Expectación por el discurso de Putin ante la ONU

Dmitri Divin
Está previsto que el presidente ruso hable ante las Naciones Unidas por primera vez en una década. ¿Cuál será el tono que utilizará ante la comunidad internacional?

Durante el primer día de la 70ª Asamblea General de la ONU se esperan los discursos del líder chino Xi Jinping, del ruso Vadímir Putin, del estadounidense Barack Obama y del presidente iraní, Hassan Rouhaní. En este época turbulenta, la Asamblea General es quizá el único lugar donde se pueden reunir bajo el mismo techo ponentes tan diferentes.

Es evidente que la fecha conmemorativa influirá en el contenido de los discursos, y lo más probable es que los líderes de las grandes potencias se abstengan de enumerar sus quejas sin antes haber hecho un prolijo preámbulo. Lo más probable es que los atentos oyentes tengan que leer entre líneas  y sacar sus propias conclusiones entre las frases evasivas y las alusiones.

En los últimos años ha sido habitual que uno de los ponentes suba al estrado y agite con su retórica las anteriores intervenciones. El expresidente iraní Ahmadineyad y el fallecido Hugo Chávez desempeñaron ese papel. Se ha dicho que en la 70ª sesión de la Asamblea General es Putin quien tiene todas las papeletas para desempeñar ese papel.

El próximo 28 de septiembre todos los focos se centrarán en el presidente ruso, esperando que denuncie a los EE UU y a sus aliados y que proponga novedosas soluciones a cuestiones internacionales. Pero lo más probable es que todas estas expectativas sean en vano. Es incluso hasta posible que el propio Putin no suba al estrado y pida a algún subordinado que dé el discurso.

Debido al actual clima en el ámbito internacional, particularmente en la ONU, el presidente ruso quizá decida no subirse a la tribuna, al no contar con una victoria asegurada, o se limite a hacer  declaración estrictamente formal.

Durante los 70 de historia de la organización, las relaciones entre la ONU y Rusia ha fluctuado considerablemente. Durante la primera década de existencia Moscú la veía como un baluarte enemigo y como un instrumento de los países occidentales, que tenían una clara mayoría en la Asamblea General, para presionar a la URSS.

Durante este periodo, la delegación soviética hacia un activo uso de su derecho a veto, sobre todo para bloquear el acceso de nuevos miembros proestadounidenses.

Tras la muerte de Stalin en 1953 y el ascenso de Nikita Jruschov al poder, la actitud soviética cambió. Se daba la bienvenida a los nuevos países y el Kremlin comenzó a ver la Asamblea General como un plataforma ideal desde la que expandir su influencia entre las naciones recién independizadas del mundo en desarrollo.

En otoño de 1960, la visita de Jruschov a Nueva York, para asistir a las 15ª Sesión de la Asamblea General duró tres semanas. El líder soviético participó activamente en discusiones que atrajeron la atención global. Recuérdese el incidente en el que aporreó con su zapato el estrado para protestar contra las declaraciones que él consideraba antisoviéticas.

Durante la época de Brézhnev, en la década de los 70, la URSS utilizó principalmente la Asamblea General para promover sus ideas acerca del desarme y la seguridad internacional. Las propuestas parecían más factibles que el "desarme en cuatro años" propuesto por Jruschov y permitió que la URSS se presentase como un bastión de la paz, sobre todo en un momento en el que los EE UU estaban involucrados en la guerra de Vietnam. 

Pero a finales de los 70 la situación cambió, cuando los envejecidos líderes soviéticos se embarcaron en la desafortunada campaña de Afganistán. De modo que la Asamblea General pasó de ser un lugar de victorias diplomáticas para la URSS a un espacio de críticas feroces. La intervención por la fuerza en los asuntos de un país de tamaño medio o pequeño e incapaz de resistir no era del agrado de la mayoría de los miembros.

La reputación de la URSS en la ONU se restableció con Mijaíl Gorbachov y su nueva forma de encarar los asuntos de la política internacional. Su discurso ante la Asamblea General del 8 de diciembre de 1988 fue uno de los momentos más emotivos de la historia de la organización y parecí a que iba a inaugurar una nueva era en la cooperación internacional.

Tras el colapso de la URSS, la nueva Rusia trató durante un tiempo de preservar el capital político obtenido con el "efecto Gorbachov", sobre todo con sus insistentes llamadas a que la ONU desempeñase un papel más importante en los asuntos internacionales. Esta actitud fue bien acogida, sobre todo dado el desdén que los EE UU mostraban a la ONU.

En la segunda década del siglo XXI, Rusia dejó atrás el legado de Gorbachov.

Si Putin decide dedicar su discurso ante la Asamblea General a la necesidad de que haya un cumplimiento estricto de la legalidad internacional y a que la ONU tenga un papel más destacado, podría ser abucheado.

Durante años Moscú ha criticado legítimamente a Washington por sus actuaciones, pero el Kremlin ha demostrado que en estos momentos se guía por la política para defender sus propios intereses nacionales.

Rusia ha minado su propia imagen ante la ONU, construida durante años, y las buenas intenciones de Brézhnev de finales de los 70 parecen ahora papel mojado. Si el presidente ruso se presenta con un discurso antiestadounidense puede ser que este no funcione de cara a muchas delegaciones, que ven en un Rusia una superpotencia tratando de mantener su posición.

De modo que la mejor opción para Vladímir Putin a la hora de hablar desde el podio de las Naciones Unidas es abstenerse de hacer declaraciones altisonantes acerca del respeto a la legalidad internacional.

Como líder de una país con gran poder, Putin debería realizar un análisis realista de las amenazas actuales, sobre todo el Estado Islámico, y mostrar su compromiso para la creación de un sólido mecanismo de cooperación internacional, preferiblemente bajo el auspicio de la ONU. Sin embargo, dado el actual momento de las relaciones entre Rusia y Occidente, este tipo de cooperación puede que sea tan solo una vana ilusión. 

Iván Tsvetkov es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Estatal de San Petersburgo.

Artículo publicado originalmente en Russia Direct.               

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