¿Por qué la URSS no se unió a los Aliados en 1939?

Historia
OLEG YEGÓROV
Moscú, Londres y París intentaron forjar una alianza contra Hitler hace 80 años, pero la cosa fue tan mal que Iósif Stalin decidió hacer un trato con Alemania.

En la primavera de 1939, la situación en Europa era difícil. La política de apaciguamiento que el Reino Unido y Francia defendieron, tratando de convertir a Adolf Hitler en un líder más pacífico, satisfaciendo sus crecientes apetitos, había fracasado completamente.

El primer ministro británico, Neville Chamberlain, y el primer ministro francés, Eduard Daladier, “dejaron” a Alemania hacerse con Austria Anchlussed (es decir, anexionada), y luego obligaron a Checoslovaquia a ceder también a Hitler su región de los Sudetes, poblada por alemanes. Chamberlain, a su regreso de Munich, tras firmar un tratado con Hitler, se jacto de haber regresado “con la paz para nuestro tiempo” en sus manos. Sin embargo, sólo medio año después, en marzo de 1939, Hitler rompió el tratado y ocupó el resto de Checoslovaquia. Ahora estaba claro que apaciguar a Alemania era imposible, y Occidente finalmente se acercó a Moscú.

Consejos de Stalin

Varios días antes de que las tropas alemanas ocuparan Checoslovaquia, Iósif Stalin pronunció un discurso durante el Congreso del Partido Comunista en Moscú. “Estados agresores están librando una guerra, violando los intereses de los no agresivos, en particular Inglaterra, Francia y Estados Unidos... Apoyamos a las naciones que han sido víctimas de la agresión y luchan por la independencia de sus países de origen”, dijo.

Era un claro indicio de que Moscú estaba dispuesta a dialogar con las democracias occidentales, aunque la Unión Soviética todavía las consideraba naciones capitalistas hostiles. Stalin comprendió que la URSS necesitaba desesperadamente una alianza con Gran Bretaña y Francia para escapar del poder del Eje. Formar una coalición de dos frentes contra Hitler en 1939 parecía ser una buena opción para detenerlo.

Después de que Hitler escupiera a la cara de todos sus acuerdos anteriores con Gran Bretaña y Francia al ocupar Checoslovaquia, Occidente entendió muy bien el peligro frente al que encontraban. Sin embargo, todavía era difícil forjar una alianza, ya que Gran Bretaña, Francia y, lo que es más importante, los vecinos de la URSS, temían a Stalin más que a Hitler.

Disputas

Neville Chamberlain, que desempeñó un papel crucial en la configuración de la política de las democracias occidentales, odiaba especialmente el comunismo; la mera idea de cooperar con Stalin le repugnaba. “Debo confesar mi más profunda desconfianza hacia Rusia. No creo en absoluto en su capacidad para mantener una ofensiva eficaz, aunque quisieran. Y desconfío de sus motivaciones, que me parecen poco relacionadas con nuestras ideas sobre la libertad”, escribió a un amigo en marzo de 1939. 

¿Por qué Chamberlain era tan terco? No se trataba sólo de su postura anticomunista. Un detalle importante era que no existía una frontera directa entre Alemania y la URSS en la primavera de 1939: en caso de que el Ejército Rojo hubiera tenido que luchar contra la Alemania nazi, Polonia o Rumania tendrían que dejarlos atravesar su territorio, algo que no estaban muy dispuestos a hacer.

“En realidad, la Unión Soviética tenía disputas territoriales con Polonia y Rumania [sobre Ucrania Occidental, Bielorrusia Occidental y Moldavia, respectivamente]”, afirma el historiador Oleg Budnitski, director del Centro Internacional de Historia y Sociología de la Segunda Guerra Mundial. “Así que ambos Estados temían que las fuerzas soviéticas, una vez en sus tierras, no las abandonarían”.

Mientras Gran Bretaña y Francia garantizaban su ayuda a Polonia y Rumania, Chamberlain no estaba dispuesto a presionar a sus aliados. Sin embargo, una gran parte de la opinión pública británica pensaba de otra manera: el futuro primer ministro, Winston Churchill, pronunció un discurso elocuente en el Senado, afirmando que “no hay forma de mantener un frente oriental contra la agresión nazi sin la ayuda activa de Rusia”. Según encuestas nacionales realizadas en junio de 1939, el 84% de los británicos estaban a favor de una alianza militar anglo-franco-soviética. Así que Chamberlain y Daladier comenzaron a regañadientes las negociaciones con Stalin.

Representantes de segunda en las conversaciones

Del 15 de junio al 2 de agosto, representantes británicos, franceses y soviéticos se reunieron en Moscú para decidir los términos políticos de la posible alianza. ¿Qué acordaron después de dos meses de discusiones? Según el proyecto, las tres potencias se garantizarían recíprocamente,  y a cualquier estado fronterizo con Alemania (Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Turquía, Grecia y Bélgica) ayuda militar en caso de agresión alemana.

Llegaron a un acuerdo preliminar, pero cuando se trató de las conversaciones directas entre las distintas misiones militares, todo se vino abajo rápidamente. Mientras que la URSS estuvo representada en las negociaciones por el mariscal Kliment Voroshílov, ministro de Defensa soviético y estrecho colaborador de Stalin, Gran Bretaña y Francia sólo enviaron a oficiales militares menores a Moscú: El almirante Reginald Drax y el general Aimé Doumenc, que ni siquiera estaban autorizados a tomar ninguna decisión sin la aprobación de su gobierno.

Un instantáneo callejón sin salida

“Los soviéticos quedaron horrorizados con tan bajos representates, así que ni siquiera consideraron esas conversaciones seriamente”, explica Oleg Budnitski. Además, las negociaciones se congelaron inmediatamente después de que Voroshílov preguntara si Polonia y Rumania permitirían al Ejército Rojo atravesar sus territorios para luchar contra Alemania. Drax y Doumenc no tenían la competencia para responder a una pregunta tan importante y, por supuesto, Polonia y Rumania no estarían de acuerdo. “Stalin creía que esos Estados eran sólo títeres y que Gran Bretaña y Francia podían obligarles a aceptar, pero todo era más complicado de lo que parecía y esto llevó a Londres y París a no convencer a Varsovia de que la URSS era mejor que Alemania”, señala Budnitski.

Voroshílov fue muy breve. “La misión soviética considera que, sin una respuesta positiva a esta pregunta, todos los esfuerzos para establecer una alianza militar están condenados al fracaso”, dijo, deseando luego a Drax y Doumenc que disfrutase de su estancia en Moscú. Las infructuosas conversaciones se interrumpieron oficialmente el 21 de agosto de 1939.

Sólo dos días después, el ministro de Asuntos Exteriores alemán Joachim von Ribbentrop llegó a Moscú para firmar un tratado de no agresión (que incluía un protocolo secreto sobre “la división de las esferas de influencia” en Polonia). Stalin prefirió un acuerdo concreto con Hitler, antes que la continuación de conversaciones inútiles con Londres y París.

Recientemente, el Ministerio de Defensa de Rusia publicó una serie de archivos inéditos que aclaran cómo se firmó el Tratado de no Agresión entre Alemania y la URSS en 1939. Pincha aquí para conocer los detalles.