Un 'tren atómico' para el 2020

Fuente: TASS / Aleksandr Babenko

Fuente: TASS / Aleksandr Babenko

En Rusia siguen los trabajos de desarrollo de una nueva versión del complejo especial de misiles nucleares transportado por ferrocarril (BZhRK por sus siglas en ruso). Así lo han publicado al mismo tiempo varios medios de comunicación rusos remitiéndose a una fuente en el Ministerio de Defensa. Diferentes expertos consideran que el "tren atómico" podría comenzar a funcionar para 2020.

A comienzos de octubre el canal de televisión Zvezdá, que pertenece al grupo mediático del Ministerio de Defensa ruso, comunicó que uno de los Institutos científicos que trabaja para las RSVN (Tropas de misiles de designación estratégica por sus siglas en ruso) había completado con éxito una nueva etapa en el trabajo de desarrollo del BZhRK. Este complejo está pensado como una respuesta a la construcción por parte de los EE UU del escudo antimisiles en Europa.

En la URSS en el momento de la firma del Tratado START-II había 12 complejos Mólodets, cada uno de los cuales portaba tres Skalpel de tres fases de combustible sólido. El complejo poseía un refuerzo aumentado para explosiones nucleares y era capaz de reiniciar la información de forma autónoma en su 'cerebro electrónico.

Como señala el redactor jefe de la revista Natsionálnaia oborona (Defensa nacional) Ígor Korotchenko, el BZhRK debería entrar en las tropas de designación estratégica de Rusia para 2020, ya que será precisamente entre 2018-2020 cuando el escudo antimisiles europeo incorpore los antimisiles SM-3 y tenga capacidad para interceptar los misiles intercontinentales rusos.

Es probable que la aparición en los ferrocarriles rusos cargados con este complejo armamentístico sea una de las medidas que el Ejército ruso esté preparando en caso de que no se consiga convencer a la parte estadounidense de renunciar a sus planes. Más aún cuando el nuevo tratado START III, que entró en vigor en 2011 ya no establece, a diferencia de sus predecesores, ninguna limitación a Rusia en este sentido.

La ventaja del estos sistemas móvile sobre los de misiles de tierra, que están limitados a un radio alrededor de su base, es la capacidad de esconder la plataforma de lanzamiento entre una inmensa cantidad de trenes que recorren los 85.000 km de vías férreas.

Yuri Grigoriev, doctor en tecnología, señala que el estos trenes están mucho mejor protegidos en caso de un ataque nuclear del enemigo que los complejos móviles de tierra que pueden convertirse en un "objetivo indefenso y no sobrevivir a un ataque".

Grigoriev indica también el potencial peligro de este tipo de trenes en tiempos de paz: "Un ataque terrorista a uno de estos trenes con misiles que tuviera cabezas nucleares, o incluso un simple accidente, podría tener imprevisibles y trágicas consecuencias".

El primero en hablar de los planes para desarrollar una nueva versión del  que sustituyera a los complejos Mólodets que fueron retirados tras la firma del tratado START III en 1993, fue el viceministro de Defensa Yuri Borisov en la primavera de 2013, cuando comentó el inicio de los trabajos de investigación en esta dirección.

El Ejército, en boca del comandante de los RVSN, Serguéi Karakaieva, declaró finales de 2013 sobre este asunto que “los diseños estarían listos para mediados de 2014”. Todo parece indicar que Zvezdá se refiere por lo tanto a la finalización de esta etapa de los trabajos.

Proyecto secreto

Se sabe muy poco sobre el nuevo complejo, ya que está considerado como un secreto de Estado. Lo que sí se puede decir con seguridad es que se utilizará sin duda la experiencia en la construcción del Mólodets, aunque se diferenciará claramente de su predecesor. Ante todo en los misiles.  Los RT-23UTTJ, "Scalpel" en la denominación de la OTAN, se desarrollaron en el distrito militar del Sur, que se quedó en Ucrania. Depende directamente del misil no solo el aspecto exterior del complejo sino su camuflaje en las vías férreas y por lo tanto su efectividad.

La empresa que ha desarrollado los misiles para los complejos Bulavá y Yars, el Instituto de Termotecnia de Moscú, es la principal empresa de este nuevo complejo.

Lo más probable es que se elija el camino de la unificación, algo que tiene tanto una justificación técnica como económica, para lo que se adaptarán los complejos a los misiles desarrollados por el instituto moscovita.

Esto significa que los vagones también tendrán una configuración completamente distinta y el tren en sí no será distinguible del resto de vagones de refrigeración, que viajen por ejemplo por las líneas férreas del Transiberiano.

Ponerle ruedas al Bulavá

El RT-23UTTJ destacaba por sus gigantescas proporciones, su peso de lanzamiento era de más de 104 toneladas, mientras que el peso que aguantaba un vagón refrigerador estándar soviético BMZ (RS-5) era de unas 47 toneladas.

La suspensión de estos vagones fue reforzada y hubo que reforzar también las vías por las que transitaba el Mólodets, no podía pasar por muchos de los puentes y se delataba entre otros convoyes por las tres locomotoras que eran necesarias para tirar de los 17 vagones, incluidas las nueve plataformas sobre las que se desplegaban las tres lanzaderas de misiles.

Además, la longitud del RT-23 UTTJ en el contenedor de transporte y lanzamiento era de más de 22 metros, lo que superaba la longitud estándar de un vagón refrigerador y hasta de los ejes de enganche lo que también delataba al complejo.

Si se tomara como medida para los nuevos complejos los Bulavá o los Yars se solucionaría el problema del peso y las dimensiones. El peso del Bulavá es de alrededor de 38 toneladas y el RS-24 Yars es de alrededor de las 49, lo que, como hemos visto, coincide completamente con la carga que aguanta un vagón estándar. El diámetro de estos misiles es como mínimo de 40 cm menos y la longitud por ejemplo del Bulavá es de tan solo 12 metros. 

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