Cómo Canadá rescató a 2.000 soviéticos en el Ártico

El regimiento de Edmonton en Barentsburg

El regimiento de Edmonton en Barentsburg

Biblioteca y Archivos de Canadá, Legion Media
Si no fuera por la ayuda de las fuerzas canadienses, la población soviética de Spitsbergen en Noruega habría encontrado una muerte segura, ya sea a manos de los nazis o por inanición al comienzo de un largo invierno ártico.

El 23 de agosto de 1941, se hizo una entrada en el registro militar de la Infantería Ligera de Saskatoon de Canadá: “Los hombres decían que era la primera vez que sus pies estaban fríos en agosto.” Los canadienses nunca habían participado hasta entonces en operaciones militares en el Ártico.

Su objetivo era desembarcar en Spitsbergen, la isla más grande del archipiélago noruego de Svalbard, para evacuar varios miles de hombres, mujeres y niños soviéticos. El tiempo era algo esencial, ya que las fuerzas nazis podían llegar en cualquier momento.

Objeto estratégico

Convoy del Ártico

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Svalbaard, situada a sólo 600 km del Polo Norte, fue el lugar de una importante explotación minera de carbón de alta calidad. Había unos 2.000 mineros soviéticos trabajando junto a noruegos. Vivían en sus propios asentamientos en la isla.

La ocupación de Noruega en 1940 por la Alemania nazi no tuvo mucho efecto en Spitsbergen, pero el ataque de Alemania a la URSS cambió esto completamente. Los aliados occidentales se prepararon para realizar envíos regulares de equipo militar y otros artículos necesarios a la Unión Soviética. El archipiélago estaba situado a lo largo de la ruta ideada y jugaba un importante papel estratégico debido a ello.

Si Spitsbergen era capturada por los alemanes y empezaba a actuar como base de operaciones de su marina y fuerza aérea, toda la estrategia para realizar los envíos se habría visto seriamente comprometida. Así que los aliados decidieron actuar con decisión para evitar que eso ocurriera.

Los noruegos se preparan para abordar un barco que los lleva a Gran Bretaña.

El plan inicial propuesto por la URSS era ocupar Spitsbergen junto con Gran Bretaña y utilizarlo como base de acceso a  Noruega. Sin embargo, la vigilancia de las islas por parte de la Marina Real Británica reveló que este objetivo habría sido imposible de alcanzar. Esto llevó a la parte soviética a cancelar sus planes: necesitaba todos los soldados disponibles para proteger el puerto norteño de Múrmansk, que se encontraba bajo una inmensa presión de la Wehrmacht. 

Cuando se hizo evidente que la Unión Soviética se enfrentaría a dificultades para abastecer a los miles de sus mineros aislados en Spitsbergen, el principal objetivo de los Aliados se convirtió en lanzar una operación de rescate. La llegada del frío y oscuro invierno ártico era inminente, poniendo a la población de Spitsbergen en peligro mortal.

La operación ‘Gauntlet’

Los zapadores de la 3ª Compañía de Campo, Ingenieros Reales Canadienses, quemando pilas de carbón.

Las fuerzas expedicionarias canadienses encabezaron la operación y se mostraron increíblemente entusiastas en entrar en combate, ya que, hasta ese momento, su participación en las campañas de la Segunda Guerra Mundial había sido mínima, aparte del empleo de su Fuerza Aérea.

Alrededor de 500 canadienses habían pasado a formar parte de la Fuerza 111, comandada por el brigadier Arthur Edward Potts. Un total de 100 soldados británicos y varias docenas de noruegos formaban parte del destacamento.

El 25 de agosto de 1941, el buque de transporte Empress of Canada, acompañado de varios destructores y cruceros británicos, apareció cerca del asentamiento de Barenzburg, en la costa de Spitsbergen.

Destruyendo los explosivos mineros que no pueden ser retirados.

Afortunadamente, no se produjeron combates, pues no aparecieron los alemanes. Toda la población soviética de la isla, de 2.000 habitantes, compuesta por mineros y sus familias, embarcó a bordo del barco canadiense, que se dirigió a la URSS. Llegaron a salvo al puerto soviético de Arcángel el 29 de agosto.

Mientras tanto, los soldados canadienses y británicos se dedicaron a destruir todos los objetos de valor que no podían llevarse a bordo, pero que bajo ninguna circunstancia debían caer en manos enemigas. De esta manera, sin tocar las minas de carbón, los soldados destruyeron la infraestructura de apoyo, que incluía las plantas de energía eléctrica y los ferrocarriles. El asentamiento, de madera, ardió accidentalmente hasta los cimientos en el proceso.

A su regreso, el Empress of Canada tomó a bordo 765 noruegos y se partió hacia Glasgow. Para el 4 de septiembre, no quedaban aliados en la isla.

Demolición por los Ingenieros Reales Canadienses de la estación de radio.

La llegada de los alemanes

Un grupo de desembarco germano llegó a Spitsbergen casi tan pronto como los aliados se retiraron de ella. No en busca de carbón, ni por la posición estratégica de la isla, sino porque las fuerzas canadienses y británicas habían destruido completamente la estación meteorológica, en la que la Kriegsmarine había confiado completamente para obtener informes del tiempo en la región. Estos eran cruciales para los alemanes, pues debían ayudarles a llevar a cabo operaciones en el Océano Ártico, incluyendo la caza de convoyes aliados.

Lo sucedido después fue una especie de juego del gato y el ratón entre nazis y aliados (predominantemente, los noruegos), cada uno de los cuales llevó a cabo numerosos desembarcos en las islas, tratando desesperadamente de acaba expulsando definitivamente al adversario.

El brigadier A.E. Potts saluda durante el desfile final en Longyearbyen.

A pesar de que Noruega tenía la última palabra sobre este territorio, el archipiélago era demasiado grande para que lo controlaran. Hasta septiembre de 1945, una estación meteorológica secreta, puesta en funcionamiento por el Capitán Wilhelm Dege, situada en una isla deshabitada del archipiélago, continuó sus operaciones. Ese mismo mes, las últimas fuerzas de ocupación alemanas fueron hechas prisioneras por cazadores de focas noruegos. 

La URSS regresó a Spitsbergen más tarde, después de la guerra. Los soviéticos establecieron rápidamente allí su propia infraestructura, que sigue funcionando hasta hoy.

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