Cómo los agentes dobles rusos se infiltraron en lo más alto del MI6 y la CIA

Historia
ALEXÉI TIMOFÉICHEV
Múltiples operaciones encubiertas occidentales fueron saboteadas y decenas de agentes secretos que trabajaban para Washington y Londres fueron descubiertos en varias ocasiones durante el siglo XX. El trabajo de los agentes dobles rusos jugó un papel muy importante en atrapar a los agentes enemigos. Aquí están los 3 ‘topos’ rusos más eficientes.

1. Kim Philby

Philby, el miembro más conocido de la red de espionaje soviética en el Reino Unido, conocida como los Cinco de Cambridge, recibió las más altas condecoracioes de los Estados británico y soviético. En 1945, por sus logros durante la Segunda Guerra Mundial, recibió la Orden del Imperio británico de manos de la Reina Isabel II. En 1947, al acercarse la Guerra Fría, Iósif Stalin le concedió la Orden de la Bandera Roja.

Comenzó a cooperar con el servicio secreto soviético a mediados de la década de 1930, poco después de graduarse en Cambridge. Al mismo tiempo, Philby empezó a trabajar para la inteligencia británica. Progresó rápidamente y después de la Segunda Guerra Mundial, se cree que estaba siendo considerado para el puesto de jefe del servicio de inteligencia británico. Aunque nunca sucedió, ocupó puestos importantes que le permitieron suministrar a la URSS información valiosa.

Cuando en 1947 fue nombrado jefe de la inteligencia británica en Turquía, se aseguró de que Moscú conociera qué espías intentaban infiltrarse en la frontera sur de la URSS. Turquía era uno de los principales lugares donde se planificaba  actividad clandestina en aquel momento. Como resultado, el grupo de infiltrados murió en la frontera durante un tiroteo con tropas soviéticas. Según un historiador ruso que estudia a los servicios secretos, aquello fue una clara señal para que Occidente abandonara sus tácticas.

Más tarde, en 1949, Philby se convirtió en el principal representante de la inteligencia británica en Washington, D.C. En virtud de este cargo, Philby obtuvo acceso a la información de la CIA sobre el golpe de Estado que se planeaba llevar a cabo contra el líder albanés prosoviético, Enver Hoxha. Después de la filtración a Moscú, los comandos albaneses fueron muertos o heridos al ser lanzados en paracaídas sobre territorio albanés. Hoxha se mantuvo en el cargo.

Philby desertó a la URSS en 1963, cuando estaba a punto de ser descubierto. Vivió allí durante un cuarto de siglo. En una entrevista concedida al Sunday Times a finales de los 80 confesó que a pesar de que “la vida aquí [en Rusia] tiene sus dificultades, me siento apegado a este país y no hay otro lugar donde me gustaría vivir”.

2. George Blake

Si Philby pasó un cuarto de siglo en la URSS, otro doble agente británico, George Blake, vive en Rusia desde hace más de 50 años, después de escapar de una prisión británica.

El pasado noviembre, cuando cumplió 95 años, explicó por qué cambió de ideales a principios de la década de 1950. Dijo que los acontecimientos de la guerra de Corea jugaron un papel importante, ya que fue testigo del asesinato de numerosos civiles, muertos por la “máquina militar americana”.

“Fue entonces cuando me di cuenta de que tales conflictos están llenos de peligros mortales para toda la humanidad y tomé la decisión más importante de mi vida. Comencé una cooperación activa y no compensada con la inteligencia extranjera soviética con el objetivo de defender la paz en el mundo”, escribió Blake en una carta dirigida al actual servicio de inteligencia de Rusia.

Blake fue empleado del MI6 durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando terminó la guerra de Corea, regresó a Londres. Dicen que fue entonces cuando informó a la URSS sobre el plan de la CIA y el MI6 de cavar un túnel de Berlín Oeste a Berlín Este para interceptar las comunicaciones terrestres del cuartel general del Ejército soviético en Alemania Oriental: la operación fue bautizada “Golden” o “Stopwatch”.

Aunque fue difícil, el túnel fue finalmente excavado y equipado con las herramientas de escucha necesarias. Moscú no desenmascaró a sus constructores para no comprometer a Blake. El túnel fue “descubierto” 11 meses después de que se iniciara el espionaje (cuando a Blake ya se le había asignado una nueva misión en el MI6). El escándalo que estalló manchó la reputación de la CIA.

En 1961 Blake fue traicionado por un oficial de inteligencia polaco. Fue condenado a 42 años en una prisión del Reino Unido. Cuatro años más tarde logró escapar de la cárcel, usando una escalera de cuerda y agujas de tejer, y finalmente logró llegar a Moscú, donde ha vivido desde entonces. En una carta escribió: “Rusia se ha convertido en mi segunda patria...”.

3. Aldrich Ames

Aunque los representantes de los servicios de inteligencia de Estados Unidos reprendieron un poco a sus colegas británicos por no haber desenmascarado antes a los espías soviéticos más importantes, ellos mismos se vieron envueltos en un escándalo con “topo” que afectó a la imagen de la CIA y a Estados Unidos.

Todo comenzó a mediados de la década de 1980, cuando el jefe del trabajo de contraespionaje soviético de la CIA, Aldrich Ames, comenzó a cooperar con el KGB. Esta colaboración duró casi 10 años hasta que fue detenido en 1994. Se cree que Ames comprometió cerca de 100 operaciones de la CIA y ayudó a desenmascarar a muchos de los “topos” de la CIA en la URSS y luego en Rusia. Algunos de ellos fueron ejecutados por espionaje.

Admitió ante el tribunal que había desenmascarado a “prácticamente todos los agentes soviéticos de la CIA y otros servicios estadounidenses y extranjeros” de los que tenía conocimiento. Dicen que Moscú usó a Ames durante años para distribuir desinformación que fue recibida en forma de informes de la CIA por tres presidentes estadounidenses.

Se cree que la CIA descubrió a Ames debido al aumento repentino de su nivel de vida. La casa que compró por medio millón de dólares pagados en efectivo y su nuevo coche de lujo, Jaguar, causaron asombro y levantaron sospechas. Al mismo tiempo, el exjefe del KGB, Vladímir Kriuchkov, escribió en su libro The Personal File que “el nivel de desahogo económico de un agente como Ames, en contraste con sus propias cualidades personales y profesionales permitían concluir con un alto grado de certeza que se estaba cometiendo un acto de traición”.

Ames fue sentenciado a cadena perpetua. Su caso causó un escándalo en el Congreso de Estados Unidos y llevó a la renuncia del entonces director de la CIA, James Woolsey.

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