¿Para qué necesitamos a EE UU?

Dibujado por Alekséi Iorsh

Dibujado por Alekséi Iorsh

Rusia no se plantea renunciar a la cooperación con los Estados Unidos, aunque tiene intención de actuar sin hacer concesiones en cuestiones que considera vitales.

Los políticos occidentales entienden que Rusia ha decidido por primera vez actuar tal como considera oportuno, sin dejar espacio para compromisos con Europa y los EE UU. Es simple: la cuestión de Ucrania es tan importante para Moscú que no hay tiempo para reverencias.

En Occidente estaban desacostumbrados a esta manera de actuar y tratan de que Rusia vuelva al modelo de conducta que mantenía desde hacía tiempo. Rusia contesta recordando, en cualquier caso, que, por elevadas que sean las sanciones impuestas, nadie ha anulado la capacidad de convertir a EE UU en 'polvo radioactivo'. Se respira un ambiente desapacible, pero es preferible el duelo verbal a uno de cualquier otra naturaleza.

Sea como sea, las pasiones desatadas se irán apaciguando, y habrá que volver a tratar asuntos de agenda. ¿Qué podemos esperar por parte de los norteamericanos? ¿Y qué necesitamos, realmente?

En la época soviética, los Estados Unidos se encontraban en el centro de atención del Kremlin. Era comprensible: toda la política mundial, a decir verdad, giraba en torno a la confrontación bipolar. Finalizada la Guerra Fría, se consideró que la enemistad entre ambos países era agua pasada y fue sustituida por una “asociación estratégica”.

Pero lo cierto es que no quedó muy claro lo que significaba ese concepto, pues enseguida comenzaron a aplicarlo a tontas y a locas con todos los países. En realidad, el enfrentamiento psicológico nunca desapareció, y la desigualdad de las fuerzas y de las capacidades, así como la falta de equilibrio, no hizo sino redoblar el sentimiento opresivo de insatisfacción mutua.

En Rusia ha pervivido durante mucho tiempo la idea de que unas relaciones normales con los Estados Unidos eran valiosas e importantes por sí mismas y no por algo concreto. Y en teoría así era. Los Estados Unidos son el país más potente y desarrollado del mundo, el que posee la mayor esfera de influencia y capacidades. En la práctica, Rusia no ha aprendido a aprovecharse de estas capacidades en beneficio propio. De todos modos, los Estados Unidos no están preparados para una cooperación de igual a igual y Rusia claramente no se ha mostrado dispuesta a reconocer el liderazgo de EE UU. 

Ahora no es el momento de hablar de asociación estratégica. ¿Significa esto que avanzamos hacia un régimen de confrontación general? Es poco probable.

Rusia no es la Unión Soviética. No busca ni la dominación mundial ni la supremacía ideológica. Moscú ha trazado una línea que considera vital (Ucrania, sin duda, está dentro de ella) y tiene intención de actuar sin hacer concesiones. Sin embargo, la confrontación con los Estados Unidos no constituye un fin en sí mismo en la arena internacional. Puede ser un medio para recordarle esa línea. Por lo demás, Moscú no tiene previsto convertirse en un rival sistémico de Estados Unidos.

Cabe destacar que en medio de la polémica extremadamente aguda en torno a Ucrania se sigue cumpliendo conforme al calendario la retirada de armas químicas de Siria, la posición del Kremlin no ha cambiado, ni con respecto al arreglo político en Siria ni en cuanto a las negociaciones nucleares con Irán

Por otra parte, es significativo el hecho de que Rusia no haya puesto en tela de juicio la cooperación en materia de tránsito de las cargas de la OTAN desde Afganistán vía Uliánovsk. Y todo esto en medio de un contexto de declaraciones hostiles por parte de los representantes tanto militares como políticos de la Alianza.

Rusia, a juzgar por todos los indicios, no tiene intención de negarse a cooperar con los Estados Unidos en aquellos puntos donde los intereses de los países no entren en conflicto. Pero, en cambio, no cederá en los puntos en que éstos se contradigan. Es un modelo completamente natural en las relaciones entre dos grandes potencias que no son aliadas. Especialmente en el mundo multipolar de hoy en día, donde ya no hay oposiciones simples y dependencias lineales. 

¿Cuál es el campo de coincidencias? Está el Ártico donde, contrariamente a las pasiones a menudo exacerbadas entre ambos países, los intereses rusos y norteamericanos no difieren mucho entre sí. Está la cuestión de la no proliferación nuclear, en la que Moscú y Washington, tanto si les gusta como si no, siguen siendo los actores más importantes y sobre los que recae la principal responsabilidad. El tema del terrorismo también ha tenido sus altos y bajos, en general ha sido abordado con diálogos bilaterales, pero, con todo, existen objetivamente puntos de intersección. 

Lo más importante, sin embargo, es otra cuestión. 'El divorcio' de Rusia con Occidente, que es ya probable después de los recientes acontecimientos, acelera el giro de Moscú hacia el Este, y así se ha comunicado ya al más alto nivel. En sí mismo es justo e incluso ha tardado en llegar: no es posible mirar el mundo a través de las gafas europeas cuando el escenario principal se ha trasladado a Asia. Sin embargo, allí tienen su propia política en la que Rusia no es en absoluto el actor más poderoso. 

China examina su lugar en el mundo y las capacidades de otros socios a través del triángulo de las superpotencias: la República Popular China - los Estados Unidos - Rusia. La relevancia de cada uno de los vértices de este triángulo depende de las relaciones con los otros dos que lo conforman. Y el ángulo que pierde el contacto con alguno de las otras dos puntas se convierte, para China, en el más débil. Y dependemos mucho del tercer “vértice”. En esta geometría es importante para Moscú conservar el vínculo con Washington como medio de mantener el equilibrio con Pekín y la mejora de sus intereses. 

Fiódor Lukianov es presidente del Consejo de Política Exterior y Defensa.