El negocio de los campamentos de verano en Rusia

En Rusia se ha disparado la demanda de las vacaciones infantiles y este mercado ya cuenta con grandes inversores dispuestos a invertir 100 millones de dólares en cada proyecto. Cada vez hay más campamentos están destinados a niños de distintos países.

 

Artek, el primer campamento juvenil de Rusia. Fuente: Petrusov / Ria Novosti

Los campamentos infantiles aparecieron durante la época de la URSS para que los niños pasaran el tiempo de las vacaciones escolares de forma organizada. Los primeros campamentos aparecieron durante los años 20 por iniciativa de la subdivisión rusa de la Cruz Roja.

En 2013 más de 45.000 campamentos de Rusia acogieron a 5.208.000 niños. Según promete la vice primera ministra Olga Golodets, en 2014 los campamentos y resorts acogerán a 8,5 millones de niños, que podrán escoger entre 53.000 instituciones. En total, en 2013 el número total de niños de 6 a 15 años en Rusia ascendía a unos 14 millones, es decir, que alrededor de la mitad de los niños en edad escolar pasa sus vacaciones en campamentos de verano.

Según este programa, los niños salían de la ciudad para ir a un campamento durante la temporada de verano. A menudo los pioneros (niños que participaban en asociaciones infantiles durante la época comunista) ayudaban a los campesinos y contribuían a la educación de los niños de las zonas rurales.

El primer campamento y el más conocido de ellos fue el campamento Artek, abierto en 1925 en Crimea. A este campamento acudían también niños de otros países. A finales de los años 80 en la URSS había unos 40.000 campamentos infantiles en los que pasaban las vacaciones hasta 10 millones de niños cada año. Contaban con fábricas y empresas, aunque en los años 90 la mayoría de estas empresas acabó al borde de la bancarrota y los campamentos se cerraron.

La idea de crear nuevos campamentos ha sido recuperada en Rusia recientemente, aunque a otro nivel. En julio de 2014, en el pueblo de Borodinó (lugar de la batalla contra Napoleón), cerca de Moscú, abrirá sus puertas el campamento infantil artístico “Seló”: el campamento ha recibido 3.000 solicitudes de matrícula durante los pocos días que lleva abierto el plazo de inscripción.

La originalidad del proyecto reside en el hecho de que sus creadores son importantes figuras del ámbito social, bloggers y periodistas, entre ellos se encuentra el antiguo redactor jefe de la versión rusa de la revista Esquire, Filipp Bajtín.

Cada día del campamento se dedica a una modalidad artística: cine, música, pintura, etc, y el cocinero del campamento será Anatoli Komm, el único restaurador ruso que cuenta con una estrella Michelin.

El coste de un viaje de dos semanas a este campamento infantil cuesta 37.000 rublos (alrededor de 1.000 dólares). La financiación de este proyecto proviene de un grupo de inversores que planea abrir hasta 25 campamentos similares en toda Rusia antes de 2018. En cada campamento se planea invertir 3.700 millones de rublos (unos 100 millones de dólares), de los cuales la mayor parte procederá de créditos.

Según Finam, el número de campamentos infantiles en Rusia aumentará en un 10-15% al año. Ya existe incluso un buscador especial de programas infantiles de verano parecido a Booking.com y que se llama incamp

El proyecto reúne información sobre 800 programas distintos y ayuda a buscar viajes según criterios como el precio, la edad, la categoría y la temática. Los campamentos temáticos son una tendencia en el mercado del turismo infantil.

Desde 1990 en distintos lugares de la parte europea de Rusia existe la Escuela Ecológica de Verano para niños de 10 a 13 años, y en Carelia, en la costa del mar Blanco, existe un campamento dedicado al estudio de la naturaleza de las zonas septentrionales del planeta. El coste de este viaje de dos semanas es de 1.200 dólares. Además, en el pintoresco lago Seliguer de la región de Tver (a unas cuatro horas en coche desde Moscú) existe un campamento para bailarines. 

Elatractivocomún

Según el analista júnior de Investkafé Román Grinchenko, para los inversores este negocio posee un alto potencial de crecimiento en términos monetarios, ya que en la actualidad este tipo de proyectos no tiene competencia. Además, pueden estar destinados también a niños de otros países.

“Considerando el hecho de que en estos momentos el número de clientes extranjeros es mínimo, en el caso de que este tipo de negocio logre dar buenos resultados cabe esperar la aparición de proyectos para niños de otros países”, señala Grinchenko.

En la actualidad, los campamentos cuentan con algunos profesores y educadores extranjeros. En particular, el campamento infantil In Orange, situado cerca de San Petersburgo, ofrece trabajo a profesores de lengua inglesa. Según comentan los creadores del campamento, el sueldo no es muy alto (apenas unos 700 dólares por dos semanas) pero la organización paga aparte la residencia y la alimentación.

Uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de los campamentos en Rusia es legislación, según opina Galina Dejtiar, profesora de la facultad de Economía de los Bienes Inmuebles de la Academia Rusa de Economía Nacional y Administración Pública. En particular, la ley establece el número de educadores que debe haber en un campamento, dónde puede estar situado e incluso del tipo de contrato de arrendamiento que debe tener.

A pesar de esto, según el analista de Finam Management Maksim Kliaguin, el interés de los inversores por este sector ha crecido notablemente durante los últimos años. “Un nuevo factor de atractivo será ante todo la aparición de una demanda constante por parte de los consumidores. El precio relativamente bajo, junto con la calidad de los campamentos y la existencia de un servicio adicional destinado precisamente al público infantil añaden atractivo a estos viajes”, comenta el experto. Según este, en el mercado existen también proyectos destinados a hijos de extranjeros centrados en su adaptación y en el estudio de la lengua rusa y la cultura nacional.

El principal motor de crecimiento en este mercado debe ser el deseo de los padres de invertir dinero en sus hijos. Según la Asociación de Empresas de la Industria de Productos Infantiles, el volumen de consumo de productos infantiles en Rusia por niño asciende a 1.000 dólares, mientras que en Estados Unidos este indicador ronda los 2.000 dólares. No obstante, esta gran diferencia se va reduciendo rápidamente.