Crónica de los moribundos restos de la civilización soviética (Fotos)

Arseni Kotov
Este fotógrafo ruso está totalmente enamorado del brutalismo de la arquitectura soviética. Tanto que dejó su trabajo como ingeniero para dedicarse completamente a la fotografía.

Algunos se preguntan por qué la arquitectura soviética - caracterizada por la uniformidad de sus formas - era tan fea, pero otros ven belleza estética en los grises edificios modernistas dispersos en el espacio postsoviético.

El fotógrafo Arseni Kotov, de 32 años, pertenece al segundo grupo. Sus fotos de la arquitectura soviética son muy populares en Instagram y han sido recientemente publicadas en un libro.

“Este era mi hobby antes de que se convirtiera en mi trabajo”, dice Kotov.

Dejó su trabajo como ingeniero para empezar a viajar y a tomar fotos de la arquitectura soviética en los países postsoviéticos, porque le parecía algo “impresionante”.

“Empecé visitando diferentes ciudades rusas y luego me di cuenta de lo interesante que era la arquitectura modernista soviética. Decidí que visitaría todas las repúblicas postsoviéticas y tomaría fotos de los edificios más impresionantes de estas repúblicas para hacer un libro”, explicó.

Kotov comenzó su ambicioso proyecto en 2016 y publicó su primer libro tres años después.

Arseni alquiló su apartamento para financiar su proyecto y se fue a la caza de perlas de la arquitectura soviética.

Al principio, cuando la fotografía de Kotov no generaba suficientes ingresos para convertirse en un negocio rentable, solía recortar los gastos lo más posible. “Intenté ahorrar tanto dinero como fuera posible: hacía autostop para cubrir distancias cortas, nunca me alojaba en hoteles, [en cambio] iba a casas de gente que conocido en Couchsurfing”.

Inicialmente, Kotov fotografió las ciudades más pobladas y conocidas del espacio postsoviético. Más tarde, tras cubrir la mayoría de ellas, comenzó a ir lugares más pequeños.

El único recuerdo que Arseni tiene de su infancia en la URSS es el de un club de aficionados al modelismo de aviones. “Cuando era niño, quería unirme al club pero cuando tuve la edad suficiente para hacerlo, ya no existía”, dijo Kotov. Sin embargo, afirma tener cierta nostalgia de la época soviética a pesar de haber nacido tres años antes del colapso de la URSS.

A diferencia de muchas personas de su generación, Kotov encuentra atractivos los viejos bloques de viviendas soviéticos, ya que le recuerdan su infancia y, también, porque le inspira su concepción utilitaria.

Construidos entre los años 50 y 80, las llamados jriushchevkas permitieron que innumerables familias soviéticas que habían estado viviendo en apartamentos comunales adquirieran su propio espacio vital, algo inimaginable unos años antes de que Nikita Jrushchov lanzara el gran experimento de construcción en la URSS.

“A medida que se construían estos edificios, la gente los encontraba atractivos. Así era para los arquitectos, por ejemplo, y para quienes tenían su propio apartamento. Era mucho mejor que vivir en un pueblo sin agua corriente y otras instalaciones. No estaba mal crecer en este ambiente. No tuve una mala infancia porque sintiera que me ahogaba en un edificio así”, afirma Kotov.

Está tan absorbido por su ocupación que critica a la gente que no le gusta la estética brutalista de la arquitectura soviética. “Deseo que se calmen y acepten la realidad [postsoviética] tal como es. Creo que la gente puede encontrar algo bello en cada cosa que les rodea”, dijo Kotov.

El fotógrafo tampoco aprecia los intentos de las autoridades rusas de renovar los viejos edificios de estilo soviético. “Los pintan en colores parecidos a los de los payasos -rojo, rosado y amarillento- aunque estos edificios fueron diseñados para estar en pie como monolitos grises. Se ha perdido la idea inicial”, dijo Kotov.

Cada una de sus sesiones de fotos es una pequeña aventura, ya que a menudo requiere irrumpir en los edificios y tejados vecinos para obtener la perspectiva adecuada. “Llevo una cámara y una llave inglesa cuando salgo a tomar fotografías”, comentó Kotov, que nunca busca la ayuda de las autoridades locales ya que cree que es una pérdida de tiempo. “A veces accedo a lugares ilegalmente. Llevará años coordinar una sesión de fotos en algunos de los lugares y no puedo soportarlo. Lo hago a mi manera”.

La mayoría de su enorme base de fans de Instagram (171.000 en el momento de escribir este artículo) vive en el extranjero y solo el 30% están en Rusia. Entre los seguidores hay personas que solían vivir en la URSS pero emigraron, también hay algunos que nunca han vivido en Rusia pero encuentran atractiva la arquitectura soviética.

“Simplemente les parece fascinante la cultura soviética. La URSS era un país cerrado y la gente que vivía en el extranjero tenía poco conocimiento del estilo de vida soviético. Hoy en día, aunque las fronteras de Rusia están abiertas, poca gente tiene la oportunidad de visitar el país pero se mantiene el interés”, afirmó Kotov.

En la actualidad gana dinero publicando libros y vendiendo copias de alta calidad de sus tomas por hasta 150 euros cada una, a través de una empresa con sede en Estocolmo.

Uno de los libros de Kotov Las ciudades soviéticas fue publicado en 2020 por la editorial británica Fuel. Otro libro de próxima aparición, titulado Las estaciones soviéticas, presenta “cuatro áreas de las repúblicas postsoviéticas vistas en cuatro estaciones diferentes”, ha logrado reunir el dinero de los inversores en la plataforma KickStarter.

Su foto favorita es “El portal azul”. “Estaba en la azotea de un edificio de 16 pisos en las afueras de Yaroslavl esperando el atardecer. De repente, noté que no solo se encendían las luces de la calle, sino que una misteriosa luz azul eliminaba un arco debajo. Un hombre estaba fumando junto al arco. Tomé una fotografía y sólo entonces me di cuenta de lo genial que era esta foto”.

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