Estudiante de Guatemala: ‘Rusia me ayudó mucho a conocerme a mi mismo’

Archivo personal
Este joven guatemalteco llegó a Rusia hace casi 5 años, por curiosidad: quería conocer una cultura distinta y aprender otro idioma. Y ha descubierto que la primavera puede ser totalmente diferente, que descalzarse entrando en casa resulta cómodo y muchas más cosas.

Silas Sancé Cabrera (30 años), de Chiquimula, ha estudiado maestría y ha empezado el doctorado en la Universidad Estatal de Agricultura Timiriázev de Moscú. Ahora mismo ha decidido tomar una pausa en su estudios para decidir qué camino emprender en el futuro.

- ¿Por qué decidiste ir a estudiar a Rusia, tan lejos de tu patria?

- Decidí ir a Rusia porque tenía la curiosidad, quería aprender sobre este país, su cultura. En 2019 yo había terminado un pequeño curso de posgrado en República Checa y allí, en Praga, conocí a algunos chicos de Rusia y de otros países de habla rusa y en esta época me interesaba aprender idiomas. Cuando la Embajada de Rusia en Guatemala promovió becas para estudiar en Rusia me apunté. Fueron estos dos factores que determinaron que fuera a este país: aprender otro idioma y conocer otra cultura.

Además, en Guatemala estudié Ingeniería y Agronomía y tenía interés en la tecnología de alimentos, pero en mi país no tenemos un instituto de tecnología de alimentos y no hay mucha investigación en este campo. Esta fue otra razón por la que elegí este programa. 

- ¿Cuánto has tenido que pagar por tus estudios?

- Rusia paga los estudios y un 80-90% (no recuerdo bien) del alojamiento, solo hay que comprar los boletos aéreos. La universidad me dio un estipendio, que son unos 2.800 rublos (30 dólares) al mes que dan para pagar la parte del alojamiento que me correspondía. En algún momento empecé a trabajar. Y los primeros meses usé el dinero que tenía ahorrado.

Después del primer año de mi carrera vi que el Instituto Cervantes de Moscú ofrecía cursos para ser profesor de idiomas, así que decidí terminar este curso para dar clases de español. Me interesó porque soy maestro de Primaria también. Trabajé dos años como maestro en Guatemala, antes de entrar en la universidad. Cuando hice el curso del Instituto Cervantes, empecé a enseñar el español en Moscú. Con este trabajo me mantuve económicamente hasta el final de la carrera. En el último semestre trabajé en una fábrica de pan por un tema de la maestría, con Vasili que es el dueño de esta fábrica.

Creo que después de estudiar el idioma durante un año, es posible encontrar dónde trabajar algunas horas. 

- ¿Estás contento con tu experiencia profesional? ¿Qué te aportaron los estudios en Rusia?

- Abrir la mente, la visión del mundo. Ahora conozco a la gente y sus costumbres. Mi curiosidad quedó satisfecha y a nivel profesional también aprendí mucho. Lo más importante es que Rusia ha desarrollado en mi ciertas capacidades profesionales y personales. Me ayudó mucho a conocerme a mi mismo. 

- ¿Qué es lo que más te ha sorprendido en Rusia?

- Yo solo viví en Moscú y creo que no tengo una perspectiva muy amplia. Las ciudades pequeñas y los pueblos tienen costumbres más interesantes, más rusas. Moscú es una ciudad internacional, hay muchos extranjeros. Lo que más me sorprendió es que hay una cultura de comunidad muy bonita. Los rusos tienen un sentido de fraternidad entre sí bastante fuerte. Creo que en Guatemala o España tenemos menos tendencia de mantener esta comunidad. En Rusia sentía que el vínculo que tienen es más fuerte.

El metro de Moscú es impresionante, es algo extraordinario, la infraestructura que tiene Moscú es admirable, muy buena. Me gusta mucho la cantidad de museos que hay en Moscú y San Petersburgo, los parques son muy grandes y las plazas... Esta infraestructura está muy bien. Aquí en países de Latinoamérica tenemos pocos museos y teatros y muy pocas plazas. Mi padre, que conoce la historia y le gusta hablar de la Unión Soviética, siempre me preguntaba sobre los museos que vi de esta época. 

También veo que los rusos valoran mucho la cultura hispánica: hay restaurantes como Casa Agave, Pancho Villa, donde aprenden a bailar, por ejemplo. Es bastante agradable. Se ve que se interesan por nuestra cultura. 

Y, por supuesto, el frío. Es muy diferente. En Guatemala solo tenemos una estación y ustedes tienen 4. Es interesante ver el cambio, me ha gustado especialmente la primavera, es hermoso ver cómo la naturaleza florece nuevamente después del invierno. Es impresionante porque permite valorar la naturaleza. Aquí, como tenemos todo verde todo el tiempo, no prestamos la atención a esto. 

- ¿Has hecho algunos amigos?

- Con los estudiantes no me sentía aislado, hay muchos estudiantes internacionales en la universidad, pero llegan pocos de América Latina. La gran mayoría llega de Asia, África... Había unos 20 estudiantes latinoamericanos en mi universidad, pero de otros países hay muchos más.

- ¿Tienes algún amigo ruso?

- Sí, ¡Artur! Hablamos mucho, sobre todo, de los coches que le encantan. En principio, cuando no sabía nada de ruso, me ayudó mucho tenerle a él. 

- ¿Llegaste a comunicarte bien en ruso? 

- Me siento bien hablando en ruso, quizás no domino temáticas específicas como las de mi carrera, pero en términos generales hablo y entiendo bien. Los primeros dos años han sido difíciles, pero durante el tercer año desarrollé más confianza, en gran parte, porque empecé a trabajar. El trabajo es fundamental para superar la barrera del idioma. En las clases de la universidad escuchas más que hablas, y en el trabajo hay una interacción constante y sirve mucho para desarrollar el lenguaje. 

Cuando terminé la maestría decidí postularme para el doctorado, pero solo hice 1 año del doctorado, ahora estoy en Guatemala porque decidí tomar vacaciones académicas y pensar si me conviene terminar el doctorado o no. Estoy en una etapa cuando necesito dedicarme a mi trabajo, quizás debería estudiar más adelante. En junio-julio tengo que decidir si sigo o no. Me quedarían dos años para hacer la tesis. Siempre mantengo relación con la universidad. Mi tutor me dijo: “El tiempo te mostrará si debes seguir o no”. 

- Qué recomendarías a otros estudiantes que están planteando irse a estudiar a Rusia? 

- Hay que prepararse antes de ir a Rusia, tienes que conocer un poco el idioma antes de llegar para que la adaptación sea menos difícil. El idioma es la principal dificultad. Hay que prepararse para el frío en invierno, traer ropa caliente y aprender a abrigarse. 

- ¿Qué costumbres rusas te han llamado la atención?

- Un día cuando llegué a la fábrica de pan, tenía que darle alguna información a mi jefe, así que él abrió la puerta y yo le dije desde fuera lo que necesitaba decirle y le tendí la mano pero no entré. Y me dijo que no se podía hacer eso: “Entra, cerremos la puerta y ya podremos hablar”. (Se ríe). 

Quitarse los zapatos al entrar en casa, ero nuevo para mi, no lo había visto antes. Y me gusta el valor que tienen las flores en Rusia, es muy popular entregar rosas. Es algo muy bonito. 

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