Humor comunista de la época de Brézhnev

19 de diciembre de 2016 Oleg Yegórov, RBTH
Hoy se cumplen 110 años del nacimiento de Leonid Brézhnev. Su época de gobierno, caracterizada por el estancamiento, fue una etapa de esplendor de los chistes políticos soviéticos. Los besos entre políticos, un divertido engreimiento y ancianos en el Politburó: todo esto encontró respuesta en los chistes que se contaban a media voz en la URSS.
Leonid Brezhnev
En los años 70 se popularizaron los chistes sobre los dirigentes. Fuente:Vladímir Musaelyán / TASS

A pesar de que el gobierno de la URSS podía provocar serios problemas a los ciudadanos por contar chistes políticos, en la época de estancamiento del todopoderoso Partido Comunista dirigido por Brézhnev circulaban muchos chistes sobre “nuestro querido Leonid Ilich Brézhnev”. Este es un ejemplo de ellos:

Un hombre enciende el televisor. En el primer canal está dando un discurso nuestro querido Leonid Ilich. Cambia al segundo canal: de nuevo Brézhnev. Pasa al tercer canal: otra vez Brézhnev. El cuarto: un coronel del KGB amenaza con el puño desde la pantalla y dice: “vuelve a cambiar de canal…”.

Se contaban chistes incluso sobre el castigo que por lo visto esperaba a quienes contaban los chistes:

—Leonid Ilich, ¿cuál es su hobby?
— Recopilo chistes sobre mí.
— ¿Y ha conseguido reunir muchos?
— Dos campos de concentración y medio.

Su papel en la historia

En ocasiones a Brézhnev se le comparaba en los chistes con los anteriores dirigentes de la URSS: Lenin, que había proclamado la creación del Estado en ruta hacia el socialismo, el severo dictador Stalin y Jruschov, recordado por sus duras y en ocasiones disparatadas declaraciones. A Brézhnev en estos chistes se le adjudicaba un papel poco envidiable en la historia del país: el de un hombre que había abandonado el poder a la deriva:

Lenin demostró que hasta las cocineras pueden gobernar un país.
Stalin demostró que un solo hombre puede gobernar un país.
Jruschov demostró que un tonto puede gobernar un país.
Brézhnev ha demostrado que no es capaz de gobernar un país.

Con Lenin era como estar en un túnel: oscuridad alrededor y por delante estaba la luz.
Con Stalin, como ir en autobús: él conducía, la mitad iba sentada y el resto iba tambaleándose.
Con Jruschov, como ir al circo: él hablaba y los demás se reían.
Con Brézhnev, como ir al cine: todos esperan el final de la película.

Málaya Zemlia

Mucho antes de convertirse en el secretario general del Partico Comunista, Leonid Brézhnev participó en la Segunda Guerra Mundial. El momento más conocido de su carrera militar fue su participación en la defensa de la fortificación Málaya Zemlia, cerca de Novorossiisk (a 1226 kilómetros al sur de Moscú).

La batalla por Málaya Zemlia no fue un acontecimiento importante en la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista estratégico, pero en el primer tomo de la autobiografía de Brézhnev (publicada en 1978, cuando Brézhnev llevaba ya 12 años en el gobierno) la importancia de este episodio aparecía magnificada. El objetivo, según escribe el crítico literario Konstantín Milchin, estaba claro: “con esto se intentaba contar que había sido Brézhnev [que en el momento de la defensa era coronel] quien había ganado la guerra”.

No obtuvo el resultado deseado: este épico libro no fue nada popular. Por el contrario, el pueblo empezó a reírse del exagerado papel que se atribuía el jefe del Partido en la guerra:

Dos veteranos están discutiendo y uno le dice al otro:
— ¡Mientras yo resolvía el destino de la guerra en Málaya Zemlia, tú estabas viviendo la vida en Stalingrado!


[La Batalla de Stalingrado, que duró desde julio de 1942 hasta febrero de 1943, fue uno de los combates más importantes de la Gran Guerra Patria. A pesar de haber perdido en Stalingrado más de un millón de soldados, la URSS logró detener el avance de los nazis]

Lea más: Cronología interactiva de la Batalla de Stalingrado


Stalin al mariscal Zhúkov el día antes de atacar Berlín en mayo de 1945:
— Camarada Zhúkov, su plan me parece muy bueno. Pero antes de aprobarlo, debo pedir consejo al coronel Brézhnev…

Besos apasionados

Una de las costumbres más conocidas de Brézhnev era besar a los líderes mundiales con los que se reunía: les estampaba un beso en cada mejilla y finalmente otro en los labios. El más conocido de todos fue el que se dio con Erich Honecker, secretario general del Partido Socialista Unificado de Alemania. Este beso fue inmortalizado en un grafiti de Dmitri Vrúbel en los restos del Muro de Berlín.

Además de Honecker, otras víctimas de los besos amistosos de Brézhnev fueron el presidente de EE UU Jimmy Carter, el líder de la Organización para la Liberación de Palestina Yasir Arafat, el líder yugoslavo Josip Broz, Tito, la primera ministra de la India Indira Gandhi, y entre los que lograron evitar el beso de Brézhnev figuran la primera ministra británica Margaret Thatcher, el revolucionario cubano Fidel Castro (según una leyenda, Castro encendió un puro para que Brézhnev no le besara) y el secretario general rumano Nicolae Ceaușescu. Este último alegó como excusa para rechazar el beso del líder su escrupulosidad y el temor a las bacterias. La anécdota dio pie a un nuevo chiste:

Brézhnev no se siente correspondido por Ceaușescu.
— Un hombre adulto,- se pregunta Leonid Ilich, perplejo, - y todavía no ha aprendido a dar besos.

El poder de los ancianos

En los últimos años del gobierno de Brézhnev, el Politburó del Comité Central del Partido Comunista (el gobierno de facto del país) estaba casi íntegramente formado por “políticos extremadamente experimentados”, por decirlo claramente. La media de edad del Politburó era de 70 años. Esto también se vio reflejado en el folclore:

— ¿Qué son cuatro piernas y cuarenta dientes? –Un cocodrilo. -¿Y cuarenta piernas y cuatro dientes? –El Politburó de Brézhnev.

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