Bajchisarái, retiro de poetas y emperadores en Crimea

Bajchisarái es un mágico rincón oriental situado a 30 km al sureste de Simferópol, la capital de Crimea. ¿Qué se puede hacer en este lugar mágico?

1. Comprar un ramo de lavanda recogido por las mujeres locales en las praderas de Crimea para venderlos después junto a los muros de la fortaleza de Çufut Qale. Por cierto, el nombre Bajchisarái proviene del tártaro de crimea y se traduce como “palacio ajardinado”.

dulces 

Fuente: alamy / legion media

2. Probar los dulces orientales típicos de la zona (baklavá, delicias turcas, jvórost) sentados en un banco junto a los muros del palacio de Bajchisarái, único ejemplar en el mundo de la arquitectura palaciega tártaro-crimea.

3. Buscar la inspiración en el palacio de Bajchisarái como lo hicieron grandes poetas, escritores, músicos y monarcas. El Palacio del kan de Bajchisarái despertó la admiración de la emperatriz Catalina II y de casi todos los emperadores rusos posteriores, así como del emperador austríaco José II.

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4. Admirar las celosías de los balcones del casco antiguo, situados justo enfrente de la fortaleza de Çufut Qale: estos balcones se construyeron en la Edad Media para que las jóvenes musulmanas pudieran respirar aire fresco y observar el ajetreo de la ciudad ocultas a la vista de los transeúntes.

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5. Conocer las antiguas costumbres musulmanas de los tártaros de Crimea en una excursión guiada al palacio de Bajchisarái. El guía hablará de las múltiples tradiciones del kanato de Crimea, como que las mujeres del kan estaban confinadas de por vida en una cámara del palacio. Su principal entretenimiento eran las salidas nocturnas a la torre Sokolinaia —situada en el jardín persa—, aunque la mayor parte del tiempo se dedicaban a leer el Corán, a bordar o a charlar entre ellas mientras bebían café.

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6. Transportarse imaginariamente dos siglos atrás para recorrer la ruta favorita del poeta ruso Alexander Pushkin, quien se inspiraba en sus paseos por el Palacio del kan de Bajchisarái durante el exilio en 1820, de donde salió un hermoso aunque triste poema titulado La fuente de Bajchisarái.

Según los contemporáneos de Pushkin, en una ocasión el poeta caminó hasta la 'fuente de las lágrimas' (la fuente Selsebil se encuentra en el mausoleo de Diliara, la esposa predilecta del kan, que murió muy joven) y, tras pasar un rato sentado frente a ella, arrancó dos rosas y las colocó junto a la fuente. De este modo nació una tradición que se ha conservado hasta nuestros días (las flores hay que llevarlas consigo).

Fuente: alamy / legion media

7. Perderse en el jardín rosa del Palacio de Bajchisarái, caer rendido sobre un banco y leer el poema de Pushkin. En una carta a su hermano Lev, el poeta le confesó que no deseaba publicar el poema porque muchos de los lugares mencionados "guardaban relación con una mujer de la que había estado perdidamente enamorado durante mucho tiempo". La identidad de esa mujer —a la que se conoce como el amor secreto de Pushkin— sigue siendo uno de los misterios aún sin resolver del poeta.

Fuente: alamy / legion media

8. Comprobar si realmente el Palacio de Bajchisarái es una 'ciudad dentro de otra ciudad': echar un vistazo a cada estancia, a la mezquita, a los baños, a los mausoleos... todo profusamente decorado, cubierto de esmeradas inscripciones y elegantes acabados. El proyecto de construcción para la residencia del kan se basó en la noción islámica del Edén; cada uno de los dirigentes posteriores añadió al palacio algo suyo.

Fuente: alamy / legion media

9. Pasear por el antiguo asentamiento de Eski-Yurt, las mezquitas históricas de Orta-Cami y Tahtali Cami, así como por la única escuela musulmana que se conserva en Crimea (Zinjerli-mendrese). En tiempos de la Horda de Oro, entre los siglos XIII y XIV, estos lugares fueron el centro de un mercado ambulante en el que podía encontrarse de todo: desde seda y especias a armas y piedras preciosas. Actualmente, aquí solo se pueden comprar sables de recuerdo y otros suvenires, aunque se sigue sintiendo el intenso aroma de las especias orientales.

Fuente: TASS

10. Escalar hasta el punto más alto de la ciudad y visitar las celdas del monasterio sagrado de la Asunción, situado en unas cuevas en la montaña. Aunque se asemeja a otras cuevas artificiales del mundo, como el monasterio de Capadocia en Turquía, el Castillo de las Rosas en Georgia o el monasterio de Ein Karem en Jerusalén, tiene un toque particular que lo distingue de los anteriores.

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