El sector agrícola ruso se abre a los inversores extranjeros

El veto a la importación de alimentos procedentes de occidente abre nuevas oportunidades de negocio. Fuente: servicio de prensa

El veto a la importación de alimentos procedentes de occidente abre nuevas oportunidades de negocio. Fuente: servicio de prensa

Ya lo dice el refrán: “Cuando una puerta se cierra, otra se abre”. Las sanciones impiden la importación de productos agrícolas procedentes de los países vetados, sin embargo, las inversiones de estos países no han sido bloqueadas, lo que ofrece a los agricultores europeos la posibilidad de sustituir las exportaciones por la implantación de su centro productivo en Rusia.

En los años 90 la producción en Rusia sufrió una drástica caída que afectó a todos los sectores. En el sector agrícola la recesión supuso reducir a un tercio la producción. A esto hay que sumar que la recuperación se dificulta debido al envejecimiento de la infraestructura agrícola: 70% de los medios productivos están obsoletos.

Ya en la fase previa a la adhesión a la OMC, que tras 18 años de negociaciones culminó en 2012, el Gobierno ruso tenía entre sus prioridades la modernización de la industria agrícola. En el contexto actual, de sanciones y devaluación del rublo, se ha convertido en algo más apremiante.

En algunas regiones como, por ejemplo, Kaluga se ha desarrollado un plan específico de fomento de las inversiones extranjeras para la modernización del sector agrícola.

La participación extranjera no solamente aporta capital, sino también tecnología punta y saber-hacer, lo que constituye el principal valor añadido para el sector agrícola ruso.

A su vez, resulta también ventajoso para los inversores extranjeros: Rusia posee tierras fértiles de alta calidad, una gran parte de las cuales están desaprovechadas (por ejemplo, en la región de Saratov, la superficie de las tierras en desuso asciende a 500.000 hectáreas), lo que repercute positivamente en el precio de su arrendamiento o adquisición (10-15 veces por debajo de la media europea).

Lo cierto es que cada vez más productores agrícolas extranjeros se instalan en Rusia, entre ellos, la compañía china Hunvey, que opera en la región de Nóvgorod, la empresa coreana HyundaiKhorolAgro, los suecos BlackEaerthFarming y AlpcotAgro, los fineses Trigon Agri y los checos AgroPro. No son los únicos países presentes en el sector agrícola ruso, también hay empresas italianas, francesas y alemanas.

Momento clave para los inversores españoles

Los productores españoles tradicionalmente optaban por la exportación. Esto puede cambiar, puesto que el país es uno de los países más castigados  por el veto ruso sobre las importaciones de productos agroalimentarios: el 20% de las exportaciones españolas a Rusia en 2013 fueron alimentarias.

Actualmente las importaciones en el sector agrícola representan un 64%, mientras que la producción nacional es de un 36 %. Para el año 2020 el Gobierno ruso estima cambiar esa proporción, reduciendo las importaciones al 20%.

En palabras del abogado español Ferrán González i Martínez, es un momento clave para que las empresas españolas den el paso a la internacionalización, mediante establecimiento en Rusia.

Considera que sería capital para franquear el bloqueo ruso y, a su vez, diversificar riesgos. Añade que, desgraciadamente, al agricultor español no le quedan muchas alternativas, debido a que el apoyo gubernamental no es suficiente.

Mientras, el Gobierno ruso realiza de forma activa una política de desarrollo y modernización del sector agrícola, no solamente a nivel federal, sino también autonómico.

Una de las líneas de actuación está orientada al desarrollo del cultivo en invernaderos. Así, a finales de este año sólo en la región de Bélgorod se espera la puesta en marcha de más de 50 hectáreas de superficie de invernaderos (actualmente, los complejos de invernaderos ocupan más de 44 hectáreas).

Según el ranking realizado por el centro analítico del banco “MSP Banc”, que mide las condiciones para la actividad de pequeña y mediana empresa, la región de Bélgorod ostenta la calificación A. Esta región quiere convertirse en la capital rusa de cultivo invernadero y para ello lanza un proyecto de colaboración público-privada, “Cluster de cultivo invernadero”, ofreciendo diversos incentivos a los inversores, tales como ventajas fiscales (impuesto de sociedades del 13,5 % frente al 18% del tipo general; devolución de hasta 20% de la inversión realizada en obras fijas), subsidios para el pago de los intereses generados por los créditos bancarios, así como inclusión en distintos programas de fomento a nivel autonómico y federal.

En opinión del abogado ruso Mijaíl Bazhínov, socio director del despacho “Bazhinov & partners”, la principal ventaja para el inversor radica en que la infraestructura necesaria para la realización del proyecto (carreteras, suministros, etc) se realiza a cargo del presupuesto autonómico/municipal de la región, suponiendo un gran ahorro para el empresario.

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