El papel fundamental de Rusia en la Primera Guerra Mundial

  Alemania declaró la guerra al Imperio ruso el 1 de agosto de 1914. Se estima que unos dos millones de soldados rusos murieron en combate, mientras que las pérdidas totales fueron de alrededor de 3,5 millones // Un taller de fabricación de obuses, Francia, 1916.

Alemania declaró la guerra al Imperio ruso el 1 de agosto de 1914. Se estima que unos dos millones de soldados rusos murieron en combate, mientras que las pérdidas totales fueron de alrededor de 3,5 millones // Un taller de fabricación de obuses, Francia, 1916.

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El rol decisivo desempeñado por las tropas del Ejército Imperial ruso en el desenlace del conflicto no ha sido reconocido en su justa medida en Occidente. Esta es la opinión de Serguéi Andolenko, general e historiador francés de origen ruso y emigrado a Francia tras la Revolución de octubre.

En una entrevista concedida a RBTH, su hijo Pável Andolenko, también él exoficial de la Marina Francesa, divulga las principales tesis de su padre. Estas contradicen la opinión dominante, que se limita al recuerdo de Brest-Litovsk (la paz firmada por los bolcheviques) y a la penosa actuación del Ejército ruso. Para Andolenko, esto no fue así en absoluto hasta la abdicación del zar Nicolás II.

Por el contrario, la intervención del Ejército Imperial ruso fue determinante para el transcurso la Primera Guerra Mundial (1914-1918), así como para la victoria final. El centenario del estallido de la Gran Guerra  es una ocasión única para recordarlo, ya que una idea muy extendida en la conciencia histórica occidental afirma que la Revolución de octubre de 1917 es resultado de la derrota del Ejército ruso. El mismo estereotipo reduce al mínimo el rol de las tropas rusas en la victoria de noviembre de 1918. Las investigaciones de Serguéi Andolenko se encuentran hoy de plena actualidad. En su opinión, la desinformación a todos los niveles de la que son víctimas nuestros contemporáneos “conduce, inconscientemente o no, a que todos los estados cómplices de esta superchería conserven datos falsos en sus respectivas memorias”. 

1914: la ofensiva contra Prusia salva al Ejército francés en el Marne

Para el general Andolenko, el Ejército ruso, que se une a la guerra en 1914, es uno de los mejores de su tiempo. Pero “pero está gravemente limitado por dos puntos débiles inherentes a su país”: el tamaño de Rusia (40 veces Francia, dos y media los EE UU), que agrava las dificultades logísticas, y una economía en fuerte expansión al inicio del conflicto, pero aún no lo suficientemente consolidada para adaptarse a un enfrentamiento global de larga duración.

Estos dos hándicaps van a obligar al Ejército ruso a “llevar a cabo su misión en condiciones inhumanas” durante los primeros años del conflicto. El 17 de agosto de 1914, Rusia lanza una ofensiva contra Prusia oriental, para la que su Ejército no estaba preparado. El Imperio ruso responde al llamado de Francia para permitirle resistir la ofensiva alemana en el Marne. Este combate “en favor de los aliados”, como lo denomina hoy el realizador e historiador peterburgués Víktor Pravdiok, le costará a Rusia más de 100.000 muertos y una derrota en Tannenberg.

Pero todo empieza bien. Las primeras victorias alarman al Estado Mayor alemán, que desguarnece el frente oeste de dos cuerpos del ejército y una división de caballería, lo que posibilitará más tarde el “milagro” del Marne. Esta victoria está lejos de haberse debido únicamente a las razones tan celebradas en nuestras escuelas. 

1915 : Verdún antes de Verdún en el frente este

Andolenko califica el año 1915 de “Verdún antes de Verdún”: el Ejército ruso va a sufrir todo lo que la industria alemana era capaz de producir. A las hecatombes de 1914 se añadirían las de 1915, aún más terribles. La industria rusa no estaba a la altura y en el campo de batalla los soldados debían recoger las armas de sus camaradas muertos.

Sin embargo, nada los detuvo: continuaban combatiendo con bayonetas, cuchillos e incluso con las manos desnudas... Rusia perdió cerca de dos millones y medio de soldados entre heridos y muertos (en total, la dos Guerra Mundial le costará dos millones de muertos, y Francia sacrificó un millón y medio). 

Los alemanes, conscientes de que no podían ganar en dos frentes, propusieron a Rusia por separado una paz, ofreciéndole también un magnífico regalo: Constantinopla y su estrecho. Según la lógica militar, los rusos habrían debido solicitar un armisticio, ya que compensaba con vidas humanas su inferioridad en equipamiento y armas. No lo hicieron; Nicolás II rechazó el ofrecimiento alemán para no abandonar a sus aliados. Y continuó la carnicería.

1916: el punto de inflexión

En 1916, Alemania reactiva sus tropas en el frente oeste: hablamos de Verdún y la batalla del Somme. Para los rusos, es un pequeño respiro que aprovechan para aprovisionarse y equipar sus tropas, gracias a los fulgurantes progresos de la industria. Lanzan al menos dos ofensivas decisivas para el desarrollo de la guerra: la del general Brusílov en junio, hacia Basarabia (actual Rumanía), que deja fuera de combate a dos millones de soldados enemigos, y la del general Yudénich, que derrotó a los turcos en el frente del Cáucaso y llegó hasta el Éufrates.

Gracias a esta recuperación del Ejército ruso, los aliados miraron el conflicto con más optimismo. Winston Churchill, por aquel entonces ministro de Armamento, afirma que “pocos episodios de la Primera Guerra Mundial son más sorprendentes que la recuperación, el abastecimiento y el gigantesco esfuerzo de Rusia en 1916”.

A principios de 1917, todos los observadores y participantes del conflicto (alemanes y aliados) están de acuerdo: “la Rusia imperial ya ha ganado la guerra”, según el general Andolenko, citado por su hijo Pável. “El Ejército ruso no había sido derrotado, todo lo contrario”, explica Pavel Andolenko a RBTH. “Las pérdidas humanas sufridas por Rusia en 1915 se tildan de inútiles. Sin embargo, es gracias a esta infinidad de sacrificios por lo que Rusia no se rindió o no firmó una paz por separado. ¿Qué habría pasado si Rusia se hubiese retirado? ¿Podrían los aliados occidentales haber reconstituido sus fuerzas y desarrollado su producción de armamento para abordar 1916?”, se pregunta Pável Andolenko. 

1917: la Revolución acarrea la destrucción del Ejército Imperial

Oficiales rusos y británicos del escuadrón blindado motorizado de la RNAS en Galicia antes de la ofensiva rusa de julio de 1917. Foto: Cortesía del Imperial War Museum, Londres

A partir de enero de 1917, los austriacos negocian con los franceses, los ingleses y los italianos. Pero el zar aún no está al corriente. Si lo hubiera estado, probablemente no habría abdicado en marzo. Esta abdicación, por motivos aún no dilucidados según Andolenko, marcó el principio del fin: los soldados que habían combatido por la patria, Dios y el zar, “no sabían a dónde dirigirse”.

El Gobierno provisional, aunque anunció su voluntad de proseguir con la guerra, da órdenes incoherentes que dislocan el Ejército desde dentro.

Para Andolenko, “la Revolución no es una consecuencia fortuita del marasmo reinante, ni de una supuesta derrota militar: la Revolución es, más bien, la causa primera de la destrucción del Ejército”.

Franceses y rusos sufrieron dos tercios del total de pérdidas humanas. “Los ejércitos francés y ruso pagaron el precio más alto por la victoria y es necesario recordar que ambos lucharon en estrecha colaboración durante toda la guerra, ya que el uno se esforzaba en apoyar al otro cuando este soportaba la mayor carga del ataque enemigo”, concluye, siguiendo a su padre, Pável Andoleko.

Al final de la guerra, a pesar de la paz de Brest-Litovsk y del asunto de los bonos estatales rusos, el mariscal Foch declaró: “Si Francia no ha sido borrada del mapa de Europa, se lo debemos sobre todo a Rusia”.

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