Cuando los primeros rusos llegaron a España

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¿Qué impresión se llevaron los primeros visitantes eslavos?

Hoy resulta difícil imaginar cómo Alexander Pushkin escribió su Convidado de piedra inspirado en Sevilla sin haber estado nunca en España. Hasta el siglo XIX, los rusos no salían al extranjero por placer. Era un privilegio de diplomáticos y condes, como Nikolái Yusúpov, que pasó varios años recorriendo Europa desde 1770.

Los primeros viajeros rusos llegaron a España décadas más tarde. Esa lejana tierra mítica atraía a escritores, músicos y otros intelectuales. Uno de ellos, el periodista Vasili Botkin, plasmó sus impresiones en Cartas sobre España, escritas en 1845. Después le siguieron el compositor Mijaíl Glinka, los pintores Iliá Repin, Iván Aivazovski, Karl Brullov y muchos otros.

No todos dejaron testimonios, pero algunos describieron sus sensaciones en detalle. Así lo hizo Mijaíl Glinka nada más llegar a Pamplona: “Querida madre, creo que es mi deber tranquilizarla y asegurarle que los españoles son buenas gentes y no como les describen...”, sentenciaba.

Mijaíl Glinka (1804-1857) estuvo en España entre 1845 y 1947. Llevó a Rusia cuadernos con canciones, apuntes y dos oberturas españolas.Iliá Repin (1844-1930) se graduó por la Academia Imperial de las Artes de San Petersburgo. Emprendió un viaje a España en 1883.

Recuerdos de los turistas del siglo XIX

Durante un viaje que Iván Ayvazovski emprendió en una carroza de Granada a Málaga (1840), acompañado por un comerciante español, se cruzó con tres hombres armados “de un aspecto severo”, como les describió posteriormente el pintor en su diario. “Desde el primer momento me pasó por la cabeza que eran bandidos, y este pensamiento se convirtió en una convicción cuando uno de ellos subió al pescante sin ceremonia y los otros dos fueron caminando a ambos lados de la carroza”.

Iván Ayvazovski (1817-1900), graduado por la Academia de Artes de San Petersburgo, fue enviado a Europa en el año 1840 para perfeccionar su pintura.

“¿Son bandidos?”, preguntó Ayvazovski a su acompañante, quien intentó tranquilizarle diciendo que no lo eran.

Sin embargo, las pistolas y los cuchillos anchos que los jóvenes llevaban colgados del cinturón contradecían las palabras del comerciante. El que estaba encaramado en la carroza dijo algo al oído al conductor, y después este le entregó un dinero. Deseando mantener una relación amable con los acompañantes no deseados, Ayvazovski quiso hacer lo mismo, sin embargo, su compañero español se lo impidió.

Al llegar a Málaga se despidieron. “Invité a mi compañero a comer y me explicó sonriente que fuimos acompañados por los bandidos. ¡He de decir que sus bandidos son muy pacíficos!”, exclamó Ayvazovski.

Los trenes pueden esperar

El pintor Iliá Repin soñaba con ver las obras de Velázquez. Cuando llegó a Madrid en 1883, pasó días enteros encerrado en El Prado, copiando al maestro español. “Para comprender cómo son las copias de Repin, tienes que saber que hizo una de ellas en un día y medio y la otra en un día. Todo el tiempo estaba rodeado por una muchedumbre de gente... que se quedaba asombrada por su rapidez y precisión”, escribió más tarde un amigo del artista que le acompañó en aquel viaje. En el despacho de su casa en San Petersburgo había un solo cuadro: una copia de Las Meninas.

Sin embargo, el pintor trajo otros recuerdos de España. Un día decidió tomar el tren a Toledo, pero cuando finalmente consiguió parar a un acarreador, se dio cuenta de que llegaba tarde a la estación. “Vimos que el tren ya empezaba a echar humo... Pero los servidores nos avistaron y agitaron las manos. ¡Nos estaba esperando todo el tren! ¿En qué otro país del mundo vais a encontrar esta fraternidad?”, recordaba el pintor en su diario.

Don Miguel

Mijaíl Glinka fue a España en 1845 para estudiar las tradiciones musicales de diferentes provincias. Enviaba con frecuencia cartas a su madre, en las que contaba todo lo que le impactaba del país, como, por ejemplo, el hecho de que le consideraran “un hombre alto” y le llamaran Don Miguel. “España no se parece a ninguna otra parte de Europa... cada provincia aquí es diferente, por eso la mayoría de los viajeros la describieron de forma incorrecta, juzgando a todo un país por algunas partes. Para conocer a toda España hay que pasar aquí varios años”, escribió el músico.

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