Así aprovechó la URSS de Stalin la tecnología de Henry Ford, emblema del capitalismo

Sputnik
La industria pesada soviética, que ayudó al país a ganar la Segunda Guerra Mundial y a convertirse en una superpotencia, se creó, en parte, gracias a la ayuda de EE UU. Las autoridades soviéticas hicieron lo que pudieron para mantenerlo todo en secreto.

Industrialización forzada

A mediados de los años 20 del siglo pasado, el joven Estado soviético era un país debilitado con un enorme sector agrícola, un alto desempleo y una industria atrasada después de un bautismo de fuego. Había sufrido una larga y devastadora guerra civil (1918-1922), además estaba rodeada de estados hostiles.

En estas circunstancias, los dirigentes soviéticos se dieron cuenta de la urgente necesidad de transformar la URSS en un Estado fuerte, tanto económica como militarmente. Todo tenía que hacerse desde cero, de manera eficaz y a una velocidad de vértigo. “Estamos entre 50 y 100 años por detrás de los países líderes. Debemos recuperar ese terreno en diez años”, había declarado Stalin.

Estaba claro en la teoría, pero había numerosos problemas prácticos. Los especialistas soviéticos tenían recursos, pero carecían de experiencia en la construcción industrial moderna. Así que se acabó tomando la sorprendente decisión de contratar a profesionales extranjeros del mundo capitalista.

‘El arquitecto de Ford’ en el país de los sóviets

Varias empresas extranjeras destacadas fueron invitadas a participar en la industrialización estalinista, entre ellas Siemens-Schuckertwerke AG, Ford Motor Company y General Electric. Pero el que tuvo mayor impacto fue Albert Kahn, junto con su empresa, Albert Kahn Associates, con sede en Detroit (EE UU).

Arquitecto Albert Kahn.

Los empleados de Kahn diseñaron y construyeron instalaciones industriales, utilizando el método de construcción denominado “cadena de montaje”. Se levantaron decenas de plantas con este sistema, acelerando el proceso y reduciendo los costes mínimos.

Había sido Albert Kahn Associates la encargada de diseñar la sede de General Motors, así como casi todas las fábricas de automóviles de Henry Ford, por lo que Kahn se ganó el apodo de “arquitecto de Ford”.

Kahn y su metodología fueron todo un hallazgo para la joven URSS. Hasta ese momento las decisiones sobre construcción industrial en el joven Estado eran, en gran medida, poco sistemáticas y espontáneas. El enfoque individual de los especialistas soviéticos, que carecían de una visión de conjunto, hizo que se tardase hasta dos años en construir nuevas plantas, mientras que Albert Kahn, con su método de la cadena de montaje, hacía el trabajo en tres o seis meses. Era el pistoletazo de salida que necesitaba el proceso de industrialización soviético.

El nacimiento de los gigantes industriales

En 1928 llegaron a la URSS varias docenas de ingenieros de la empresa de Kahn bajo la dirección de su hermano Moritz. Aunque Albert nunca visitó el país socialista, veía su misión en la Rusia soviética como algo más que un simple negocio.

“No creo que el mundo pueda volver a ponerse en pie hasta que otros pueblos ayuden a los rusos a transformar su país en una sociedad industrial moderna, que se desarrolle en armonía con el resto del mundo”, escribió (enlace en ruso).

Especialistas estadounidenses en la fábrica de autos diseñada por el arquitecto Albert Kahn en Cheliábinsk en 1932.

Entre 1929 y 1932, los ingenieros estadounidenses construyeron 571 instalaciones industriales en todo el país, en colaboración con expertos soviéticos deseosos de adquirir experiencia. Se crearon desde fábricas gigantescas, como la planta de tractores de Cheliábinsk, hasta pequeños talleres.

Fueron los arquitectos de Kahn quienes diseñaron y construyeron una de las primeras grandes empresas industriales de la URSS, la famosa Planta de Tractores de Stalingrado, que produjo y reparó los tanques T-34 durante la Segunda Guerra Mundial. La planta se construyó en EE UU, posteriormente se desmanteló y se transportó a la URSS, donde volvió a ser ensamblada en seis meses bajo la supervisión de ingenieros estadounidenses.

Fue un éxito tan enorme que en 1930 la empresa de Kahn era la principal diseñadora y asesora del gobierno soviético en materia de construcción industrial.

Pero esta situación no se prolongó demasiado tiempo y, poco después, la dirección soviética decidió liberarse de las empresas extranjeras.

Las fábricas se despiden

En 1932, la URSS se enfrentó a las consecuencias de su mal planificada política de ventas de grano en el extranjero para pagar una rápida industrialización. La crisis financiera y la posterior hambruna obligaron al gobierno a rescindir los contratos con empresas occidentales, incluida la de Albert Kahn.

Otro factor importante fue que las fábricas civiles en la URSS estaban siendo gradualmente militarizadas. Según el plan, las plantas de construcción de tractores debían producir no sólo maquinaria agrícola, sino también tanques, que resultaron muy eficaces en la guerra contra la Alemania nazi.

Los extranjeros no podían ser testigos, bajo ninguna circunstancia, de la militarización secreta que se estaba llevando a cabo en la industria soviética.

Fábrica de tractores de Stalingrado en 1937.

“Están construyendo fábricas militares, pero no quieren que lo sepamos”, escribió (enlace en ruso) Moritz Kahn a su hermano.

La ideología también comenzó a pesar. La ayuda de las potencias imperialistas occidentales en la creación de la industria pesada soviética fue minimizándose.

A mediados de los años 30, cuando las empresas extranjeras ya habían abandonado la URSS, se borraron determinados términos, como “puerta ferroviaria de tipo estadounidense” o “columna metálica de tipo estadounidense” de los artículos técnicos y de la documentación oficial.

La URSS trató de silenciar por completo la inestimable ayuda proporcionada por los especialistas occidentales, mientras proclamaba: “Todo esto lo hemos hecho nosotros mismos, y haremos todavía más”.

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