Estos son los 5 maníacos rusos más aterradores de la historia

Alexéi Panov/Sputnik, Global Look Press, Pexels, Getty Images
Sus terribles actos tienen raíces en un ansia enfermiza de sangre. Pero los más brutales de ellos han disfrazado, paradójicamente, sus crímenes como una lucha por la justicia o la pureza de la humanidad.

1. Andréi Chikatilo

Andréi Chikatilo es considerado uno de los dementes más aterradores jamás detenido. De 1982 a 1990, asesinó y violó brutalmente a más de 50 niños y mujeres jóvenes. Como adulto, estudió en la universidad, escribía artículos, trabajaba como profesor y tenía una familia aparentemente normal: había pocas señales que hiciesen ver que se convertiría en un asesino en serie.

Asesinó a sus primeras víctimas a finales de la década de 1970 y se mantuvo en oculto. Pronto, Chikatilo encontró un trabajo que le permitió hacer largos viajes de negocios a través de la URSS. Buscó a sus víctimas en diferentes ciudades, lo que dificultaba establecer conexiones entre sus atroces crímenes. Normalmente atraía a sus infantiles víctimas hacia bosques prometiéndoles dulces o viendo con ellos una película antes de violarlos y matarlos. A menudo les cortaba partes de sus cuerpos y se las comía. Chikatilo también solía cubrir o arrancar los ojos de sus víctimas. “Durante el crimen, le cubrí los ojos con una bufanda porque me asustaba su mirada”, confesó más tarde sobre su primera víctima.

Chikatilo fue una vez encarcelado en 1984, por un supuesto robo, pero pronto fue puesto en libertad. En 1985, las autoridades rusas lanzaron una campaña para encontrar al maníaco. Para entonces ya había matado a unas 30 personas. Chikatilo participó activamente en la operación, como miembro de una brigada de búsqueda, para despistar. No fue arrestado hasta 1990 (el escuadrón de búsqueda notó su aspecto sospechoso y sus continuos intentos de hacerse amigo de niños, en la calle). Chikatilo negó todas las acusaciones hasta que fue interrogado por el psiquiatra Alexánder Bujanovski. “Le expliqué que yo era médico y que mi objetivo era ayudarlo. Puedo hacer hipnosis, pero no la necesité entonces. Fui el primer hombre al que se lo contó todo. Lloró, culpó a su destino y a la gente que lo rodeaba”, recordó Bujanovski.

Issá Kostóiev, el investigador jefe del caso de Chikatilo, declaró: “No creo que estuviera mentalmente enfermo. Sufría algunas anomalías, pero estaba completamente cuerdo, era impotente y eso lo volvió loco...”. Chikatilo fue ejecutado en 1994, después de un juicio que duró dos años.

2. Alexánder Pichushkin

Apodado el “Maníaco del parque Bítsevski”, Alexánder Pichushkin llevó a cabo sus asesinatos dentro y alrededor del parque Bítsevski de Moscú. “El primer asesinato es como el primer amor, nunca se puede olvidar”, dijo Pichushkin durante su interrogatorio. Su primera víctima fue un compañero de clase, cuando tenía 18 años. Durante aquel periodo, la URSS estaba obsesionada con el juicio de Chikatilo. Pichushkin confesó más tarde que la “fama” de Chikatilo lo llevó a matar más. Comenzó su sangrienta senda en 2001 mientras trabajaba como cargador en una tienda y vivía con su madre.

Mientras respondía a las preguntas de una entrevista televisiva, después de su arresto, Pichushkin explicó la naturaleza de sus horribles crímenes. “Te preguntas, ¿por qué maté? Cómo corregirlo... Para mí, la vida sin asesinato es como la vida sin comida sería para ti. Es una necesidad. Yo era como un padre para esta gente, les abrí una puerta a otro mundo. Los mandé hacia una nueva vida”, dijo.

Ofrecía a locales, incluyendo a algunos de sus conocidos, beber en el bosque. Después de emborracharlos, Pichushkin los mataba. Su “marca registrada” era golpear a sus víctimas en la cabeza con un objeto pesado antes de meter ramas, botellas rotas o basura en la herida. A menudo, Pichushkin arrojaba los cuerpos a las alcantarillas. Algunos de los que tuvieron la suerte de escapar de él ayudaron a la policía a crear un retrato del criminal.

La mayoría de sus víctimas fueron hombres adultos. Durante la investigación, Pichushkin aseguró que algunos de ellos se dieron cuenta de que iban a ser asesinados antes de que él los asesinara. Al parecer, una víctima incluso le expresó su deseo de ser asesinada. Pichushkin fue arrestado en 2006. Mató a una mujer, incluso sabiendo que esta dejó su nombre y número a su familia antes de encontrarse con él. Fue condenado a cadena perpetua por asesinar a 48 personas. Uno de sus compañeros de celda en el centro de detención dijo: “No da la impresión de ser una persona loca o mentalmente enferma. Es consciente de sí mismo y entiende que sólo tiene esta ansia de matar. Aparte de eso, está cuerdo”. Sin embargo, después de que el maníaco comenzase su condena en la cárcel, asustó a su compañero de celda, un conocido terrorista llamado Kuláiev, hasta el punto que este suplicó que lo transfirieran a otra celda.

3. Los maníacos de Akademgorodok

Artiom Anúfriev y Nikita Litkin crecieron en el distrito Akademgorodok de Irkutsk, sin sus padres. Se conocieron en la fiesta de cumpleaños de un amigo. Litkin, que era muy reservado e introvertido, se convirtió en el único amigo de Artiom, que no era popular debido a su arrogancia. Juntos, formaron una banda de música llamada “Pugachova Desmembrada”. En sus canciones, llamaban abiertamente a la violencia y al asesinato, pero nadie les prestaba mucha atención.

Intentaron formar parte de una organización neonazi, pero fueron rechazados porque “odiaban a todo el mundo, no les importaba a quién se asesinase”, declaró una persona de la organización citada, en el juicio. Pronto, comenzaron a recorrer su vecindario a diario pata agredir con martillos, bates de béisbol y cuchillos a la gente. Siempre atacaban por detrás, de modo que ni siquiera las víctimas sobrevivientes pudieran identificarlos fácilmente. Anúfriev y Litkin atacaban principalmente a mujeres mayores, niños, borrachos y personas sin hogar. A menudo abusaban o mutilaban a sus víctimas.

En marzo de 2011, después de que dejaran otra víctima, la policía organizó una reunión con la población local para explicar qué medidas se estaban tomando para ahuyentar a los asesinos. Anúfriev y Litkin estuvieron presentes en la reunión y hasta ofrecieron formas de ayudar, incluso filmaron algunos de los procedimientos con sus teléfonos celulares.

Finalmente, los asesinos fueron detenidos gracias a la ayuda del tío de Litkin, que encontró una memoria USB con un vídeo de uno de los asesinatos. Durante la investigación y el juicio, Anúfriev se comportó histéricamente y cambió y se retractó continuamente de sus declaraciones. Mantiene su inocencia hasta el día de hoy. Anúfriev fue condenado a cadena perpetua, mientras que Litkin deberá pasar 25 años en la cárcel.

4. AlexánderSpesívtsev

Cuando Spesívtsev era niño, su madre, asistente de un abogado, solía llevar a casa fotos de cadáveres y mostrárselas a su hijo. Hasta los 12 años durmió en la misma cama con su madre. A los 18 años, fue tratado en una institución mental. En 1991, comenzó una relación con una chica, pero él no se lo tomó muy bien cuando ella decidió romper. Spesívtsev encerró a la chica en su apartamento y la torturó durante tres semanas. Cuando la policía la descubrió, ya estaba gravemente mutilada y murió en el hospital. Spesívtsev fue declarado como demente e internado en un manicomio durante tres años. Después de que fuese declarado cuerdo, regresó a su casa en 1995 y reanudó su actividad asesina.

Su madre a menudo ayudaba a Spesívtsev a deshacerse de los cuerpos. En mayo de 1996, invitó a seis adolescentes a casa y los mató. “Puse los cuerpos en el dormitorio y los cubrí con una alfombra. Una semana después, mi madre vino de visita. Me fui a dormir y por la mañana, los cuerpos no estaban allí. No sé qué hizo con ellos, nunca le pregunté”, informó Spesívtsev más tarde.

Spesívtsev conseguía llevar a la gente a casa utilizando diversos métodos. A veces, su madre o hermana le ayudaba, creando la imagen de una familia “normal”. Una vez dentro, Spesívtsev esposaba a las víctimas al radiador, las acosó y torturó.

“Después de matar a Nastia, nos hizo despiezar el cuerpo para esconderlo más fácilmente”, contó Olia, otra de sus víctimas, antes de morir en un hospital. “Con una sierra de mano que nos dio, cortamos el cadáver, separamos la carne del hueso con un cuchillo. Sólo nos dijo qué hacer. Alimentó a su perro con la carne y los huesos. Mi amiga Zhenia y yo llevamos las partes del cuerpo al baño, las pusimos en la bañera y en el inodoro. Y su madre y su hermana fueron testigos de todo, estaban presentes. El resto del tiempo, nos pegaba a mí y a Zhenia. Le rompió el brazo y la cabeza, luego se la cosió con hilo y una aguja de coser...”.

Los vecinos se quejaron a la policía por la música fuerte y el olor a podrido del apartamento de Spesívtsev, pero en la ciudad de provincias de Novokuznetsk los policías no les prestaron mucha atención. Finalmente, fue detenido a causa de una inspección de rutina por un servicio de fontanería. Cuando el maníaco se negó a abrir la puerta, los fontaneros llamaron a la policía, que encontró partes de cadáveres en su apartamento. El número exacto de sus víctimas aún se desconoce, pero serían más de 20. Actualmente, Spesívtsev está bajo vigilancia en un manicomio. Su madre cumplió 13 años de prisión y fue puesta en libertad. Su hermana fue declarada inocente.

5. Mijaíl Popkov

Este asesino en serie logró acumular más asesinatos que Chikatilo y Pichushkin. La historia de Mijaíl Popkov es especialmente aterradora por su parecido con algunas películas de terror. Popkov empezó a matar mientras servía en la policía rusa. En el trabajo, se le describía como un tipo muy alegre y de buen carácter. Su apodo era “Misha Gwynplaine”, por el protagonista de El hombre que ríe, de Victor Hugo, personaje cuya boca está mutilada en una sonrisa perpetua.

Entre 1994 y 2000, en la ciudad rusa de Angarsk se produjeron más de 20 violentos asesinatos de mujeres jóvenes. Todas, menos una, de las víctimas estaban borrachas cuando la vida les fue arrebatada. Habían sufrido golpes de destornillador, cuchillo, bate, martillo, etc. También fueron violadas antes de ser asesinadas (todas menos la que estaba sobria) y mutiladas póstumamente. Los crímenes quedaron sin resolver hasta 2012, cuando repetidas pruebas genéticas demostraron que Popkov, que había sido llevado anteriormente a la investigación, era el asesino. Popkov fue detenido y entregado a la policía.

Popkov dijo que al principio de su relación su esposa le fue infiel. No hizo nada contra ella porque se compadeció de sus hijos. Pero a partir de ese momento, decidió “castigar” a las jóvenes que “se comportaban mal”. Como oficial de policía, cuando viajaba a casa en su coche después de un turno, recogía a mujeres jóvenes que estaban borrachas y les ofrecía acercarlas a sus casas, y luego el mantener relaciones sexuales. Popkov entonces procedía a matar a las mujeres que aceptaron tener sexo con él. Popkov “investigó” los asesinatos que él mismo había cometido para encubrir cualquier pista potencial que pudiera delatarle.

Incluso después de ser condenado a cadena perpetua, Popkov continuó confesando asesinatos, probablemente con la esperanza de posponer el inicio de su “verdadera” estancia en prisión (temía que sus compañeros de cárcel pudieran matarlo). Confesó más de 80 asesinatos y aseguró que dejó de matar debido a la impotencia que le causó una enfermedad venérea. Los psiquiatras no lo han declarado loco y sigue en juicio por sus asesinatos.

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