Amor de Einstein y espía de Stalin: cómo una mujer rusa conquistó la mente más brillante del mundo

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Casada con un famoso escultor, Margarita Koniónkova (1895 - 1980) cautivó a muchos hombres en Rusia y en el extranjero, incluido Albert Einstein. Koniónkova fue el último amor del gran científico, pero esta se mantuvo fiel a otro romance con los servicios especiales soviéticos, utilizando su relación con Einstein para ayudar a Moscú

"Hace poco me lavé la cabeza solo, pero no con gran éxito; no soy tan cuidadoso como tú", le escribió Albert Einstein a su amor ruso, Margarita Koniónkova, que en ese momento (1945) estaba de vuelta en la URSS. El físico más famoso del mundo no podía soportar estar lejos de ella: "Todo aquí me recuerda a ti... todas las pequeñas cosas en mi celda de ermitaño".

Sin embargo, hay más que anhelo en las cartas de Einstein a Koniónkova, que fueron encontradas a finales de la década de 1990, antes de que uno de sus parientes las vendiera a través de Sotheby's. En una carta del 11 de noviembre de 1945, Einstein menciona la reunión con un cónsul "de acuerdo con el plan", y este cónsul trabajaba como un importante agente de inteligencia soviético en Estados Unidos.

Las cartas de Albert Einstein a Margarita Koniónkova y fotos de la pareja.

Una famosa que aparece de la nada

Pero, ¿quién era Koniónkova, que organizó una reunión entre el influyente científico nacido en Alemania y un espía soviético, solo meses después de que Estados Unidos creara la primera arma nuclear? Nacida en una remota ciudad rusa, Margarita se mudó a Moscú e inmediatamente ganó fama gracias a sus maneras seductoras.

Se rumoreó que estrellas como Fiódor Shaliapin (el famoso cantante ruso) y Serguéi Rajmáninov (uno de los grandes compositores del país eslavo) se involucraron sentimentalmente con ella. Sin embargo, Margarita terminó casándose con otro Serguéi (Koniónkov), un talentoso escultor apodado "el Rodin ruso".

"Era tan hermosa que parecía ser la creación de un gran artista para mí", recordó más tarde Koniónkov.

Escultor Serguéi Koniónkov y Margarita Koniónkova.

En 1923, la pareja se mudó a Estados Unidos. Margarita se convirtió en una verdadera estrella entre los emigrantes rusos, asistiendo a numerosas fiestas y eventos sociales, mientras que Koniónkov continuó creando arte. En 1935, la Universidad de Princeton le pidió a Koniónkov que hiciera una pequeña estatua de Einstein, y fue entonces cuando su esposa conoció al famoso científico.

Einstein enamorado

"Einstein era un hombre sorprendentemente modesto, bromeaba diciendo que era famoso solo por su abundante cabello", escribió Koniónkova en sus memorias, al mismo tiempo que mencionaba que al físico le encantaba discutir su teoría de la relatividad. Aunque Margarita no tuvo éxito en la comprensión total del concepto, seguramente entendió a su autor.

Albert Einstein y Margarita Koniónkova.

Cuando la segunda esposa de Einstein, Elsa, murió en 1936, su relación con Koniónkova se hizo más que amistosa. En 1939, Margarita pidió a un médico que le aconsejara pasar más tiempo "en el clima saludable del Lago Saranac, en Nueva York" (donde vivía Einstein).

Cada año pasaba varios meses viviendo con Einstein, junto al Saranac, mientras su esposo Serguéi trabajaba en Chicago. El artista incluso ideó un nombre para la pareja de amantes: "Almar" (Albert-Margarita). Como Einstein escribió en sus cartas, apreciaba mucho los momentos que pasó con Margarita y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella.

La Agente Margarita

Oleg Odnokolenko, un periodista de Nezavísimaia Gazeta que investigó la historia de Einstein y Koniónkova, dijo en una entrevista que todavía es difícil determinar si ella tenía sentimientos reales por el científico o solo se trataba de una misión más, pero está claro que la famosa rusa trabajaba para el servicio de inteligencia.

Según Pável Sudoplátov, un general de inteligencia de la época de Iósif Stalin, Koniónkova fue indispensable a la hora de espiar el programa nuclear de Estados Unidos, el Proyecto Manhattan. "En Princeton, se acercó a los influyentes físicos Einstein y [Robert] Oppenheimer... ella convenció a Oppenheimer para que contratara a personas conocidas por sus opiniones izquierdistas. Nuestros agentes estaban listos para trabajar con ellos", escribió Sudoplátov en su libro Operaciones Especiales.

A diferencia de Oppenheimer, Einstein no participó directamente en el Proyecto Manhattan, pero los investigadores suponen que un científico con su autoridad podría aprender mucho sobre el programa nuclear de EE UU a través de aquello de sus exalumnos y colegas que trabajaban en este programa. Naturalmente, la URSS quería esta información.

Preguntas sin respuestas

Toda esta historia todavía está llena de lagunas, menciona Oleg Odnokolenko. Pero sí se saben con certeza varias cosas: justo después del final de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Guerra Fría estaba ganando fuerza, Koniónkova y su esposo Serguéi se vieron obligados a abandonar EE UU y regresar a la URSS.

Serguéi Koniónkov y Margarita Koniónkova en la URSS.

Al mismo tiempo, Koniónkova ha manejado los hilos para que Einstein conociera a Pável Mijáilov, el cónsul de la URSS que trabajaba para la GRU (Departamento Central de Inteligencia). Como destaca Odnokolenko, Einstein lo hizo por Margarita, sabiendo que su futuro en la Unión Soviética dependía de esta reunión, y se reunió con Mijáilov más de una vez.

Aunque sigue sin estar claro qué fue lo que discutieron realmente o si Einstein entregó alguna información importante o no, le escribió a su amiga rusa diciéndole que hizo todo lo que pudo. Después de que los Koniónkov regresaran a Moscú en 1946, el gobierno les cubrió todas sus necesidad, hecho que podría significar que Stalin consideró exitosa las labores desarrolladas por FkoneMargarita.

Aun así, tanto la inteligencia rusa como la estadounidense mantienen sus archivos respecto a este asunto como “clasificados”. Por lo tanto, por ahora resulta imposible averiguar qué sucedió exactamente entre Einstein y los agentes soviéticos hace más de setenta años. Lo que está claro es que  incluso las mentes más brillantes de la humanidad no son inmunes a las debilidades del corazón.

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