesas y turcas. Fuente: vostock-photo

El sitio de Sebastopol no solo constituyó un enfrentamiento entre el ejército ruso y la coalición anglo-turco-francesa, sino también un encuentro entre diferentes de culturas. Si bien en el campo de batalla los rusos y los aliados eran enemigos, durante las acampadas al aire libre que se organizaban en los momentos de tregua estos se relacionaban de manera muy activa. El gorro balaclava, el abrigo de corte raglán, el cárdigan, los cigarrillos con boquilla y el periodismo militar son algunas de las cosas que surgieron precisamente durante el sitio de Sebastopol.

La guerra de Crimea se convirtió en el primer conflicto en el que Rusia luchaba abiertamente contra Inglaterra, que formaba coalición con Francia y Turquía. Mientras los Estados combatían en el ámbito internacional, personas reales lo hacían en el campo de batalla: no solo soldados rasos, sino también oficiales que, a pesar de la guerra, no olvidaban el decoro y la amabilidad. Los oficiales rusos hablaban en francés e inglés y, en los descansos entre las batallas, podían acudir a reuniones de sociedad con quienes al día siguiente volverían a convertirse en un enemigo irreconciliable.

 Crimea fue la última guerra antigua y la primera moderna. En realidad, el conflicto empezó en 1853. El objetivo de era  Inglaterra y Francia era impedir que Rusia alcanzara una salida al Mediterráneo. Austria y Prusia se quedaron en las amenazas. España estuvo presente, el general Prim acudió al frente de un numeroso grupo de observadores, que acabaron interviniendo en los combates.

Tras el bombardeo perpetrado en Odesa por el escuadrón anglo-francés, la fragata inglesa ‘Tigre’ —que se había dejado para el bloqueo de la ciudad— encalló a la entrada del puerto un día de niebla densa. Los 225 oficiales y marineros que conformaban la tripulación fueron capturados y conducidos primero a Odesa y más tarde enviados a sus casas por orden directa del emperador ruso Nicolás I. Los prisioneros estaban retenidos en unas condiciones excelentes, bajo el cuidado continuo de la población local, sobre lo que los marineros ingleses escribirían en unas entusiastas cartas a sus familias: “Un día, bajo la bandera de la tregua, apareció un oficial ruso. Hizo una reverencia a los soldados ingleses y les ofreció un poco de rapé. Tras beber un poco de ron con ellos, le dijo al oficial inglés: los rusos tenemos muy buena relación con los ingleses, nosotros nunca iniciaríamos una lucha contra vosotros. Pero parece que es esta es la voluntad de Dios”.

Si bien los oficiales se comportaban como caballeros, los soldados no siempre constituían un modelo de cortesía y moral. A diferencia de sus superiores con educación europea, los soldados rusos veían a los ingleses y franceses como personas completamente ajenas a ellos, unos ocupantes a los que había que expulsar costase lo que costase. “En una ocasión fui testigo de un detestable incidente”, relataba el sargento Timothy Gowing. “Un joven oficial le dio un poco de brandy de su petaca a un herido ruso y, cuando se giró para continuar su camino, el chico le disparó sin alterarse”.

Pero los soldados aliados tampoco se distinguían por su civismo. La humillación y la tortura eran prácticas bastante frecuentes. Destacaban sobre todo los zuavos franceses, endurecidos en Argelia.

 Kaffir, un criado del capitán Clifford, confesó obtener un enorme placer en sus paseos por el campo de batalla donde veía los cadáveres desmembrados de los soldados enemigos, que le parecían ‘manzanas desperdigadas en un jardín’. En una ocasión volvió cargado de sables y casacas rusas repitiendo “¡Qué bien! Cuántos muertos. Piernas y brazos por todas partes. Todos ellos enemigos de mi señor”.

‘La huella crimea’ en el lenguaje y en la vida cotidiana

La guerra de Crimea también dejó su huella en el lenguaje de las partes combatientes, lo cual se hizo notable principalmente en las nuevas prendas. Hoy en día sigue existiendo en inglés el término ‘balaclava’, que hace referencia a un gorro de punto con aberturas para los ojos y la nariz. Se cree que este término fue introducido por primera vez por los soldados británicos, quienes en el invierno de 1854–1855 no disponían de un uniforme de invierno y se vieron forzados a congelarse junto a la ciudad crimea de Balaclava.

Otro conocido ejemplo fue el abrigo con mangas de corte raglán, como el que vestía el comandante de las fuerzas británicas en Crimea FitzRoy Somerset, 1.º barón Raglán, quien trataba de ocultar que le faltaba el brazo derecho, el cual había perdido cuando era joven en la batalla de Waterloo.

Otra prenda —un jersey de punto abotonado y sin cuello— pasó a llamarse cárdigan en honor al minucioso general inglés James Brudenell, también conocido como lord Cardigan, a quien le gustaba vestir un jersey bajo la guerrera de su uniforme en los días más fríos. Y es que los europeos pasaron bastante frío en Crimea.

Según una leyenda popular, precisamente durante la guerra de Crimea apareció algo tan extendido por el mundo como los cigarrillos con filtro: la costumbre de los turcos de fumar tabaco en cartuchos de pólvora hechos con papel la adoptaron tanto los aliados como los rusos.

El acuerdo de paz

A finales de 1855, las partes combatientes se dieron cuenta de que mantener vivo el conflicto era un despropósito. Las enormes pérdidas (solo en Sebastopol los aliados perdieron 90.000 soldados, sin contar los fallecidos por enfermedad) posicionaron al pueblo francés e inglés en contra de la guerra. Rusia también se encontraba en una situación complicada.

 El resultado de las negociaciones fue el Tratado de paz de París, firmado el 18 de marzo de 1856; un compromiso que tuvieron que adoptar todas las grandes potencias, pues la correlación de fuerzas en Europa después de la guerra no cambió mucho y las polémicas que hicieron estallar el conflicto no se habían resuelto aún. Por desgracia, 60 años después, con el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, estos problemas se intentaron resolver de nuevo por medio de la fuerza.

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