¿Cómo eran las bodas en la URSS? (Fotos)

A. Lóbov/Sputnik

Irina, la novia de esta foto, recuerda: “Uno de nuestros invitados deseaba que nuestra nueva familia fuera tan fuerte y duradera como la URSS, porque nuestra boda tuvo lugar en 1977, el 60 aniversario de la Unión Soviética”. A su marido le gusta recordarlo a menudo. 

A lo largo de la historia soviética, las costumbres matrimoniales sufrieron cambios graduales. Sin embargo, hubo una serie de rasgos comunes que se repitieron en las bodas soviéticas: un retrato de Lenin en una oficina de registro, los testigos civiles, el rescate de la novia y un sinfín de otros detalles y tradiciones.

Escena de la boda de la película La Puerta de Pokrovski de Mijaíl Kazakov, 1983

Empieza la fiesta

Como la Unión Soviética era un estado ateo, los centenarios rituales de matrimonio rusos se fueron reemplazados por tradiciones seculares soviéticas de reciente creación. A partir de los años 60 las tradiciones de celebración de bodas se consolidaron. Un día típico de una boda soviética comenzaba con el novio y su testigo civil (свидетель) recogiendo a la novia de su casa en un taxi decorado o en un coche privado.

A veces los parientes y amigos de la pareja decoraban el coche de una forma extravagante, poniendo una muñeca con un vestido de novia (normalmente la muñeca pertenecía a la novia cuando era niña) en el capó del coche.

Andréi, el testigo de la foto de abajo, dice que en cuanto la familia de la novia, los vecinos o cualquier transeúnte veían el coche decorado, formaban todo tipo de obstáculos para no dejar que el novio se acercara a la chica. Para deshacerse de los obstáculos el novio tenía que pagar un “rescate” por la novia repartiendo botellas de champán o cantando canciones a todos los que lo detuvieran.

El ZAGS

Tras la Revolución la iglesia dejó de organizar y ocuparse de los matrimonios. Surgió en su lugar una nueva institución, llamada ZAGS (ЗАГС) (Departamento de Servicios Públicos), que tenía el propósito de registrar a las nuevas familias. El proceso era rápido y formal. El nuevo requisito para contraer matrimonio era contar con dos testigos (básicamente el equivalente a un padrino y una dama de honor). Los testigos civiles, o свидетели, firmaban los papeles, junto con el marido y la mujer, confirmando el matrimonio en el acto.

Andréi recuerda que era un privilegio ser testigo ya que se les trataba, tras los novios, como la principal pareja de la ceremonia. En la mayoría de las bodas llevaban cintas rojas en el pecho para demostrar su importancia.

La presencia de la ideología comunista-socialista impregnaba la vida cotidiana, así que en casi todos los ZAGS soviéticos, las parejas jóvenes y sus invitados se encontraban con un busto de Lenin, al menos su retrato. 

Visitas

Después de registrarse los recién casados y sus testigos se iba a hacer fotos por los lugares más destacados de la ciudad. Las imágenes pasaban a los archivos familiares. Entre los lugares más populares en todas las ciudades soviéticas estaban los monumentos de la Segunda Guerra Mundial, donde la gente iba a colocar flores.

Los novios y sus testigos colocan flores junto a un monumento de la Llama inmortal dedicado a los guerreros soviéticos en la Segunda Guerra Mundial

Vera, la testigo de la foto de arriba, señala que no era una obligación, aunque mucha gente simplemente sentía que era lo correcto, porque prácticamente en todas las familias rusas había veteranos o soldados perdidos en la guerra.

Un hombre con un acordeón

Si la pareja deseaba continuar con la celebración después del registro y las visitas, todos se reunían en un restaurante o en el apartamento de los novios. Vera recuerda que en casi cualquier boda soviética había un hombre tocando el acordeón. Aunque el servicio del músico nunca era barato, siempre entretenía con éxito a todos los invitados.

En ausencia de un acordeonista, la gente a menudo elegía hacer fiestas de boda en restaurantes con una banda en vivo. La escena culminante de la fiesta de la boda de la película Kinfolk de Nikita Mijalkov (1982) es un gran ejemplo.

Regalos de boda: desde ropa de cama a la vivienda

Irina, la novia de la foto de abajo, recuerda: “Entre los regalos típicos estaban todos los artículos necesarios para una familia joven, como los juegos de camas, los juegos de té, despertadores o plantas. La mayoría de los invitados, sin embargo, daban dinero, porque aparte de los regalos mencionados no había mucho más en las tiendas. Recuerdo que gastamos casi todo el dinero de los regalos de mis amigos en el hombre del acordeón. Curiosamente, la madre de mi marido invitó a docenas de sus colegas, a quienes no conocíamos realmente pero que traían a la mesa platos raros y lujosos, como caviar, salmón o carne curada”.

El regalo más lujoso, sin embargo, a menudo venía del propio estado soviético. A veces cuando una pareja de jóvenes especialistas potenciales se casaba, se les ponía en fila para conseguir una habitación en un dormitorio, un apartamento comunal o incluso un apartamento privado.

El primer día de la boda normalmente se convertía en un segundo día de celebración entre un círculo más pequeño de amigos y parientes. Luego, cuando acababa el segundo día, los recién casados se iban de luna de miel - organizado cuidadosamente y comprado por sus padres - o volvían a su rutina de trabajo diaria para seguir luchando por el bienestar del estado soviético.

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