¿Dónde combatió el Ejército Rojo a los nazis a pesar de que estos habían capitulado el 8 de mayo?

Oleg Knorring/TASS
Cuando las tropas soviéticas asaltaron Berlín, parte de la URSS aún estaba bajo ocupación nazi.

“Nuestro regimiento continuó luchando en las montañas checas durante otros cinco días después de la capitulación de la Alemania nazi. Algunos murieron en combate después del Día de la Victoria...” recordó el Sargento Mayor Vladímir Vostrov del Regimiento número 1433 de Artillería Autopropulsada de Nóvgorod. En total, varios miles de soldados del Ejército Rojo perdieron sus vidas aunque la guerra en Europa hubiera terminado oficialmente.

¿Qué hizo que muchos alemanes siguieran luchando cuando todo había terminado? En primer lugar, fue el miedo a las represalias rusas. Esto los llevó a luchar hacia el oeste,  con la esperanza de rendirse a los británicos o a los americanos.

Bornholm

El día después de la rendición de Alemania, que entró en vigor el 8 de mayo de 1945, una pequeña fuerza de asalto soviética de hasta 200 hombres desembarcó en la isla danesa de Bornholm, ocupada por una guarnición alemana de más de 11.000 soldados. Los alemanes declararon inmediatamente que sólo se rendirían a los aliados occidentales, y los soviéticos podían abandonar la isla o enfrentarse a la aniquilación.

En respuesta, los comandos rusos capturaron el puerto y el telégrafo, cortando las comunicaciones de la isla. Se lanzó un ultimátum al comandante de la guarnición, el general Rolf Wuthmann: si sus hombres no deponían las armas, aviones soviéticos bombardearían la isla. Los alemanes capitularon unas horas más tarde, pero la liberación de Bornholm había costado la vida de 30 soldados soviéticos.

Ya el 9 de mayo, se libraron batallas aéreas y marítimas alrededor de la isla, con algunos convoyes alemanes desesperados por abrirse paso hacia el oeste. Un total de diez barcos alemanes fueron hundidos y 16 aviones derribados.

Praga

“Nuestro avance hacia Praga no fue un paseo incruento. Todos los caminos estaban minados, los alemanes nos atacaban por todos lados”, recordó el teniente Iván Maslov, comandante del pelotón de blindados de la 52ª Brigada de Tanques de la Guardia. Según el plan del mariscal de campo Ferdinand Schoerner, Bohemia, donde los restos de las tropas alemanas habían convergido, se convertiría en un “segundo Berlín”. El objetivo de los alemanes era resistir lo suficiente para repeler la ofensiva del Ejército Rojo y rendirse a los aliados occidentales que se acercaban.

La batalla por la capital checoslovaca comenzó el 5 de mayo, pero no contra el Ejército Rojo. Los residentes de Praga se levantaron contra la guarnición alemana, y más tarde se les unió la 1ª División de Infantería del colaboracionista Ejército Ruso de Liberación (ERL) en un intento de ganarse el perdón de los Aliados

Cuando los hombres del primer frente ucraniano se acercaron a la ciudad el 8 de mayo, los soldados del Ejército Ruso de Liberación abandonaron sus posiciones y se dirigieron al oeste hacia las tropas estadounidenses. Casi todas las unidades alemanas con las que los colaboracionistas habían estado combatiendo durante días hicieron lo mismo. La tarea de defender Praga contra el Ejército Rojo recayó en las unidades de la Wehrmacht y a las divisiones de las SS (Wallenstein, Das Reich, Viking) que no tuvieron tiempo de retirarse.

La batalla de Praga duró desde la madrugada hasta las 4 de la tarde del 9 de mayo, antes de que el enemigo finalmente capitulara. Las pérdidas estimadas del Ejército Rojo varían mucho: desde más de 1.000 (según la versión soviética) hasta sólo unas pocas docenas (según algunos historiadores checos).

Habiendo liberado la ciudad, las tropas soviéticas avanzaron hacia el oeste, estableciendo una línea de contacto con los americanos a la medianoche del 11 de mayo. Ese mismo día, cerca del pueblo de Slivice, unidades del Ejército Rojo y partisanos checoslovacos, con fuego de apoyo del 3er Ejército de los Estados Unidos, lanzaron un ataque contra las posiciones de la última formación organizada del ejército alemán en Europa central: 7.000 efectivos bajo el mando del Gruppenführer de las SS Carl Friedrich von Pückler-Burghaus, cuyas tropas estaban formadas por lo que quedaba de las divisiones de las SS Wallenstein y Das Reich.

Como resultado de la batalla, que duró casi un día, los alemanes perdieron más de 1.000 soldados, y el Ejército Rojo y los partisanos alrededor de 70. Los restantes 6.000 soldados germanos fueron hechos prisioneros, y Pückler-Burghaus, tras firmar el documento de rendición, se suicidó de un disparo.

Curlandia

A mediados de octubre de 1944, durante la ofensiva a gran escala del Ejército Rojo en el Báltico, el Grupo Norte del Ejército Alemán quedó aislado en Curlandia (Letonia occidental). Aproximadamente 400.000 soldados terminaron atrapados en la llamada Bolsa de Curlandia, al que los soviéticos se refirieron con humor como “campo de prisioneros de guerra armados”.

No era una “bolsa” en el sentido más estricto, ya que los alemanes todavía mantenían el control del gran puerto de Libava (ahora Liepaja), y algunas tropas fueron evacuadas hacia el Reich por mar. Esto hizo que tropas soviéticas de que las reserva tuvieran que ser transferidas de Curlandia a Pomerania, en la costa del Báltico, a principios de 1945, lo que impidió en gran medida que el 1er Frente Bielorruso pudiera lanzar una ofensiva sobre Berlín en el mes de febrero. 

La feroz lucha para eliminar el Grupo de Ejército Norte, que era de unos 250.000 efectivos a principios de mayo, duró hasta la rendición final de Alemania. “Toda la Bolsa de Curlandia estaba llena de líneas de trincheras. Capturábamos una trinchera y otra línea la seguía inmediatamente, parecían no tener fin”, recordó el soldado raso Jakob Karasin del 140º Regimiento de Fusileros de Reserva del Ejército. 

Aunque los alemanes comenzaron a rendirse en masa en la noche del 8 de mayo (más de 60.000 de ellos), la resistencia continuó. Soldados desesperados se aferraron a la idea de volver a su país en los últimos convoyes marítimos que salían hacia el oeste; otros intentaron abrirse paso hasta Prusia Oriental por tierra.

“En Curlandia, terminamos la guerra no el 8 de mayo, sino el 13, después de haber terminado de peinar la zona liberada, donde durante cuatro días después del Día de la Victoria continuamos derramando sangre contra un enemigo prácticamente suicida. Al final de la batalla, en nuestra compañía solo quedaba 11 hombres, incluyéndome a mí...” recordó el Teniente Mayor Mijaíl Levin. 

La última gran batalla en Curlandia tuvo lugar el 22 de mayo, cuando los restos del 6º Cuerpo del Ejército SS (300 hombres) trataron de romper el cerco. Cuando este intento falló, su comandante, el Obergruppenführer Walter Krueger, se pegó un tiro, suicidándose.

Algunos destacamentos alemanes aislados continuaron resistiendo al Ejército Rojo hasta julio de 1945. Además, después de que la Bolsa de Curlandia fuese neutralizada, miles de colaboracionistas de origen báltico se unieron a las filas de los llamados “Hermanos del Bosque”, que mantuvieron en activo una lucha de guerrillas contra el gobierno soviético hasta la década de los años 50.

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