Aventura sin igual: de Moscú a Vladivostok en trenes de carga y sin pagar billetes

Russia beyond; Dmitri Shilye
Dmitri Shilye, un joven artista de Moscú recorrió los 9.259 km que separan las dos ciudades en trenes de carga acompañado de una pequeña mochila y una cámara.

“En una ocasión viajé en un vagón abierto lleno de carbón bajo la fuerte lluvia. Estaba tendido directamente bajo un cable de 27.000 voltios y en grave peligro de acabar electrocutado”, cuenta Dmitri.

Afortunadamente no le pasó nada. Viajar en trenes de carga es ilegal y muy arriesgado, pero eso no disuadió a Dmitri. Él ha ido desde Moscú a Vladivostok.

El romántico viaje a lo largo del Transiberiano suele asociarse con largas charlas con los compañeros de viaje y con paisajes interminables detrás de la ventana. En el caso de Shilye se convirtió en una prueba de resistencia: comida enlatada, largos tramos en vagones abiertos bajo las inclemencias del tiempo y alerta por la policía. Todo esto, por supuesto, hizo las cosas mucho más interesantes.

Del autostop a los trenes de carga

Durante mucho tiempo a Dima (Dmitri) el Lejano Oriente ruso le pareció inaccesible, como le ocurre a muchos residentes de Rusia central. A pesar de ello él ya había hecho autostop por la parte sur y norte del país. Durante uno de estos viajes se encontró con gente que había hecho autostop hasta Vladivostok. Esto le inspiró. “Me di cuenta de que nada es imposible”, dice.

Pero estaba cansado de hacer autostop y quería algo nuevo. “Quería probarme a mí mismo. Así que se me ocurrió la idea de viajar en trenes de carga desde Moscú a Vladivostok”, recuerda.

Antes de subir a un vagón, Dima lo estudia cuidadosamente y elabora sus propias reglas de seguridad. Subraya que es un medio de transporte muy peligroso y no lo recomienda a un viajero común.

“La novela de Jack London Los vagabundos me inspiró a subirme a un tren de carga por primera vez”, dice. “Está llena de detalles sorprendentes de la vida del autor. Antes de convertirse en escritor, vagaba despreocupado por EE UU y la mayoría de las veces iba en un tren de carga. Yo también adoro los trenes y en la infancia soñaba con ser conductor de tren”.

Durante la pandemia

El gran viaje de Dima comenzó en mayo de 2020, cuando todavía estaban en vigor muchas restricciones sobre el coronavirus. La mayoría de los trenes de pasajeros habían sido cancelados y las regiones estaban en cuarentena. Pero los trenes de carga seguían operando prácticamente como antes.

Obviamente, este tipo de viaje no es legal. Una vez, en Irkutsk, Dima fue detenido por la policía después de ser visto por un trabajador del ferrocarril. Sin embargo, simplemente le pusieron una multa y lo dejaron seguir su camino.

No ha sufrido agresiones durante su viaje, en parte porque apenas tiene contacto con gente cuando viaja en trenes de carga.

“Incluso siendo introvertido como soy, estaba desesperado por contactar con alguien cuando bajaba del tren”, dice Shilye. A diferencia del autostop, en un vagón de mercancías no hay nadie con quien hablar. Y cuando no estaba en movimiento, a veces tenía que pasar días solo en una tienda de campaña, esperando a que llegara un tren de carga adecuado.

Clase económica

Según Dima a lo largo de todo el viaje que duró dos meses gastó unos 15.000 rublos (200 dólares). Pasó un mes desplazándose y el otro en pueblos y ciudades a lo largo del camino, donde vivía casi todo el tiempo en tiendas de campaña. A veces, en las grandes ciudades alquilaba una habitación en un hostal.

Al principio llevaba comida, pero luego empezó a comprarla localmente, principalmente comida preparada. Durante el viaje ganó un poco de dinero como artista independiente, vendiendo sus obras.

Dima dice que nunca se enfermó en el camino, a pesar de haber sido un niño enfermizo. Tampoco se sintió nunca solo. Afirma que el viaje le ayudó a conocer mejor Rusia y a amar más el país.

“Fue una experiencia realmente genial, pero todo tiene un límite. Es una tontería engancharse a una cosa. Lo hice para poner a prueba mi resistencia, ganar una experiencia única y escapar del estancamiento creativo. Lo logré. Ahora es el momento de seguir adelante y probar algo nuevo, como los aviones de carga”, se ríe.

Después de dos meses y medio, Dima llegó a su destino, Vladivostok, en agosto. Mientras iba en tren, dibujó muy poco, excepto las inscripciones de carbón en los vagones. Pero el reinicio creativo funcionó. Tiene en mente nuevas imágenes y formas, algunas literarias, admite.

“Creo que cada persona debería viajar a través de su país al menos una vez en la vida. Por no hablar de otros lugares alrededor de nuestro vasto globo. Ayuda a desarrollar una imagen más completa del mundo”, concluye Dima.

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