Errar es humano: el fallo tonto que provocó una crisis en la industria espacial rusa

El cohete Protón-M en el cosmódromo Baikonur.

El cohete Protón-M en el cosmódromo Baikonur.

Komsomólskaia Pravda/Global Look Press
Aunque parezca broma, los motores de cohetes espaciales "Protón", que valen cientos de millones de dólares, fueron devueltos a la fábrica debido a un pequeño fallo a la hora de almacenarlos.

En enero de este año Roscosmos sorprendió a todo el mundo con una noticia sin precedentes: se retiraron todos los motores de la segunda y tercera etapa del cohete “Protón”, fabricados hacía dos o tres años. Durante las pruebas los motores empezaron a fundirse, así que se devolvieron 71 ejemplares a la fábrica mecánica de Vorónezh.

Según los medios de comunicación, esta situación puso en duda la seguridad del cohete portador y del programa espacial ruso. “Rusia empezó el año 2017 con toda la flota espacial en tierra”, constataron algunos expertos.

Empezó una investigación y según los documentos técnicos, todos los motores estaban en buen estado. No se encontraron defectos durante el proceso de fabricación, ni durante las pruebas posteriores, incluida la prueba final. Un lanzamiento planeado para febrero se aplazó seis meses y el director de la fábrica tuvo que dimitir. Los socios internacionales recibieron una compensación, ya que el cohete tenía que poner en órbita cargas comerciales. Los encargados de la investigación fueron el FSB (Servicio Federal de Seguridad), la Fiscalía y el Comité de Investigación.

Resulta que todas las pistas llevaron a los investigadores hacia una moza de almacén. El director de Roscosmos, Ígor Komarov, explicó en una entrevista al diario Gazeta.ru: “La moza de almacén tenía una lesión importante y estuvo de baja durante un largo tiempo. En ese momento no hubo una continuidad básica en el trabajo de los mozos de almacén”. 

A la pregunta de cómo es posible que el proceso de fabricación de motores que valen millones de dólares, dependa de una empleada, Komarov dijo: “Por supuesto, el proceso no dependía exclusivamente de ella, pero cuando empezamos a investigar lo ocurrido, descubrimos que uno de los problemas tenía que ver con el registro de los materiales del almacén”.

Al final, resultó que los motores se soldaron de manera equivocada. Deberían haber utilizado una aleación más termorresistente y la que los fabricantes usaron no cumplía con los requerimientos técnicos. 

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