Cuando el ‘ataque de los muertos’ logró rechazar una ofensiva alemana en 1915

Vasili Nesterenko
Durante la Primera Guerra Mundial, docenas de soldados rusos envenenados por un ataque de gas, se levantaron de entre los muertos para luchar contra los alemanes y lograr una victoria gracias al pánico que desataron entre sus enemigos.

Cuando los alemanes lanzaron un mortal ataque con gas venenoso contra la fortaleza rusa de Osowiec el 6 de agosto de 1915, parecía seguro que la guarnición rusa no conseguiría sobrevivir.

Las tropas rusas, cuyas máscaras antigás eran inútiles, parecían condenadas a morir. Sin embargo, el avance (o mejor dicho, el agradable paseo) de la infantería alemana hacia la bien defendida fortaleza se convirtió en una verdadera pesadilla.

En lugar de encontrar montones de cadáveres, los alemanes se toparon con soldados enemigos que estaban muy vivos, pero que se parecían mucho a cadáveres. Los rusos, vestidos con harapos ensangrentados, tosiendo sangre y en sus últimas piernas, lanzaron un ataque contra los conmocionados alemanes. Este ataque ha pasado a la historia como el “ataque de los muertos”.

Espíritu inquebrantable

La fortaleza de Osowiec, situada cerca de la ciudad polaca de Bialystok, era una piedra en el zapato de los alemanes, ya que les obligaba a mantener tropas estacionadas en el saliente del noreste de Polonia.

La fortaleza, que fue atacada por primera vez en septiembre de 1914, resistió todas ofensivas enemigas mediante el uso extensivo de aviones y artillería. Tras sus intentos infructuosos de apoderarse de la fortaleza rusa, los alemanes optaron por adoptar medidas más extremas.

Serguéi Jmelkov.

El 6 de agosto de 1915 liberaron gas cloro sobre la fortaleza. Serguéi Jmelkov, uno de los defensores de la fortaleza que sobrevivió al ataque químico, recordó: “Cualquier persona viva que estuviera en el exterior, en la cabeza de puente de la fortaleza fue envenenada hasta morir… la hierba se volvió negra, había pétalos de flores esparcidos por todas partes… la carne, la mantequilla, la manteca de cerdo, las verduras… todo fue envenenado y considerado no apto para el consumo”.

Desastre

“La fortaleza no estaba preparada para soportar un ataque de gas. No había planes, ni recursos para proteger de forma colectiva e individualmente a la guarnición y las máscaras antigás recibidas sirvieron de poco”, escribió Jmelkov.

La mayoría de los cuarteles, refugios y puestos fortificados carecían de ventilación artificial y ni siquiera estaban equipados con ningún tipo de generador de oxígeno. 

Tres compañías de la 226ª división de infantería fueron aniquiladas y sólo sobrevivieron unos 100 soldados de la cuarta compañía. Las fuerzas alemanas, vistiendo máscaras antigás, habían lanzaron en secreto el ataque contra la fortaleza confiando en que la guarnición sería totalmente erradicada.

El ‘ataque de los muertos’

Una vez que el enemigo había aplastado la primera línea de defensa rusa y atravesado el baluarte (murallas defensivas), comenzó a avanzar hacia el interior de la fortaleza donde los supervivientes de la decimotercera compañía, liderados por el teniente segundo Vladímir Kotlinski, lanzaron su legendario ataque, que hoy se conoce como “el ataque de los muertos”.

“No puedo describir la ira y la furia que se apoderaron de nuestros soldados mientras se dirigían hacia sus envenenadores, los alemanes. Ni los rifles, ni las ametralladoras, ni la metralla pudieron detener el ataque de aquellos frenéticos soldados”, escribió un sobreviviente no identificado en el periódico Pskóvskaia zhizn en 1915.

Vladímir Kotlinski.

Sesenta hombres abrieron fuego con sus rostros envueltos en ropas ensangrentadas, temblando y tosiendo, escupiendo literalmente trozos de sus pulmones sobre sus camisas manchadas de sangre. “Aunque exhaustos y envenenados, avanzaron con el único propósito de aplastar a los alemanes”, explicó el testigo.

Los alemanes, en estado de conmoción, asombrados por la visión de los soldados rusos “muertos” y la furia de su ataque, huyeron en estado de pánico, dejando atrás sus ametralladoras y quedando fatalmente atrapados en sus propias defensas de alambre de púas.

Aprovechando la sorpresa, las compañías 8ª y 14ª recobraron el baluarte principal, eliminaron la brecha enemiga y reunieron de nuevo la artillería de guarnición. El líder del “ataque de los muertos” y salvador de la fortaleza, el teniente segundo Kotlinski, herido gravemente, murió aquella misma noche.

La rendición de Osowiec

A pesar de la valentía de los soldados rusos, la fortaleza estaba condenada. De nuevo en abril y mayo de 1915 las fuerzas austriacas y alemanas irrumpieron en el frente ruso en Prusia Oriental y Galitzia.

Osowiec en 1915.

Mantener el control de la fortaleza sirvió para encubrir hasta agosto la retirada estratégica de las fuerzas rusas, momento en el que continuar su defensa dejó de tener sentido. El 22 de agosto, la guarnición rusa abandonó sus muros de forma ordenada y tranquila, demoliendo los principales baluartes y puntos fortificados.

El contraataque dirigido por Kotlinski impidió que la fortaleza cayera en manos de los alemanes y salvó del desastre a miles de sus soldados. Nuestra historia habría sido de otra forma si aquella ofensiva alemana del 6 de agosto hubiera tenido éxito.

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