Filmes latinoamericanos rumbo a Moscú

Román Kiselev
Desde el 26 hasta el 30 de noviembre se celebró el Festival Internacional de cine de América Latina, Latinofiesta, en las salas moscovitas Cosmos y Spútnik. RBTH explica qué películas y cortometrajes latinoamericanos se proyectaron en la capital rusa.

Este año el Festival conmemoraba varias fechas relevantes, como el 130º aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas con Argentina, 125º con México, el 80º con Colombia, el 70º con Bolivia y Guatemala. La programación incluyó películas provenientes de Argentina, Bolivia, Guatemala, Colombia, México, Paraguay, Perú y Chile. A través de las imágenes, los espectadores tuvieron la oportunidad de familiarizarse con la vida en América Latina y comprender mejor la mentalidad de sus pueblos.  Todas las proyecciones se realizaron en la versión original, con subtítulos en ruso.

Ciclo de Cortometrajes

Comedia argentina No me ama (de Martín Piroyansky)

La sexta edición del Festival se inauguró con una selección de cortometrajes de diversos géneros. La lista de participantes cuenta con Cuando sea grande(de Jayro Bustamante), un drama psicológico sobre la complicada relación entre dos niñas guatemaltecas, la comedia argentina No me ama (de Marín Piroyansky) sobre una pareja joven que va de sus vacaciones a Uruguay, el premiado La leche y el agua (de Celso García) que, de manera mágica, presenta el triste destino de una anciana mexicana, una cinta colombiana denominada Leidi (de Simón Mesa Soto) que en 2014 recibió la Palma de Oro en el Festival de Cannes al mejor cortometraje, la peruana Pescadora (de Daniel Enrique García) que cuenta cómo una joven alcanza el sueño de su vida y la musicalizada animación chilena Historia de un oso (de Gabriel Osorio).

La leche y el agua

Los viajes del viento

Ambientada en el año 1968, la película de Ciro Guerra trata de Ignacio Carrillo, un reflexivo juglar que toma la decisión de no tocar más y devolver el acordeón a su maestro. En el camino le acompaña Fermín, un talentoso joven que sueña con seguir los pasos de Carrillo y convertirse en músico. Juntos emprenden un viaje por los hermosos valles y montañas, desiertos y pantanos del norte colombiano, participan en duelos musicales y heroicamente superan varios retos que se les van planteando. Esta road movie está llena de la música y despierta en los espectadores emociones tanto alegres como tristes. La película ha ganado premios regionales e internacionales y participó en el festival de Cannes.

7 cajas

Esa película de suspense, dirigida por Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, trata la historia de Víctor, joven de 17 años que por 100 dólares deja su trabajo en el Mercado 4 de Asunción y acepta la propuesta de entregar siete cajas del contenido desconocido a un lugar. Así empieza una peligrosa aventura en la cual el joven se ve envuelto en actividades criminales. El director logra retratar con gran precisión la compleja realidad de los alrededores de la capital paraguaya y tocar el tema del lado oscuro de la globalización en el mundo actual.

Tambíen se prestó la atención especial a la obra documental que rinde homenaje a la antigua cultura guaraní:

Yvy Maraey: Tierra sin Mal

Es la cuarta película del director Juan Carlos Valdivia, uno de los más famosos y prolíficos directores del cine boliviano. Se presenta la historia de un cineasta que viaja desde La Paz hasta los bosques del sureste de Bolivia, buscando rodar un largometraje sobre el mundo guaraní y su tierra sin mal. Para conseguirlo, el protagonista contrata a un guía guaraní, con el que comparte ironías, conflictos y descubrimientos. Con gran habilidad, Valdivia aborda temas de la identidad, las relaciones interculturales y el conocimiento de uno mismo.

Walter Arancibia (a la izda) junto a Alekséi Chernishov, organizador del FestivalWalter Arancibia (a la izquierda) junto a Alexey Chernyshov (centro), organizador del Festival. Foto: Román Kiselev

Walter Arancibia, presidente de la Asociacion de Bolivianos en la Federación de Rusia, explicó a RBTH: Yvy maraey – Tierra sin mal de Juan Carlos Valdivia, es una muestra de la realidad que en la que se encuentran los pueblos originarios dentro de la sociedad boliviana; así como sobre la identidad y las relaciones interculturales que provoca una reflexión sobre la otredad. Además, no quiero dejar de mencionar los méritos que recibió esta obra cinematográfica. Fue la Mejor película del Festival de Cine Internacional de Canadá 2014, al Mejor sonido del Festival de Cine de La Habana 2013, Nominada a la mejor película del Festival de Cine de Mar del Plata 2013, entre otros”.

Víctor Jacinto FlechaVíctor Jacinto Flecha. Foto: Román Kiselev

El escritor  y vicepresidente de la Fundación Augusto Roa Bastos, Víctor Jacinto Flecha, compartió con RBTH unos hechos sobre la cultura de los ayoreos-guaraní: “Es una civilización que históricamente se ha extendido por la zona selvática desde el Caribe hasta cerca de lo que es hoy el Uruguay. Los guaraníes habitantes de Bolivia son producto de una migración o expansión de los guaraníes hacia las estribaciones de las cordilleras de los Andes, ya antes de la llegada de los españoles a América. El título hace mención de una de las costumbres ancestrales de los guaraníes, la búsqueda de la tierra sin mal. Centenares de hombres y mujeres iniciaban un viaje en permanente movimiento de danzas y oraciones por largos caminos selváticos, cruzando ríos, lagos y lagunas en un camino sin fin buscando la liviandad necesaria como para transportarse mágicamente a ese sueño de la tierra sin mal, cuyo lugar de existencia no estaba definido”.

Representante de la Embajada de Guatemala. Foto: Rpmán KiselevDoris Quezada, representante de la Embajada de Guatemala (a la izquierda). Foto: Román Kiselev

“Algunos pensaban que se hallaba más allá del mar, otros en una isla, con una imagen de lugar paradisíaco en que todo lo que se cultivaba brotaba fácilmente, otros sencillamente creían que nadie trabajaría porque todo se daría de manera natural, sin necesidad de ningún sacrificio. La verdad nada se sabía con exactitud pero seguían danzando y danzando, esperando llegar a ese maravilloso lugar”.

El festival estuvo organizadopor el centro cultural Latinofiesta con el apoyo del Instituto Cervantes de Moscú.

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