Dos años de guerra de sanciones entre Rusia y Occidente

Reuters
Han pasado dos años desde que Occidente introdujo sanciones contra Rusia. ¿Cómo han aprendido a vivir en la nueva realidad rusa las empresas europeas?

Emmanuel Quidet, presidente de la Cámara de Comercio Francia-Rusia

Las sanciones estaban destinadas a dañar a Rusia, especialmente las económicas. Las empresas en Rusia no pueden recibir financiación a largo plazo, de modo que les resulta difícil invertir en proyectos de larga duración.

Evidentemente, la reacción del gobierno ruso fue crear y desarrollar un modelo de sustitución de las importaciones para impulsar la economía local. Y estas medidas han funcionado en algunas áreas, pero no en el caso de las tecnologías, más difíciles de remplazar. Sin embargo, en la industria agrícola funciona a la perfección.

Y vemos ahora, por ejemplo, que una empresa francesa está produciendo queso en Rusia. Están creando una empresa conjunta con rusos y producen queso francés en nuestro territorio. También vemos la industria porcina, por ejemplo, donde Rusia decidió incrementar las ayudas a las empresas locales para que se independizaran más rápidamente, y también ha funcionado muy bien. Este año Rusia será totalmente independiente en cuanto a la carne porcina.

Esto significa que las empresas francesas y europeas nunca se recuperarán del todo, no podrán recuperar su parte del mercado. Por tanto, estas sanciones no solo están haciendo daño a Rusia, sino también a Europa. En cada sector, muchas empresas europeas resultan perjudicadas y cuando las sanciones se retiren, nunca se recuperarán. Rusia ha encontrado un nuevo modo de desarrollar su actividad empresarial. Nada volverá a ser como antes.

Pese a todos estos reveses, las empresas francesas se han adaptado a la nueva situación, aunque no todos los sectores de la economía han recibido el mismo impacto. El sector de la construcción y la industria automovilística son los más afectados. En cambio, las empresas de la industria farmacéutica han recibido un impacto mucho menor y siguen desarrollando su actividad con normalidad.



De modo que, obviamente, existe menos inversión en Rusia en estos momentos, pero si hablamos de las empresas francesas en particular, estas fueron el primer y mayor inversor extranjero en Rusia en 2014 y 2015. Francia tenía el mayor número de puestos de trabajo en Rusia con Auchan, Renault y Société Générale. Ni una sola empresa francesa, de las 1200 que existían en Rusia ha abandonado el país, sino que se han adaptado y han seguido invirtiendo.

¿Y por qué seguimos invirtiendo? Porque creemos en el futuro de Rusia, porque las empresas no son organizaciones sin ánimo de lucro, porque creen en el futuro y en Rusia, desde luego, está el futuro.

Rusia no es Corea del Norte, un ejemplo extremo de país aislado. La diplomacia ha tenido que acostumbrarse a lidiar con la crisis en Rusia. Para ello existe la diplomacia, para resolver un problema evitando la confrontación y la guerra. Pero usar las sanciones económicas para enfrentarse a una crisis política implica el fracaso de la diplomacia. En países como Rusia, esta lógica no funciona. Rusia ha respondido con nuevas sanciones y tenía todo el derecho a hacerlo.

Ulf Schneider, fundador y socio gestor de Schneider Group

Ciertamente, el impacto de las sanciones es negativo y afecta tanto a las sanciones occidentales como a las rusas. Su impacto en el comercio internacional es negativo. Es probablemente menos negativo que muchos otros factores como la caída de los precios del petróleo, que ha tenido un impacto considerablemente mayor en la reducción del comercio internacional. Por ejemplo, el comercio entre Rusia y Alemania se ha reducido en un 50 %.

Las sanciones son algo grave, pero el efecto directo en el comercio es probablemente menos severo que el efecto en el clima psicológico, en el clima de los negocios en general.

Y existe una tercera consecuencia, la económica. El impacto de las sanciones económicas es muy difícil de medir, pero muchos bancos aseguran haber sufrido las consecuencias de ellas en su actividad.

Después tenemos una cuarta consecuencia: muchas empresas occidentales en Europa tienen en cuenta las sanciones europeas pero también las de EE UU. O bien tienen empresas en EE UU y temen la posibilidad de perderlas, o bien tienen una sede representativa en EE UU y sufren esta influencia a través de ella. De modo que esta es realmente una situación complicada.

En cuanto a las empresas alemanas, esto puede medirse con bastante precisión. Hace dos años, en 2014, había unas 6.400 empresas alemanas registradas en Rusia. Sin embargo, a finales del año pasado, esta cifra cayó hasta las 5.800 empresas. De modo que unas 600 empresas han abandonado Rusia. Esto podría incluir empresas cuya actividad no generaba beneficios y decidieron salir del país. Y también vemos algunos ejemplos en los que las empresas alemanas en Rusia han acabado cerrando debido a la crisis.

Esto se debe generalmente a muchas otras razones, y no conocemos a una sola empresa alemana que haya tenido que cerrar por culpa de las sanciones.

Las empresas alemanas son conocidas por su sostenibilidad y por su capacidad de permanecer en un mercado como Rusia a largo plazo. Esto también se debe a que las empresas alemanas son mayoritariamente pequeñas y medianas empresas, así como negocios familiares, de modo que no prestan atención a los movimientos de la bolsa, sino a las buenas relaciones con su socio comercial.


"España sufrió considerablemente las sanciones y según las estimaciones preliminares, perdió unos 700 millones de euros a raíz de las sanciones impuestas contra Rusia y las contramedidas que Rusia se vio obligada a tomar en respuesta", declaró Yuri Korchagin, embajador de Rusia en España en una entrevista a Sputnik.


Publicado originalmente en inglés en Russia Direct.

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