Así es la pistola soviética más rara

Mijaíl Degtiariov/Revista ‘Kaláshnikov’
La VAG-73, única en su tipo, que disparaba a gran velocidad, usó las primeras balas de acero soviéticas sin cartuchos.

En 1973, el autodidacta ingeniero soviético Vladímir Guerasimenko creó la pistola VAG-73, la primera en la URSS en utilizar cartuchos de acero que no requerían de carga explosiva. Por diversas razones, no pudo sustituir a la legendaria pistola Makárov utilizada por los organismos encargados de hacer cumplir la ley, pero, sin embargo, fue una importante contribución al desarrollo de las armas de fuego soviéticas.

Diseño de la pistola

Esta pistola tan poco llamativa fue el primer desarrollo del “hágalo usted mismo” en el gigantesco complejo industrial-militar de la Unión Soviética. Antes de esto, todos los pedidos de armas venían de arriba. Sin embargo, este fue el caso de alguien sin formación especializada que tomó la iniciativa y presentó su poco convencional idea a las autoridades.

La característica principal de la nueva arma, como se mencionó anteriormente, era la ausencia cartucho. No había ningún cartucho que contuviera pólvora; en cambio, este concepto de diseño implicaba casi la mitad del peso en las balas, ¡lo que duplicaba la velocidad de disparo de la pistola!

En lugar de un cartucho, Guerasimenko decidió colocar la carga explosiva en forma de cápsula combustible en la base de la bala de acero, dentro de un pequeño hueco revestido de cobre. Por lo tanto, el principio de funcionamiento recordaba un poco al de los proyectiles de artillería.

“Gracias a este ingenio, la nueva arma pudo disparar a gran velocidad, una de las primeras de la URSS en hacerlo. Y el tope neumático de deslizamiento, dentro de la pistola, redujo aún más el retroceso al disparar y mejoró la precisión del disparo”, contó el exanalista militar del periódico Izvestia, Dmitri Safónov, a Russia Beyond.

Un detalle técnico para los amantes de las armas: el VAG-73 tenía los mecanismos de amartillamiento prévio y automático. Este último permitía al tirador apretar el gatillo inmediatamente, sin amartillarlo.

“Todas estas soluciones ayudaron a aumentar la velocidad de disparo. Hoy en día, el amartillamiento automático y el amartillamiento previo son características estándar en las pistolas, pero a principios de la década de 1970 aquello suponía un gran avance técnico en el armamento soviético”, añade Safónov.

La pistola también estaba equipada con un gigantesco (para su época) cargador de doble piso con 24 cartuchos. Eso dotaba al VAG-73 de la posibilidad de realizar un total de 48 disparos. Cuando los cartuchos del cargador frontal se agotaban, la munición de la trasera se introducía en el receptor.

Inconvenientes

En comparación con la pistola Makárov, que estaba en servicio tanto en el Ejército como en los organismos encargados de hacer cumplir la ley, la nueva arma tenía seis veces más munición: la Makárov sólo cargaba ocho balas.

Sin embargo, esta “ventaja” tenía varios inconvenientes. La VAG-73 era 1,5 veces más grande y pesada que la Makárov. La nueva pistola pesaba 1,2 kg y medía 23 cm de longitud y 13 cm de altura (235 mm y 135 mm, respectivamente, para ser exactos). Eso significaba que incluso un tirador bien entrenado sufría al usarla, en términos de precisión y rendimiento.

Además, la fabricación de los cartuchos sin carcasa era varias veces más costosa que la de los proyectiles normales, incluso para los pedidos de preproducción.

Además, el diseño del VAG-73 no pasó las pruebas de calidad en Rusia. El arma era muy inconstante y exigía cuidado y atención continua. Además, se llenaba de suciedad en un abrir y cerrar de ojos, y el proceso de desmontar/limpiar/ensamblar era tedioso y requería el empleo de herramientas adicionales.

Lo más frustrante de todo es que, para los militares y el propio diseñador, el arma resultó ser muy poco fiable y rápidamente se volvió inservible en comparación con la pistola Makárov.

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