Los extraños ‘luchadores del espíritu’ rusos que sobreviven en Canadá

Violetta Kriak
Lev Tolstói se refirió a los ‘dujobores’ del sur de Rusia como ‘gente del siglo XXV’. En el siglo XXI, sin embargo, estos disidentes religiosos luchan por preservar su estilo de vida en Canadá.

“Las cosas están cambiando. Por ejemplo, la forma en que vienes a la escuela dominical es más relajada. Antes, cuando íbamos a la escuela dominical, los hombres no podían usar pantalones vaqueros y las niñas siempre tenían que usar falda. Había una manera de hacer las cosas. Esta tradición podía quedarse en el camino”, afirma Tasha Kanigan, de 28 años, criada como dujobori y que tiene sus propios hijos.

“Me gustan esas costumbres. No solo los valores hacen que uno sea un dujobori”, añade Tasha, una de las muchas jóvenes que comparten esos sentimientos.

Más de cien años después de llegar aquí, sus asentamientos siguen recordando a las aldeas rusas. Es obvio que recuerdan su origen y que están dispuestos a guardar las tradiciones. Castlegar, es un pueblo remoto en la provincia de Columbia Británica, y es aquí donde vive la mayoría de los  dujobores actualmente. Lo cierto es que resulta fácil ver caras rusas entre la multitud.

Tolstói era un amigo

La casa de John Veriguin, el actual líder de los ´dujobores´

Los dujobores aparecieron en Rusia a principios de 1700. Su nombre se traduce como “luchadores espirituales”. Se enfrentaron a la persecución del gobierno zarista debido a su rechazo de la ortodoxia rusa, el clero y determinados rituales e iconos. Según sus creencias, la Biblia es la manifestación suprema de la voluntad de Dios, algo muy similar a lo que piensan los protestantes en Europa.

Su pacifismo y la negativa a unirse a las Fuerzas Armadas fueron otras de las razones por las que se enfrentaron al Estado. Finalmente, fueron expulsados de Rusia a finales del siglo XIX. Lev Tolstói les ayudó a emigrar al oeste de Canadá, donde siguen siendo conocidos por su pacifismo, así como por su canto a capella y por su forma de vida comunitaria.

Todos los domingos se reúnen para orar en la casa de su comunidad o en el césped que hay fuera. Las mujeres se colocan a un lado con la cabeza cubierta y los hombres, en el otro, visten kosovorotki, una camisa tradicional de cáñamo y cosida a mano. Hay una mesa con pan, sal y agua. Símbolos que para los dujobores aluden al trabajo y a una vida pacífica.

Después de cantar salmos en ruso, cada uno se inclina ante la persona que está a su lado, reconociendo el espíritu de Dios, que según sus creencias está en el corazón y el alma de cada ser humano.

“Nunca querría nada más ni para mis hijos y ni para mis nietos. Quiero esto para ellos, y trato de tenerlo”, dice Kanigan.

¿‘Dujobores’ en línea?

Ariana Ogloff durante una oración

Actualmente cada vez hay menos jóvenes dispuestos a continuar con sus tradiciones y con la forma de vida que llevaron sus antepasados. Muchos ancianos sienten que cuando ellos mueran, no quedará nadie que tome el testigo.

“En el último año, más o menos, todos han tenido mucho miedo. Se han dado cuenta de que, de repente, no quedamos muchos”, declara Fred Makórtov, coordinador del Consejo de Dujobores en Canadá.

Esto ha hecho que los líderes de la comunidad y los jóvenes se pongan a buscar maneras de frenar lo que parece inevitable. Hablan de buscar formas de que la comunidad avance económicamente y de crear una plataforma online para unir a los dujobores dispersos por todo el país.

Mujeres durante una oración

Shane Whittleton tiene 26 años y es uno de los pocos jóvenes que está tratando de salvar esta cultura de la extinción. Afirma que la comunidad carece de un proyecto común que impulse a sus miembros. También constata que no hay razones para permanecer unidos.

“Siempre ha habido un objetivo común que facilitaba mucho la vida comunitaria”, explica Whittleton, refiriéndose a la Brilliant Jam Factory a principios del siglo XX, donde trabajaban la mayoría de los dujobores locales.

“Si no encontramos una fuente de ingresos, o si no encontramos un proyecto... Temo que nuestros números disminuirán drásticamente”.

En América Latina también hay antiguas comunidades rusas, descúbrelas aquí

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