El dilema de Italia en sus relaciones con Rusia

27 de octubre de 2016 Marco Siddi, Russia Direct
Dos sucesos ocurridos a mediados de octubre son una clara muestra de la política exterior de Italia en Europa del Este. Por un lado Roma trata de ganarse el favor de las organizaciones internacionales occidentales y al mismo tiempo trata de no ofender a Rusia.
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El primer ministro Matteo Renzi. Fuente:AP

El pasado 14 de octubre el gobierno italiano anunció que en los próximos meses contribuirá con 140 soldados a la fuerza de la OTAN desplegada en Letonia bajo mandato canadiense. Una semana después, durante la cumbre del Consejo Europeo, el primer ministro Matteo Renzi lideraba el grupo de países opuestos a sancionar a Rusia por su actuación en Siria.

Ambas decisiones han causado polémica tanto en Italia como en el extranjero, aunque ilustran claramente las claves de los objetivos de la política exterior italiana: desempeñar un activo papel dentro de la OTAN y al mismo tiempo promover el diálogo con Rusia, para evitar que las relaciones se deterioren todavía más.

Tropas en el Báltico

La decisión de enviar tropas a Letonia levantó un encendido debate en Italia. Entre otras razones, por la forma en que se hizo. El secretario general Jens Stoltenberg lo anunció en una entrevista al diario La Stampa y pocas horas después el gobierno lo confirmó, y concretó que obedecía a una solicitud de la propia OTAN. La oposición acusó al gobierno de no haberlo debatido antes en el parlamento.

Era esperable que la decisión provocase debates en el país. No se puede considerar que el despliegue de tropas italianas en el Báltico sea parte de los intereses estratégicos del país. Italia se enfrenta a una situación cada vez más inestable en el sur, así como a una situación crecientemente s compleja con los refugiados, y es que la mayoría de los socios occidentales no se muestran solidarios. En los últimos meses Roma ha tratado de implicar a Moscú en las negociaciones respecto a Libia, con la esperanza de que Rusia influyese (directamente o a través de Egipto) en la resolución del conflicto.

En este contexto la confrontación con Rusia es todavía más irritante. En cualquier caso, el gobierno italiano aceptó la misión de la OTAN en el Báltico, quizá para tratar de realzar su perfil dentro de la Alianza.

No a nuevas sanciones

La negativa de Roma a aumentar la tensión con Moscú quedó clara durante la cumbre del Consejo Europeo celebrada el pasado fin de semana. Los líderes de Alemania, Francia y el Reino Unido presentaron una propuesta que condenaba los ataques de las fuerzas aéreas de Rusia y Siria en Alepo, donde hay más de 250.000 civiles atrapados. El borrador consideraba todas las opciones, "incluyendo más medidas restricitvas" contra el régimen sirio y sus aliados (Rusia) "si las atrocidades continuaban".

Finalmente la referencia a las nuevas sanciones se eliminó del comunicado debido a la oposición de varios países, entre los que estaban Italia, España, Grecia, Austria y Chipre. Italia fue el miembro más contundente de este grupo cuando declaró públicamente que las nuevas sanciones no tenían sentido y no iban a ayudar a resolver la crisis.

¿Por qué Italia se opone a nueva sanciones?

La postura italiana está motivada tanto por cálculos económicos como estratégicos. El país quiere evitar que la confrontación Rusia- UE se extienda al Mediterráneo. Roma ve a Moscú como un actor cada vez más importante en la región que agrupa Oriente Próximo y el Norte de África. En los últimos años el país eslavo ha intensificado la cooperación con varios países norteafricanos, sobre todo con Egipto  y Argelia. Con el primero firmó un contrato armamentístico de 5.300 millones de dólares en 2014 y ha estrechado las relaciones políticas.

La intervención rusa en la guerra siria y el aumento de su presencia en el Mediterráneo refuerza la visión italiana de que hay que tener en cuenta a Moscú a la hora de tratar las cuestiones regionales. Esta era la lógica que subyacía  al deseo italiano de contar con el ministro Serguéi Lavrov en el diálogo internacional sobre Libia, que tuvo lugar en Roma en diciembre de 2015.

La otra razón para oponerse a las sanciones es económica. Antes de que estallara la crisis ucraniana el comercio entre ambos países alcanzó en 2013 un récord de 34.000 millones de dólares. Más de 500 compañías italianas operan en Rusia. La energética ENEL y Finmeccanica, dedicada a la industria aeroespacial, de defensa y seguridad, han hecho grandes inversiones en Rusia. Además, Rusia es el suministrador del 30% del gas y del 15% del petróleo de Italia. Gazprom y ENI tienen acuerdos que posteriormente se desarrollaron en la firma del oleoducto South Stream.

Debido a la imposición de sanciones contra Rusia, a las constrasanciones rusas y a la crisis económica, Italia perdió uno de sus mercados de exportación de mayor crecimiento. Entre 2013 y 2015 las exportaciones italianas a Rusia cayeron en un 34%. Es más, la cancelación del proyecto South Stream en diciembre de 2014 afectó a la asociación entre ENI y Gazprom. Para Italia es todavía más doloroso porque arrastra una difícil situación económica desde la crisis de 2008.

Este año las empresas italianas y parte de los políticos estaban cada vez más desencantados por la extensión de las sanciones contra Rusia y esperaban que se retirasen a lo largo del año. Los acontecimientos políticos- el bloqueo de la situación en Ucrania y la escalada militar en Siria- provocaron que eso no ocurriera. En cualquier caso, las empresas italianas todavía confían en que las relaciones con Rusia se restablezcan en el futuro próximo. Después del Consejo Europeo, el CEO de  Finmeccanica, Mauro Moretti, recibió bien el rechazo a las nuevas sanciones.

A pesar de la presión interna para normalizar las relaciones con Rusia, parece improbable que Italia se desmarque de sus socios europeos y de la OTAN. Lo más probable es que Roma haga uso de su influencia en la UE y la OTAN para promover el diálogo con Moscú, promover sus intereses estratégicos y evitar un mayor deterioro de las relaciones entre Occidente y Rusia.

Marco Siddi es miembro del programa de investigación de la Unión Europea en el Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales.

Artículo publicado originalmente en inglés en Russia Direct.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de RBTH.
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