5 exóticos lugares a los que les faltó poco para convertirse en colonias de Rusia

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Imagínate que algunas islas del Caribe fueran antiguas colonias rusas, o que Hawái hubiese formado parte del Imperio. En algunos casos, Rusia estuvo a un paso de establecer colonias en territorios tan soleados como Tobago o Haití.

1. Tobago

Tobago 1677. Von Romeyn de Hooghe, Amsterdam 1677

Esta isla caribeña podría haber formado parte de los territorios de ultramar de Rusia, ya que en su día fue colonia de Curlandia, un ducado que existió entre los siglos XVI y XVIII en la costa del mar Báltico. El duque de este pequeño estado, Jakob Kettler, estableció algunas colonias en África y el Caribe, una de las cuales era Tobago.

En el siglo XVIII, Curlandia (hoy Letonia) se incorporó al expansionista Imperio ruso, concretamente en 1795. Se podría haber esperado que sus colonias siguieran el mismo camino. Sin embargo, las colonias de Curlandia ya habían caído en manos del Imperio británico en 1661, después de que el duque las usara como garantía para obtener préstamos de Londres. La emperatriz Catalina II supuestamente intentó hacerse con Tobago a finales del siglo XVIII, usando los lazos que unían a la isla con Curlandia, pero sus esfuerzos fueron en vano.

2. California

Los territorios rusos en América no se limitaron a Alaska, que fue vendida a los EE UU en 1867. Rusia también gobernó sobre tierras de California. El Fuerte Ross fue un puesto de avanzada establecido por la Compañía Ruso-Americana en la costa oeste de Norteamérica, en lo que ahora es el Condado de Sonoma. Existió durante menos de 30 años, desde 1812 hasta 1841, y se creó como asentamiento agrícola para abastecer a la Alaska rusa. En 1836 la población de Fuerte Ross era de 260 habitantes.

España y México no estaban nada contentos con la presencia de Rusia en California, pero decidieron no expulsar a los rusos por la fuerza. Tampoco hubo escaramuzas importantes entre el Imperio y la población indígena de California. De hecho, se afirma que los dos grupos vivían uno al lado del otro de manera bastante pacífica. A finales de la década de 1830, la compañía ruso-estadounidense encontró nuevas formas de suministrar alimentos a Alaska, por lo que no desapareció la necesidad de mantener el Fuerte Ross. Fue vendido al empresario estadounidense John Sutter por casi 20.000 dólares, parte de los cuales se pagaron en oro.

Un empleado de la Compañía Ruso-Americana, Dmitri Zavalishin visitó el Fuerte Ross e hizo un informe para la compañía y el emperador Alejandro I. Propuso ampliar el territorio de Rusia en California para que la presencia del Imperio fuera más fuerte y económicamente más viable. Su idea era enviar siervos rusos al otro lado del Atlántico para que trabajasen en los nuevos territorios a cambio de su libertad.

3. Haití

El plan de Zavalishin de ampliar el Fuerte Ross fue rechazado por las autoridades, pero él no se dio por vencido y propuso la creación de una colonia rusa en Haití. Elaboró un plan con el exgeneral francés Jacque Boye, que permanecía en Rusia tras ser hecho prisionero durante la invasión de Napoleón en 1812. Antes había servido en Haití, colonia francesa hasta el levantamiento popular de 1804.

La propuesta Zavalishin-Boye sonó bien a los oídos de la Compañía Ruso-Americana, que planeó enviar una expedición a Haití en 1826. Se suponía que la pareja dirigiría la operación, pero la política rusa frenó el proyecto incluso antes de que comenzara. En diciembre de 1825, un sector de la nobleza rusa dio un golpe contra el zar. El motín fue reprimido y Zavalishin fue atrapado debido a sus supuestas conexiones con los rebeldes. Fue exiliado a Siberia durante casi 40 años y el plan para conquistar Haití quedó enterrado para siempre.

4. Hawái

La Compañía Ruso-Americana también llegó a un acuerdo con un jefe de tribu en Kauai, la cuarta más grande de las islas hawaianas. El jefe aceptó entregar su territorio para que este se convirtiese en una especie de protectorado ruso y, entre 1816 y 1817, los rusos construyeron tres fortalezas en la isla. Dos de ellas fueron nombrados en honor al emperador ruso Alejandro I y a su esposa Isabel, mientras que un río local fue rebautizado como “Don” (uno de los principales ríos de Rusia).

Sin embargo, las autoridades en San Petersburgo no estaban muy satisfechas con la nueva adquisición territorial y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia rechazó la petición de la Compañía Ruso-Americana de hacerse con la isla. “El Emperador cree que la adquisición de estos territorios no traerá ningún beneficio importante a Rusia, mientras que, por el contrario, provocará algunos problenas”. Se argumenta que la postura del monarca ruso fue alimentada por el deseo de proteger las relaciones con los británicos y estadounidenses, que tenían intereses en la región.

5. Somalia

Los rusos también quisieron un pedazo de África, aunque este deseo tampoco fue respaldado por las autoridades. En 1888, un grupo de cosacos rusos intentó robar un trocito de la Somalia francesa. 150 cosacos bajo el mando de Nikolái Ashínov, a quien a menudo se le llama “aventurero”, llegaron a Somalia desde Odessa y se instalaron en el emplazamiento de una antigua fortaleza egipcia. El lugar fue bautizado como “Nueva Moscú” y la parcela de tierra, de 50 km por 100 km, fue declarada rusa.

Rusia y Francia aspiraban a ser aliados, por lo que este movimiento sorprendió a las autoridades coloniales francesas locales, que pidieron instrucciones a París. En la capital francesa, a su vez, estuvieron considerando qué hacer con los hombres de Ashínov y consultaron a San Petersburgo. Los rusos renegaron de la aventura de Ashínov y dieron luz verde a una operación francesa contra los cosacos. Los franceses bombardearon la fortaleza y capturaron a los rusos, que fueron enviados de vuelta a su patria, mientras que Ashínov fue exiliado durante tres años. Era un hombre persistente, sin embargo, y continuó sus esfuerzos para convencer al zar de que adquiriera tierras en África, pero fue en vano.

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