La dura lucha por la existencia de los pueblos indígenas del norte de Rusia

Fuente: Andréi Shaprán

Fuente: Andréi Shaprán

Entre los pueblos indígenas del Extremo Norte, Siberia y el Extremo Oriente de Rusia hay etnias cuyo número varía entre los cientos y las varias decenas de miles de habitantes. Estos pueblos han vivido desde tiempos inmemoriales en unas duras condiciones climáticas sin cambiar su tradicional estilo de vida. Sin embargo, en la actualidad cada vez se vuelve más difícil para ellos seguir existiendo en armonía con la naturaleza: la principal amenaza es la degradación del medio ambiente y la lenta disolución en otros grupos étnicos.

Rusia es un país multiétnico: cientos de pueblos habitan enormes territorios desde la isla de Sajalín, no lejos de Japón, hasta Kaliningrado, frontera con Polonia. Cada uno de estos grupos étnicos posee lengua, tradiciones y cultura propias.

Dentro de este mosaico de nacionalidades, el norte del país alberga una particularidad; concentra una gran diversidad de grupos étnicos poco numerosos, que no superan las 50.000 personas. Otros criterios para clasificar a estos pueblos indígenas son el estilo de vida tradicional y la consciencia de sí mismos como una comunidad étnica independiente. Según la Concepción para el desarrollo sostenible de los pueblos indígenas poco numerosos, aprobada por el gobierno ruso en 2009, en esta categoría figuran 40 grupos étnicos.

Su área de asentamiento es muy amplia: si, por ejemplo, los samis habitan densamente la península de Kola,  justo en la frontera con Finlandia, los aleutas y los inuit viven en los límites más orientales de Rusia: al este de la península de Chukotka y en la isla de Wrangel.

Hay también grandes diferencias en los números. Si los nénets, que viven en los amplios territorios de la costa del océano Glacial Ártico y en Siberia, alcanzan casi las 45.000 personas (según el censo de la población de 2010), sus parientes los enets, según ese mismo censo, únicamente ascienden a 200 personas, de las cuales muy pocas hablan la lengua propia de forma nativa.

La dura vida de los nénets del bosque

Históricamente el estilo de vida de los pueblos indígenas se ha visto condicionado por la dureza de su entorno. Se han dedicado y siguen dedicándose exclusivamente a los sectores tradicionales: la caza, la pesca y la cría de renos (que a menudo requiere un estilo de vida nómada) y de perros.

Pero la urbanización llega cada vez más lejos y estos pueblos tienen cada vez más posibilidades de mudarse a ciudades y asimilarse poco a poco a otros grupos étnicos. A esto contribuyó en gran medida el cambio de vida forzado que se llevó a cabo durante la época soviética. Entonces hubo un proceso según el cual se fue abandonando el nomadismo para pasar al sedentarismo.

Otro problema es la degradación medioambiental, combinada con el desarrollo de la industria, que afecta al estilo de vida tradicional de los pueblos del norte, basado en una estrecha relación con la naturaleza. 

El derecho a la pesca

Grigori Ledkov, presidente de la Asociación de Pequeños Pueblos Indígenas del Extremo Norte, Siberia y el Extremo Oriente de Rusia, explica a RBTH que en la actualidad hay una buena base legal, que los pueblos indígenas del norte están protegidos por el Estado y, a diferencia de la época soviética, nadie obliga, por ejemplo, a sus habitantes a dejar sus renos e ir a trabajar a empresas agrícolas.

Aunque al mismo tiempo, Ledkov subraya que todavía queda mucho por hacer. Según el presidente de esta asociación, es necesario introducir enmiendas en la ley que regula la caza y la pesca para conferirles un acceso más libre a los recursos naturales.

La vida de un pueblo nómada en Siberia

Otro aspecto sobre el que Ledkov llama la atención es el medio ambiente. “Debido al desarrollo de proyectos de gas y petróleo, existen serios aspectos que determinan la influencia de esta industria en el estilo de vida tradicional de estos pueblos”, comenta de manera diplomática el presidente de la asociación. Lo que se puede leer entre líneas es que los intereses de las grandes compañías que operan en Siberia, en el norte y en el Extremo Oriente entran en contradicción con los intereses de los pueblos indígenas.

Además, Ledkov también alude al riesgo de desaparición de algunos grupos debido a los matrimonios mixtos y la fusión con otros pueblos.  Así ha sucedido, por ejemplo, con los kereks, que se asimilaron por completo a los chukchi ya a principios del siglo XX.

Daria Jaltúrina, socióloga y etnógrafa, profesora de la Academia Rusa de Administración Pública, es optimismo con las previsiones para la mayoría de pueblos del norte: “En la actualidad el índice de natalidad es bastante alto, por lo que no se encuentran en peligro de extinción, lo cual permitirá preservar su antigua cultura. Sin embargo, es necesario trabajar para mejorar la alta mortalidad, especialmente la mortalidad masculina, cuya causa más común es el alcoholismo, y la infantil”.

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