La Primera Guerra Mundial: diversidad de percepciones en Rusia y Occidente

Todos los derechos reservados. Archivo de la compañía Renault

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Históricamente, Rusia y Occidente aplican el calificativo ‘gran’ a dos guerras diferentes. No hay duda de que para los rusos la Gran Guerra es las Segunda Guerra Mundial (1941-1945), mientras que en Occidente este apelativo lo recibe la Primera Guerra Mundial. ¿Cuál es la causa de esta percepción diferente?

“La principal causa de este olvido inmerecido de la Primera Guerra Mundial en la conciencia nacional”, escribe la historiadora rusa N. A. Narochnitskaya, “reside en que durante el periodo soviético dicha guerra fue objeto de tergiversaciones ideológicas”.

Este conflicto se comenzó a olvidar inmediatamente después de su finalización. La ideología soviética la tachó de imperialista: grupos de burgueses luchando entre sí por el reparto de los mercados con la ayuda de trabajadores y campesinos engañados. En poco tiempo se destruyó todo recuerdo de la guerra en el país. En Moscú, el cementerio en el que estaban enterrados los soldados rusos tenía la misma consideración que un pedazo de tierra.

La Primera Guerra Mundial se recordaba o se mencionaba únicamente en tanto en cuanto ejerció de catalizadora para el desarrollo posterior de la revolución y, finalmente, facilitó la subida al poder de los bolcheviques. Las enormes pérdidas humanas sufridas por el país y el recuerdo de los logros alcanzados por el armamento ruso cayeron en el olvido. Y después de que la Unión Soviética derrotara a la Alemania de Hitler, la guerra imperial perdida fue extirpada de la conciencia colectiva.

En el contexto ideológico y político del sistema soviético sencillamente no había cabida para la Primera Guerra Mundial. En Occidente se percibió de manera muy diferente.

Los acontecimientos militares sucedidos desde 1914 hasta 1918 supusieron una experiencia trágica y dolorosa para el continente Europeo: millones de víctimas, ciudades derruidas y el derrumbamiento de sus pilares fundamentales. En Rusia, donde a la Primera Guerra Mundial le siguió una guerra civil igual de devastadora que acabó con la instauración en el país de un régimen totalitario, todo esto se olvidó con rapidez. Los europeos tuvieron que recorrer un largo camino para superar un trauma cultural de gran envergadura.

Los intentos de otorgar a la guerra tintes de heroicidad, de convertirla en el principal recurso simbólico parar la formación de un nacionalismo europeo y superar, de ese modo, los recuerdos negativos terminaron en una catástrofe aún mayor como fue la Segunda Guerra Mundial.

Solo la siguiente generación de europeos aprendió una lección de estos acontecimientos. Los nietos de quienes combatieron en la batalla del Marne y en la de Verdún percibían la Primera Guerra Mundial de un modo fundamentalmente diferente al de sus abuelos. Para ellos, ciudadanos de la Europa unificada, la guerra representaba una tragedia generalizada cuyo recuerdo debía mantenerse vivo para que en el futuro no se repitieran estos acontecimientos.

Fotografías de la Primera Guerra Mundial

En la conciencia de los europeos se implantó una relación sosegada y respetuosa con la guerra. El día de su finalización, el 11 de noviembre —que se celebra en varios países de Europa—, se convirtió en un día para el recuerdo. No es solo que hace algunos años murió el último veterano de la Primera Guerra Mundial, sino que Occidente ha cambiado de manera cardinal desde 1918.

En la Europa unificada no hay sitio para el nacionalismo. La experiencia de la guerra ha sido asimilada y ahora esta se presenta como un acontecimiento tanto trascendental como histórico.

El recorrido ruso de ese mismo camino se puede calificar de paradójico. Mientras que para los europeos el periodo de asimilación de la guerra se entendió como una experiencia directa de la generación viva, en Rusia nunca se dio tal asimilación.

El nicho de la heroicidad en la memoria colectiva rusa lo ocupará por siempre la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un recuerdo vivo convertido en mito, protegido a toda costa de una posible reescritura. La Primera Guerra Mundial carece de esa aureola de sacralidad, pero gracias a ello se puede percibir como un hecho histórico. Lo que significa que se puede analizar y estudiar con libertad.

La guerra desconocida, 1914-1945

El historiador ruso A. I. Utkin escribe: “la Primera Guerra Mundial resulta de lo más interesante, puesto que Rusia era un país antes de ella y se transformó en otro después. Es más, los recuerdos sobre este acontecimiento se volvieron mucho más actuales después de una década, cuando los errores y las pérdidas de aquellos años adquirieron una nueva resonancia. En general, la Primera Guerra Mundial constituyó una prueba de madurez para Rusia. Y Rusia, por desgracia, no superó dicha prueba, aunque demostró un alto grado de dignidad y heroísmo”.

Una trágica lección de historia que el país no aprendió: esta es la idea generalizada que los rusos tienen de la Primera Guerra Mundial. Hay mucho en ella que el ciudadano común no alcanza a entender. ¿Qué necesidad había de involucrarse en el conflicto sabiendo que las consecuencias serían devastadoras? ¿Cómo es que no se vio en las desdichas de la guerra el reflejo de una revolución inminente? Y lo más importante, ¿cómo se perdió una guerra prácticamente ganada, ya no en el campo de batalla, sino mediante la desintegración definitiva del sistema político?

Los intentos de dar respuesta a estas preguntas claves de la historia rusa avivan el interés de los rusos por la Primera Guerra Mundial. Aumentan las tiradas de libros dedicados a este tema, se crean museos, se recuperan los recuerdos familiares de aquellos lejanos acontecimientos... En agosto se inaugurará por fin en Moscú un monumento a los soldados rusos de la Primera Guerra Mundial. La justicia histórica ha prevalecido, aunque sea 100 años después.

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