Cómo viajar a Chernóbil 30 años después de la catástrofe

Reuters
Un viaje a la zona de exclusión es una muestra muda del desastre que provocó el accidente en la central nuclear.

Antes de viajar, tuve que encontrar una agencia que ofreciera visitas a la zona de exclusión. Según la ley vigente, las visitas privadas no están autorizadas y el permiso para entrar en la zona únicamente se entrega a quienes trabajan en la construcción del sarcófago y a quienes trabajan en los servicios de seguridad de la Zona. Para el resto de los mortales, el único modo de entrar aquí es a través de una de las agencias mencionadas, las únicas autorizadas por el gobierno.

Buscando en internet encontré información muy interesante sobre estas agencias. Existe la posibilidad de hacer una visita individual (una opción más cara) o una visita estándar (con mayor número de pasajeros). El precio oscila entre los 60 y los 300 euros. Puedes escoger entre una visita en inglés o en ruso. La fecha de la reserva también es importante. Si reservas la visita con un mes de antelación, obtienes un 25 % de descuento.

Después de pagar finalmente mi tour, lo único que quedaba era esperar a que se cumpliera uno de mis sueños más perseguidos. Ver por fin la zona de exclusión: Prípiat, Chernóbil y el famoso reactor nº 4.

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A pesar de que el nivel de peligro en la zona no es demasiado alto, siguen aconsejándose algunas medidas de precaución, sobre todo respecto a la ropa que hay que llevar. El principal problema son las partículas contaminadas que pueden hallarse en el aire (sobre todo durante los incendios de verano) o en la tierra. Por esta razón, me compré un conjunto de ropa y calzado exclusivamente para el viaje en una tienda de segunda mano que me costó un total de 15 dólares.

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Llegué a Kiev la noche antes de mi partida, que tendría lugar cerca de la estación central de ferrocarril de Kiev. Era una mañana fría y nevosa, coronada por los tonos grises del cielo. El tiempo era exactamente como me lo había imaginado. La Zona se encuentra a unos 110 kilómetros al noroeste de Kiev, más o menos a una hora y media en coche. Como estaba muy cansado, no me costó mucho dormirme. Me desperté cuando estábamos llegando. La nieve cubría el paisaje y el gris invernal nos siguió a lo largo del viaje.

Frente a la entrada

A medida que nos acercábamos al punto de control de Ditiatki, empezamos a ver señales de advertencia de radiación. Traspasar ese punto de control era como traspasar un velo y entrar en un mundo distinto. Ante nosotros se hallaba una carretera recta cubierta de una fina capa de nieve que una brisa helada iba dispersando.

chernobylAntón Pápich

Ni siquiera aquella carretera daba la impresión de ser una carretera normal cubierta de nieve, sino más bien un sendero que marcaba el camino a otro mundo. Mientras lo miraba, la película Stalker permanecía en mi cabeza. Esta película se rodó siete años antes del desastre de Chernóbil y trata sobre un hombre llamado “stalker” que lleva a la gente a la Zona, un lugar donde supuestamente se cumplen los mayores sueños, los del consciente y los del subconsciente. Allí buscan la felicidad y el sentido de la vida.

Dentro de la Zona

Nos íbamos aproximando a una gran señal donde se leía Chernóbil y los primeros edificios fueron apareciendo. Aquellos edificios daban la impresión de una ciudad, pero la sensación de inmensidad no desaparecía.

Anton Papich
Anton Papich
Anton Papich
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Al contrario, al entrar en aquella pequeña ciudad, prácticamente deshabitada, aquellas sensaciones se hacían todavía más profundas. En el mismo centro nos recibió el “Ángel con trompeta”, un monumento en conmemoración de la tragedia. Detrás de él se halla un cementerio simbólico cuyas lápidas representan todos los lugares que desaparecieron tras el desastre nuclear.

A medida que entramos en la calle principal de la ciudad, a nuestra izquierda vemos una tienda que sigue abierta pero no tiene demasiadas cosas en sus estanterías, solo algunos productos básicos y suvenires para los turistas.

Seguimos avanzando a través de los restos de esta pequeña ciudad que una vez fue tan prometedora, por una carretera que nos vuelve a internar en el bosque. Al salir a la llanura vemos el reactor nº 4, los reactores 5 y 6 que nunca se terminaron de construir y el enorme sarcófago que sobresale en el horizonte.

reactor 4 de chernobylReuters

Poco a poco nos acercamos al corazón de la tragedia y la central nuclear se va volviendo cada vez más grande. En el centro del reactor nuclear vemos otro monumento. Este está dedicado a los trabajadores de la central nuclear que murieron en tan trágicas condiciones. Justo detrás de él, en el extremo opuesto, se encuentran el reactor nº 4 y el gran sarcófago en construcción.

La ciudad fantasma de Prípiat

Finalmente, seguimos hacia Prípiat, una ciudad cuyo nombre probablemente se menciona menos en esta tragedia, a pesar de ser la ciudad que más sufrió las consecuencias. Desapareció de la noche a la mañana con la mayor parte de su joven población.

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La ciudad quedó atrapada en el tiempo y lo único que sigue creciendo es la naturaleza a su alrededor.

En la entrada de la ciudad hay otro punto de control y toda ella está rodeada por una valla. El bosque cubre ahora sus calles, en otro tiempo hermosas y llenas de armonía, sus plazas, avenidas y parques. Los postes de la luz ceden lentamente a los altos abetos que los cubren casi por completo. Estamos llegando al centro de la ciudad, donde podremos entrar en uno de los edificios.

Salgo del edificio y sigo avanzando por la calle hasta acercarme por fin a uno de los lugares de interés principales. En aquel momento, esta era una construcción normal y corriente, pero con el tiempo se ha convertido en un símbolo del desastre de Chernóbil: la noria de Prípiat. Lleva más de 30 años en pie, como esperando la inauguración que nunca se celebró ni se celebrará ya jamás.

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