‘Hijos del enemigoʼ: ¿cómo era la vida de los niños austriacos engendrados por soldados soviéticos?

Una mujer austríaca y un soldado soviético bailan en Viena.

Anatoli Grigóriev/Sputnik
Nacidos en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los niños y niñas fruto de las relaciones entre las mujeres austriacas y los soldados soviéticos fueron llamados ‘hijos del enemigo’ e ‘hijos de la ocupación’. Hoy, sin embargo, se consideran “hijos de la liberación” y están ansiosos por descubrir sus raíces rusas.

“Lo único que mi madre sabía de mi padre era que era de Kalinin (la actual ciudad de Tver), y que su nombre era Mijaíl Groman o Grossman”, cuenta Eleonora Dupuis, una austriaca que ha estado buscando a su padre ruso durante las últimas dos décadas.

Este arduo esfuerzo ha requerido múltiples visitas a Rusia, muchas solicitudes a archivos, reuniones con funcionarios, la realización de una serie de pruebas de ADN, la participación en programas de televisión y la comunicación con muchas personas. Como resultado, fueron localizados 10 hombres que podrían ser su padre, pero ninguno resultó serlo. Ella ha publicado un libro sobre su búsqueda.

Su historia comenzó justo después de la guerra. La madre de Eleonora vivía en la ciudad austriaca de Sankt Pölten, y conoció a un soldado soviético a principios del verano de 1945. El Ejército Rojo había entrado en Austria (país anexionado por Alemania en 1938) y ocupado el país junto con los Aliados Occidentales, después de aplastar las tropas de Hitler.

Se estima que unos 30.000 niños austriacos fueron engendrados por soldados de ejércitos extranjeros, y que al menos la mitad de ellos tuvieron padres soviéticos. El gobierno soviético, a diferencia de los Aliados, no permitió que sus soldados se casaran con mujeres locales, por lo que incluso en el mejor de los casos estas relaciones estaban condenadas al fracaso. Los soldados fueron enviados de vuelta a la URSS, y no pudieron cuidar de sus hijos, aunque quisieran. A estos niños y niñas austriacos se les llamaba “hijos de la ocupación”, e incluso “hijos del enemigo”.

‘Era una buena persona’

Los padres de Eleonora se conocieron de una manera de lo más normal: dos soldados soviéticos pasaban por el jardín donde trabajaba la madre de Eleonora y pidieron agua y algo de fruta. Un joven, Mijaíl, regresó al día siguiente con un poco de pan, que estaba muy solicitado en aquellos momentos. También ofreció su ayuda. “Había mucho trabajo en el jardín y también nos traía todo el pan que podía. Era una buena persona, y así fue como viniste al mundo”, explicó la madre de Eleonora en 1955, cuando las potencias ocupantes retiraron sus tropas de Austria.

Unos meses después de que comenzara la historia de amor, él fue enviado a un hospital porque una herida en su pierna empeoró y existía la amenaza de tener que amputarla. En aquel momento, la madre de Eleonora estaba embarazada de dos meses, pero no lo sabía todavía. Mijaíl nunca regresó y Eleonora nació en abril de 1946.

Más que una historia personal

Esa era toda la información que Eleonora tenía hasta finales de los 90, cuando comenzó su búsqueda. En pocos años, sin embargo, su historia personal se hizo mucho más grande, convirtiéndose en un fenómeno que desafió las visiones existentes del pasado de su país.

Anteriormente, un velo de silencio cubría este tema en Austria, y la cuestión de los niños nacidos de soldados de las potencias ocupantes no existía en la esfera pública. “Con frecuencia, el origen biológico de [los niños nacidos de soldados soviéticos] se mantenía en secreto. El tema de tener un padre soviético era tabú; estos niños crecieron creyendo que su padrastro era su padre biológico; y la madre no quiso decirles nada a sus hijos... La estigmatización de los hijos de los soldados soviéticos era más pronunciada que la de otros niños de la ocupación”, escribió Barbara Stelzl-Marx, directora del Instituto Ludwig Boltzmann de Investigación sobre las Consecuencias de la Guerra en Austria, en uno de sus estudios. Ella ayudó a llevar la historia de Eleonora Dupuis a la palestra de la atención académica y pública.

“Eleonora Dupuis fue la primera en decir que está orgullosa de un padre ruso que liberó a Austria del nazismo, y que lo encontraría”, declaró Olga Pavlenko, vicerrectora de la Universidad Estatal Rusa de Humanidades, que organizó una serie de reuniones de austriacos con sus familiares rusos. “Poco a poco, las actitudes de los austriacos hacia gente como Eleonora empezaron a cambiar...”.

‘Cuanto más sabían, más nos respetaban’

Dupuis confirma que los austriacos empezaron a percibir a los “niños rusos” (como se llaman a sí mismos) de manera diferente cuando el público conoció sus historias: “Cuanto más sabían de nosotros, más nos respetaban. ... Son admirados por aquello en lo que se convirtieron después de una infancia pobre y miserable”. El término “hijos de la liberación”, que enfatiza la importancia de la derrota del nazismo en esos relatos personales, se utiliza ahora con más frecuencia.

Las historias de los “niños rusos” son a menudo desgarradoras. “Muchos de mis ‘colegas’ austriacos, especialmente los que vivían en zonas rurales, fueron discriminados. Fue terrible. Muchos no hablaron de ello”, explica Eleonora. Ella recuerda la historia de Mónica: “Tenía un padrastro exnazi. ¿Puedes imaginártelo? Esta ‘niña rusa’ fue tratada de forma terrible. Ella sufrió toda su vida”.

La historia de la infancia de Mónica tuvo una continuación en la actualidad cuando, con la ayuda de Dupuis, encontró a su padre, que aún vivía a la edad de 92 años. Sin embargo, al padecer Alzheimer, él no pudo tener constancia de su existencia.

Violencia y amor

La historia personal de Eleonora no fue tan sombría. No fue discriminada, aunque sus vecinos conocían bien a su padre ruso. Hoy en día, conoce a unas 20 personas como ella, y la mayoría de las historias de sus padres son bastante románticas: relaciones amorosas entre soldados rusos y mujeres austriacas.

Sin embargo, conoce dos casos de nacidos de violaciones. A pesar de todo, los niños nacidos después de incidentes tan trágicos han crecido ansiosos por conocer a sus padres. “Hay un hombre que dice que le gustaría conocer a su padre [soviético]:’No estoy en su contra porque esas fueron las circunstancias: Quién sabe lo que sufrió durante la guerra y lo que vio”.

En general, Eleonora subraya que “no se puede comparar [la forma en que el Ejército Rojo trató a la población local en Austria] con lo que se hizo a los rusos durante la guerra: con la destrucción de pueblos y ciudades enteras por parte de las tropas nazis”.

“No hay fotos bucólicas de los horrores de la guerra. Los principales incidentes violentos tuvieron lugar en los primeros meses después de la victoria”, comenta  Pavlenko. “El mando del Ejército Rojo, sin embargo, pronto dio órdenes estrictas de ejecutar a los involucrados en el saqueo y la violencia. Incluso los historiadores occidentales tienen que admitir que en el otoño de 1945 la ola de violencia de posguerra había sido frenada con éxito”.

‘Todavía tengo esperanza’

La energía y la determinación de Eleonora, junto con la ayuda de historiadores austriacos, han hecho que la difícil situación de los “hijos de la liberación” que buscan a sus padres rusos llame la atención del ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. Prometió ayudar porque en la mayoría de los casos es difícil localizar a cualquier persona usando información parcial e incompleta. Los procedimientos habituales de solicitud e investigación de archivos son de poca ayuda.

De los 20 “hijos de la liberación” que Eleonora conoce personalmente, 11 ya han encontrado a sus padres rusos. “Todavía tengo esperanza. Si la pierdes, tienes que rendirte”, dice.

Independientemente de los resultados de su búsqueda, ha descubierto su “segunda patria” en Rusia. “Es una historia conmovedora de superación del odio a la guerra y la búsqueda de la comprensión mutua”, cuenta Pavlenko. Por otra parte, miles de niños nacidos de soldados extranjeros no se muestran ansiosos por conocer a sus padres biológicos, y claramente han elegido una estrategia diferente para hacer frente al difícil pasado.

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